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lunes, 24 de octubre de 2011

Con el 1% del rescate bancario global se hubiera terminado con el hambre en el mundo.



Por David Fernández.


Hoy, como cada día, morirán de hambre 24.000 personas en un mundo donde 3.500 millones de personas, la mitad de la humanidad, sobreviven en la pobreza.


Cuesta dos días y cinco reuniones decidir una nueva guerra en Libia, pero está costando varias décadas el asumir una cifra que está fijada desde hace mucho como objetivo: 50.000 millones de dólares. La cifra que el PNUD (Programa de las Naciones para el Desarrollo) estableció como necesaria para erradicar el hambre en el mundo.



50.000 millones de dólares que tan sólo representan el 1,08% de lo que los estados han invertido en el rescate bancario des de 2007: 4,6 billones de dólares. 92 veces más de lo que hace falta para erradicar el hambre en el mundo.
Acostumbrados a hablar siempre de extrema pobreza, la extrema riqueza también tiene una contabilidad más que elocuente: el 0,9% de la humanidad ostenta el 39% de la riqueza mundial.


El 1,3% de sus ingresos serviría per erradicar, nuevamente, el hambre en el mundo. Idéntica comparación merece el gasto militar mundial, situado en récords históricos de 1,6 billones de euros: Sólo el 4% sería suficiente para poner fin al hambre en el mundo.


Sólo durante el 2009, el número de personas multimillonarias pasó de 793 a 1.011, mientras su fortuna total pasaba de 2,4 a 3,6 billones de dólares.


De hecho, según datos de 2004, la riqueza de las tres fortunas individuales más grandes del planeta equivalían al PIB de los 48 estados más pobres del mundo.


Y es que el 1% de la población mundial tiene una renta anual equiparable al 57% de la humanidad. La desigualdad se reproduce en el abismo de la brecha Norte-Sur, entre los países enriquecidos y empobrecidos por el capitalismo. El 20% más rico del planeta absorbe hoy el 83% del PIB mundial. El 20% más pobre tan sólo tiene el 1%.


Fuente/Libre red

domingo, 21 de agosto de 2011

Menos tierra, más hambre. Por Esther Vivas


Esther Vivas | ARA
El drama del hambre toma de nuevo actualidad a raíz de la emergencia alimentaria en el Cuerno de África, pero las hambrunas son una realidad cotidiana silenciada. En todo el mundo, más de mil millones de personas, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), tienen dificultades para acceder a los alimentos. Una hambruna que tiene causas y responsabilidad políticas.
África es una tierra expoliada. Sus recursos naturales han sido arrebatados a sus comunidades a lo largo de siglos de dominio y colonización. Aunque no sólo se trata del expolio de oro, petróleo, coltán, caucho, diamantes… sino, también, de agua, tierras, semillas que dan de comer a sus habitantes. Si el 80% de la población en el Cuerno de África, como indica la FAO, depende de la agricultura como principal fuente de alimentos e ingresos, ¿qué hacer cuando no hay tierra que cultivar?
En los últimos años, la oleada creciente de privatizaciones de tierras en África  (su compra por parte de gobiernos extranjeros, multinacionales agroalimentarias o fondos de inversión) ha hecho aún más vulnerable su precario sistema agrícola y alimentario. Con campesinos y campesinas expulsados de sus tierras, ¿dónde cultivar aquello que comer? Muchos países, consecuentemente, han visto reducir drásticamente su ya limitada capacidad de auto-abastecimiento, después de décadas de políticas de liberalización comercial que han menguado su capacidad productiva.
La crisis alimentaria y financiera, que estalló en 2008, dio lugar, como ha documentado ampliamente la organización internacional GRAIN, a un nuevo ciclo de apropiación de tierras a escala global. Gobiernos de países dependientes de la importación de alimentos, con el objetivo de asegurar la producción de comida para su población más allá de sus fronteras, y agroindustria e inversionistas, ávidos de nuevas y rentables inversiones, vienen adquiriendo desde entonces fértiles tierras en países del Sur. Una dinámica que amenaza la agricultura campesina y la seguridad alimentaria de estos países.
Se calcula que desde el año 2008, se han adquirido por esta vía alrededor de 56 millones de hectáreas de tierra a escala global, según datos del Banco Mundial, la mayor parte, más de 30 millones, en África, donde la tierra es barata y su propiedad comunal la hace más vulnerable. Otras fuentes, como el Global Land Project, hablan de entre 51 y 63 millones de hectáreas sólo en África, una extensión similar a la de Francia. Se trata de arrendamientos, concesiones o compra de tierras, las formas de transacción pueden ser múltiples y a menudo opacas, en una dinámica que algunos autores han calificado de “nuevo colonialismo” o “colonialismo agrario”, al tratarse de una recolonización indirecta de los recursos africanos.
El Banco Mundial ha sido uno de sus principales promotores desarrollando, junto a otras instituciones internacionales como la FAO, la Agencia para el Comercio y el Desarrollo de Naciones Unidas (UNCTAD) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), lo que se ha venido a llamar “Principios para una Inversión Agrícola Responsable”, que legitiman la apropiación de tierras por parte de inversores extranjeros. A través de la International Finance Corporation (IFC), la institución afiliada al Banco Mundial que se ocupa del sector privado, éste ha promovido programas para eliminar barreras administrativas, cambiar leyes y regímenes fiscales en países del Sur e incentivar así las inversiones.
Etiopía, uno de los países afectados por la actual hambruna, ha ofrecido tres millones de hectáreas de tierra cultivable a inversores extranjeros de India, China, Pakistán, Arabia Saudita, entre otros. El negocio no podría ser mejor: 2.500 km2 de tierra virgen productiva a 700 euros al mes, con un contrato a cincuenta años. Éste es, por ejemplo, el acuerdo alcanzado entre el gobierno etíope y la empresa india Karuturi Global, una de las 25 mayores agroindustrias mundiales, que dedicará estas tierras al cultivo de aceite de palma, arroz, azúcar de caña, maíz y algodón para la exportación. Las consecuencias: miles de campesinos y pueblos indígenas expulsados de sus tierras, precisamente aquellos que más padecen el hambre y la falta de alimentos, así como vastas extensiones de bosques talados y quemados.
Otros países de África como Mozambique, Ghana, Sudán, Malí, Tanzania, Kenia han arrendado millones de hectáreas de su territorio. En Tanzania, el gobierno de Arabia Saudita ha adquirido 500.000 hectáreas de tierra para producir arroz y trigo para la exportación. En el Congo, un 48% de su territorio agrícola está en manos de inversionistas extranjeros. En Mozambique, más de diez millones de tierras arrendadas.
La conferencia académica Global Land Grabbing, que tuvo lugar en Gran Bretaña en abril de 2011, señaló el impacto negativo de dichas adquisiciones. Más de un centenar de estudios de casos documentados mostraban como estas inversiones no tenían ningún efecto positivo para las comunidades locales, al contrario generaban desplazamientos y mayor pobreza.
Desde hace años, el movimiento internacional de La Vía Campesina viene denunciando el impacto dramático que esta oleada masiva de acaparamiento de tierras tiene en las poblaciones de los países del Sur. Si queremos acabar con el hambre en el mundo es fundamental garantizar el acceso universal a la tierra, así como al agua y a las semillas, y prohibir especular y hacer negocio con aquello que nos alimenta y nos da de comer.
*Esther Vivas es autora “Del campo al plato. Los circuitos de producción y distribución de alimentos”.
*Artículo publicado en el periódico ARA, 04/08/2011.

miércoles, 19 de enero de 2011

DOCUMENTAL : Nosotros alimentamos al mundo


El Documental habla sobre los alimentos y la globalización, sobre los pescadores y los agricultores, sobre los camioneros de larga distancia y los ejecutivos de grandes compañías, sobre la circulación de los alimentos. Es una película sobre la escasez dentro de la gran abundancia. 
El documental nos Ofrece una visión del proceso de producción de nuestra comida a la vez que responde a la pregunta de qué tiene que ver con todos nosotros el hambre en el mundo. (FILMAFFINITY)


http://www.karmafilms.es/nosotrosalimentamosalmundo/default.html