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viernes, 4 de abril de 2014

Ucrania, el bastión de Eurasia ante la OTAN

Alainet

Desde la Guerra de los Siete Años (1756 – 1763) el Imperio Británico expandió sin rivales su control político y su comercio por todos los rincones del mundo. Por esa época sucedió en Europa la revolución técnica que creó la base para la revolución industrial. Comenzó también la prédica de la economía liberal, de la apertura de mercados, del intercambio imperial de productos elaborados contra materias primas. Es cuando comienza el Gran Juego, el asedio británico a la masa Euro-Asiática donde avanzaba Rusia hacia la India, China y Japón. Cien años después, el control financiero británico de las antiguas colonia españolas y la repartición de África, esbozan el prototipo anglo-sajón de globalización. Su freno era la alianza entre el Imperio Ruso y el recién reconstruido Imperio Alemán.

La primera fase técnica de la globalización neoliberal fue el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Poco antes (1913) las elites financieras anglo-americanas habían creado la Reserva Federal, que sería la fuente de recursos financieros que hizo de Estados Unidos el acreedor de todos los beligerantes al final de esa terrible e innecesaria guerra. La primera post-guerra desplazó el centro de gravedad financiero de la City de Londres a Wall Street de New York. Fue un cambio geográfico, porque los grupos financieros anglo-sajones ya estaban ligados.

La crisis que comenzó en 1929 y que duró hasta la Segunda Guerra Mundial fue la primera prueba de los efectos de unas finanzas globalizadas con mercados abiertos. Como ahora, unos pocos se hicieron más ricos y muchos se arruinaron. En 1941, la política de mercados abiertos se fijó en la Carta Atlántica de 1941, la declaración conjunta anglo-americana sobre las políticas económicas internacionales para después de la guerra; debemos señalar que fue hecha antes de que EE UU fuese beligerante.

La victoria aliada trajo el pago eterno de las deudas de guerra, el plan Marshall, el Banco Mundial, el FMI y el dólar como moneda de referencia; todo eso entregó a los bancos de Wall Street la mitad de la economía mundial. Con la industria euro-asiática destruida, EE UU quedó como la única potencia industrial y también exportadora de materias primas. EE UU ayudó la recuperación, pero a cambio de apertura a sus empresas, que cubrieron con sucursales el mundo ajeno a la esfera soviética. La segunda fase hacia un mundo anglo-americano replicaba en Eurasia el anterior Gran Juego británico; pero en 1948 perdieron China, el premio ganado con la guerras del opio (1839 -1860).

En Eurasia hay dos grandes potencias: Rusia y China. La India pudiera serlo, pero es una obra británica, hecha con partes dispares que dificultan la toma de decisiones. Eurasia tiene los recursos humanos y físicos para ser el eje de la economía y la política internacional; el papel que, separados, ejercieron por milenios su extremo europeo y su extremo chino. Eso es justo lo que la política exterior angloamericana trata de impedir. Es la razón para la ocupación financiera y militar de Europa y erosionar su cultura; la razón para promover gobiernos corruptos y fomentar guerras y revueltas civiles que impidan la proyección euroasiática.

El Gran Juego sigue. Una parte esencial es impedir la proyección marítima de China en el Mar de China y de Rusia hacia el Mar Mediterráneo. Otro factor en esa estrategia es el control de la energía y el modo más económico es controlar su transporte. Estos elementos muestran la importancia de Ucrania como corredor del gas ruso hacia Europa y hacia la Crimea, la base de la flota rusa del Mar Negro. De allí el golpe de Estado euro americano en Kiev.

Ucrania y su papel energético


Europa depende de Rusia en cerca del 40% del gas que importa y la mayoría es transportado a través de Ucrania. Ese gas es transportado por gasoductos que pertenecen a Gazprom pero eso pudiera cambiar. Chevron firmó, en noviembre 2013, un contrato, con el gobierno ucraniano de Yanukovich, para explorar 650 mil hectáreas en busca de gas. Unos meses antes el mismo gobierno había firmado otro menos importante con Royal Dutch Shell.

El acuerdo de Chevron fue apoyado por Washington para reducir el comercio energético y la complementación económica de Europa con Rusia. El área asignada a Chevron incluye el Oleska Block, donde hay roca de pizarra con potencial en gas de esquisto. El problema es que el método para su obtención, llamado fracking hidráulico, es altamente contaminante y ha sido prohibido ya por algunos países europeos donde se usó, como en Rumania y Lituania.

Es probable que haya alguna coordinación entre el Departamento de Estado y Chevron para el golpe de Estado en Kiev, porque fue en un encuentro patrocinado por Chevron donde Victoria Nuland, Subsecretaria de Estado norteamericana para Europa del este anunció que el gobierno norteamericano había invertido 5 mil millones en prepararlo (promover la democracia en Ucrania, dijo ella). Se puede especular sobre si una razón del golpe de Estado sea la de nacionalizar los oleoductos de Gazprom, para darlos luego en administración a Chevron. De ese modo la venta de gas ruso y el aprovisionamiento europeo quedarían en manos de una empresa norteamericana muy vinculada con la política exterior de Washington.

El golpe de Estado mira evidentemente a penetrar Ucrania con intereses angloamericanos más que con intereses de la UE, porque Europa no es soberana; es regida por gobiernos títeres que obedecen órdenes de New York y Londres; está bajo ocupación militar y financiera. Lo demuestra que Bruselas hable de aplicar sanciones a Rusia, cuando a la industria y la población europea eso no conviene. El pretexto es castigar a Rusia por aceptar la solicitud de Crimea de integrarse a la Federación Rusa. Esa solicitud refleja el deseo de la población de Crimea y ya fue hecha en 1994, cuando la independencia ucraniana, pero que no fue acogida, sin duda por la influencia angloamericana en el triste gobierno de Boris Yeltsin.

Las sanciones por Crimea


Rusia no bombardeó 78 días para que la Crimea se separara de Ucrania, como la OTAN hizo en Serbia, para arrancar a Kosovo. La Crimea, de población rusa mayoritaria, se desprendió de Ucrania sola, impulsada por los atropellos contra la población de lengua y la cultura rusa cometidos enseguida por el gobierno ilegítimo puesto por los angloamericanos en Kiev. La Crimea usó el derecho a la autodeterminación, un derecho inapelable reconocido por las leyes internacionales. Ese resultado imprevisto del golpe de estado en Kiev inspira chistes sobre los US$5 millardos invertidos por Washington en el golpe…para que la Crimea regrese a Rusia.

La frustración por el fracaso en sacar a Rusia del Mar Negro y el temor de que el “gobierno provisional” en Kiev resulte muy provisional, ha causado un berrinche más en la Casa Blanca, que quiere castigar a la madre Rusia porque Crimea volvió a su regazo. Washington dice que se trata de proteger intereses vitales suyos, que, como siempre, están ubicados en otro país.

Las sanciones no temen el ridículo y, hasta ahora, son como sigue:

Primero, se interrumpe la colaboración militar con Rusia, aún cuando es la OTAN quien necesita a Rusia para llevar sin riesgo pertrechos militares a Afganistán;

Segundo, se excluye a Rusia del G-8; eso si tiene lógica porque la próspera Rusia no debe estar en un club de países arruinados; como la próxima reunión hubiera sido en Sochi y esa exclusión le ahorra a Rusia los esfuerzos y gastos de ser el anfitrión;

Tercero, se prohibió a un grupo de funcionarios rusos viajar a EE UU, sin saber si querrían ir; también se congelaron sus cuentas en EE UU, sin saber si las tienen. La UE hizo también su lista. Las sanciones estimulan el ahorro dentro de Rusia y el regreso de capitales. De paso, dio pretexto a Rusia para prohibir el ingreso a los agentes subversivos de la National Endowment for Democracy (NED), como el Senador John Mc Cain.

Se habla oscuramente de imponer sanciones económicas y eso es imposible para la UE. Las de EE UU serían irrelevantes por el monto y la composición. El gráfico es elocuente.

El comercio entre Rusia y la UE en 2012 fue de 276,5 millardos. Las exportaciones rusas fueron principalmente de gas y petróleo, por 76 billones. Sin ellas la UE se paraliza; las otras exportaciones importantes son cereales. Las importaciones rusas son maquinaria y transporte, por 50 millardos, químicos y farmacéuticos, todos productos de alto valor agregado.

EE UU también sufriría con las sanciones, porque Rusia es de los pocos países con quien EE UU tiene un superávit comercial. En 2013 las exportaciones rusas fueron por 112 millardos, principalmente gas y aluminio y las importaciones fueron 167 millardos, todas de alto valor agregado, como calderas y material nuclear o equipos ópticos.

La perspectiva futura ucraniana


Desde el derrocamiento del último gobierno elegido democráticamente por las turbas financiadas por la NED en Maidan. Ucrania no conoce paz. En parte porque entre los cuatro partidos asociados para el golpe, sólo Batkivshina – el de Yulia Timoshenko y “Yats” Yatseniouk, como lo llama Ms. Nuland – tiene alguna base electoral. Los otros tres son pequeños o recientes: Svovoda sacó 10 % en las últimas elecciones; UDAR que en ucraniano significa golpe, lo fundó en 2010 un boxeador; Pravy Sector es una milicia de choque, creada ad hoc en noviembre 2013. La visita de pleitesía que “Yats” Yatseniouk rindió a Obama no lo hará popular entre sus socios nacionalistas, los de tradición rusa o el ejército. Se sabe por encuestas que la mayoría ucraniana esta contra ser miembros de la OTAN.

“Yats” también ordenó la entrega a la Reserva Federal, el 7 de marzo, de las 36 toneladas de oro de reservas ucranianas, como reconoció la Reserva federal de New York. Cuento se sepa, es probable que cause violencia política y reacciones en las fuerzas armadas ucranianas. Es un caso claro de traición, porque cualquiera que sabe de finanzas - Yats es banquero – conoce que la FED no devuelve el oro que se le confía; como con las 1500 TM de oro alemán allí, que cuando Alemania pidió la entrega de 674 TM, solo se le devolvieron 5TM.

La perspectiva futura rusa


El golpe de estado euro-americano en Kiev ha llevado a una previsible crisis con Rusia. La hipocresía de EE UU y de la UE no encubre que el objetivo final del golpe era sacar la flota rusa del Mar Negro e instalar bases de la OTAN en Ucrania. Rusia no puede permitir eso porque son intereses vitales y tiene los medios para impedirlo. En Washington, ni el más loco de los halcones habla de acción militar o dice que “todas las opciones están sobre la mesa”.

Cuando se analiza las inversiones de Rusia en infraestructura puede verse que su proyección es más hacia el espacio euro-asiático que hacia Europa. Tiene una lógica absoluta, porque allí es donde están los recursos a los cuales aplicar su ciencia y tecnología. Europa es solo un mercado que se encoge a causa de políticas de austeridad impuestas por el rescate con dinero público de bancos privados insolventes.

El principal instrumento de esa proyección hacia el este es la Unión Económica Euroasiática, que nace de la Unión Aduanera entre Belarus, Kazakhstan y Rusia. La idea viene germinando desde 1994, cuando la lanzó el Presidente de Kazakhstan, Nursultan Nazarbayev. El acuerdo se firmó en noviembre 2011, se creo una Comisión Económica Euroasiática que lo administra y entrará a funcionar en 2015. Sus miembros fundadores son los mismos, pero se prevé la adhesión de miembros del espacio histórico zarista, como Armenia, Kirgiztan y Tajikistan, y aún de otros, como Siria, que ya manifestaron interés. EE UU, en cambio, ya manifestó su hostilidad: la entonces Secretaria de Estado, Hillary Clinton, dijo “estamos buscando medios efectivos para demorarlo o impedirlo” (Associated Press 06/12/2012).

Sobre Ucrania, hubo hace pocos días una propuesta conciliadora rusa que condujo a una reunión entre el Ministro de Relaciones Exteriores ruso Sergey Lavrov y el Secretario de Estado norteamericano John Kerry, en Paris, el 31 de marzo. En esencia se pedía dar amplia autonomía a las regiones rusas en Ucrania, al estilo suizo o tal vez español. Terry exigió concesiones inaceptables para discutirla, como el alejamiento de las tropas rusas de sus bases fijas en la frontera ucraniana y la inclusión en las conversaciones del ilegítimo gobierno transitorio ucraniano impuesto por Washington en Kiev.

Conclusiones

La principal es que por primera vez, desde 1990, los EE UU renuncian al uso o la amenaza de violencia para resolver una diferencia internacional. Un indicio de que el excepcionalismo americano basado en el “full espectrum dominance” encontró un límite político, económico y militar. La opinión pública americana y mundial está harta de guerras, otra más colapsaría la economía y con Rusia sería un mutuo suicidio militar.

La torpe retórica hipócrita ante el ejercicio en Crimea del derecho a la autodeterminación están camino a deshacer el principal triunfo diplomático obtenido por Henry Kissinger: el alejamiento entre la China y la URSS. Las sanciones que se quiera aplicar serán siempre inocuas para Rusia y perjudiciales para la UE, pero lo peor es que alejaran a Rusia, próspera y llena de recursos, hacia Asia; hacia el fortalecimiento de sus lazos con China.

El mayor beneficio que pueden sacar Rusia y China – la potencia energética y la potencia manufacturera - de su asociación es acabar de modo incruento, pero eficaz, con la agresividad de la OTAN; basta ayudar al colapso el dólar. No olvidemos que China es la patria de Sun Tzu, el estratega de las victorias sin batalla.

El imprudente golpe de estado en Kiev y la torpe secuela para legitimarlo va a provocar que el cacareado pivote hacia Asia no sea tanto de EE UU como de Rusia. Eso fortalecerá a China y será pésimo para la economía de la UE, pero tendrá el beneficio de colapsar económicamente a la OTAN, que no es otra cosa que la institucionalización, en 1949, de la ocupación militar anglosajona de Europa, desde 1945.

Umberto Mazzei es doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia. Es Director del Instituto de Relaciones Económicas Internacionales en Ginebra.
http://www.ventanaglobal.info

Fuente: http://alainet.org/active/72649 

viernes, 14 de marzo de 2014

Derechas con look de izquierda. Por Raúl Zibechi/ Alainet

Por Raúl Zibechi/ Alainet
Las recientes manifestaciones de masas generadas por las derechas en los más diversos países, muestran su capacidad por apropiarse de símbolos que antes desdeñaban, introduciendo confusión en las filas de las izquierdas.
El 17 de febrero de 2003 Patrick Tyler reflexionaba sobre lo que estaba sucediendo en las calles del mundo en una columna en The New York Times: “Las enormes manifestaciones contra la guerra en todo el mundo este fin de semana son un recordatorio de que todavía puede haber dos superpotencias en el planeta: los Estados Unidos y la opinión pública mundial”.
“Mira a tu alrededor y verás un mundo en ebullición”, escribe el editor estadounidense Tom Engelhardt, editor de la página 'tomdispatch'. En efecto, diez años después del célebre artículo del Times, que dio la vuelta al mundo en ancas del movimiento contra la guerra, no hay casi rincón del mundo donde no exista ebullición popular, en particular desde la crisis de 2008.
Se podrían enumerar la Primavera Árabe que derribó dictadores y recorrió buena parte del mundo árabe; Occupy Wall Street, el mayor movimiento crítico desde los años sesenta en Estados Unidos; los indignados griegos y españoles que cabalgan sobre los desastres sociales provocados por la megaespeculación. En estos mismos momentos, Ucrania, Siria, Sudán del Sur, Tailandia, Bosnia, Turquía y Venezuela están siendo afectadas por protestas, movilizaciones y acciones de calle del más diverso signo.
Países que hacía décadas que no conocían protestas sociales, como Brasil aguardan manifestaciones durante el Mundial luego de que 350 ciudades vieran cómo el desasosiego ganaba las calles. En Chile, se ha instalado un potente movimiento juvenil estudiantil que no muestra signos de agotamiento y en Perú el conflicto en torno a la minería lleva más de un lustro sin amainar.
Cuando la opinión pública tiene la fuerza de una superpotencia, los gobiernos se han propuesto entenderla para cabalgarla, manejarla, reconducirla hacia lugares que sean más manejables que la conflagración callejera, conscientes de que la represión por sí sola no consigue gran cosa. Por eso, los saberes que antes eran monopolios de las izquierdas, desde los partidos hasta los sindicatos y movimientos sociales, hoy encuentran competidores capaces de mover masas pero con finas opuestos a los que esa izquierda desea.
Estilo militante
Desde el 20 hasta el 26 de marzo de 2010 se realizó en el departamento uruguayo de Colonia un “Campamento Latinoamericano de Jóvenes Activistas Sociales” (http://alainet.org/active/37263), en cuya convocatoria se prometía “un espacio de intercambio horizontal” para trabajar por “una Latinoamérica más justa y solidaria”. Entre el centenar largo de activistas que acudieron ninguno sospechaba de dónde habían salido los recursos para pagar sus viajes y estadías, ni quiénes eran en realidad los convocantes (Alai, 9 de abril de 2010).
Un joven militante se dedicó a investigar quiénes eran los Jóvenes Activistas Sociales que organizaban un encuentro participativo para “comenzar a construir una memoria viva de las experiencias de activismo social en la región; aprender de las dificultades, identificar buenas prácticas locales aprovechables a nivel regional, y maximizar el alcance de la creatividad y el compromiso de sus protagonistas”.
El resultado de su investigación en las páginas web le permitió averiguar que el campamento contó con el auspicio del Open Society Institute de George Soros, y de otras instituciones vinculadas al mismo. La sorpresa fue mayúscula porque en el campamento se realizaban reuniones en ronda, fogones y trabajos colectivos con papelógrafos, con fondo de whipalas y otras banderas indígenas. Un decorado y estilos que hacían pensar que se trataba de un encuentro en la misma tónica de los Foros Sociales y de tantas actividades militantes que emplean símbolos y modos de hacer similares. Algunos de los talleres empleaban métodos idénticos a los de la educación popular de Paulo Freire que, habitualmente, suelen emplear los movimientos antisistémicos.
Lo cierto es que unos cuantos militantes fueron usados “democráticamente”, porque todos aseguraron que pudieron expresar libremente sus opiniones, para objetivos opuestos para los que los convocaron. Este aprendizaje de la fundación de Soros fue aplicado en varias ex repúblicas soviéticas, durante la “revuelta” en Kirguistán en 2010 y en la revolución naranja en Ucrania en 2004.
Ciertamente, muchas fundaciones y las más diversas instituciones envían fondos e instructores a grupos afines para que se movilicen y trabajen para derribar gobiernos opuestos a Washington. En el caso de Venezuela, han sido denunciadas en varias oportunidades agencias como el Fondo Nacional para la Democracia (NED por sus siglas en inglés), creada por el Congreso de Estados Unidos durante la presidencia de Ronald Reagan. O la española Fundación de Análisis y Estudios Sociales (FAES) orientada por el expresidente José María Aznar.
Ahora estamos ante una realidad más compleja: cómo el arte de la movilización callejera, sobre todo la orientada a derribar gobiernos, ha sido aprendido por fuerzas conservadoras.
El arte de la confusión
El periodista Rafael Poch describe el despliegue de fuerzas en la plaza Maidan de Kiev: “En sus momentos más masivos ha congregado a unas 70 mil personas en esta ciudad de cuatro millones de habitantes. Entre ellos hay una minoría de varios miles, quizá cuatro o cinco mil, equipados con cascos, barras, escudos y bates para enfrentarse a la policía. Y dentro de ese colectivo hay un núcleo duro de quizás mil o mil 500 personas puramente paramilitar, dispuestos a morir y matar, lo que representa otra categoría. Este núcleo duro ha hecho uso de armas de fuego” (La Vanguardia, 25 de febrero de 2014).
Esta disposición de fuerzas para el combate de calle no es nueva. A lo largo de la historia ha sido utilizada por fuerzas disímiles, antagónicas, para conseguir objetivos también opuestos. El dispositivo que hemos observado en Ucrania se repite parcialmente en Venezuela, donde grupos armados se cobijan en manifestaciones más o menos importantes con el objetivo de derribar un gobierno, generando situaciones de ingobernabilidad y caos hasta que consiguen su objetivo.
La derecha ha sacado lecciones de la vasta experiencia insurreccional de la clase obrera, principalmente europea, y de los levantamientos populares que se sucedieron en América Latina desde el Caracazo de 1989. Un estudio comparativo entre ambos momentos, debería dar cuenta de las enormes diferencias entre las insurrecciones obreras de las primeras décadas del siglo XX, dirigidas por partidos y sólidamente organizadas, y los levantamientos de los sectores populares de los últimos años de ese mismo siglo.
En todo caso, las derecha han sido capaces de crear un dispositivo “popular”, como el que describe Rafael Poch, para desestabilizar gobiernos populares, dando la impresión de que estamos ante movilizaciones legítimas que terminan derribando gobiernos ilegítimos, aunque estos hayan sido elegidos y mantengan el apoyo de sectores importantes de la población. En este punto, la confusión es un arte tan decisivo, como el arte de la insurrección que otrora dominaron los revolucionarios.
Montarse en la ola
Un arte muy similar es el que mostraron los grupos conservadores en Brasil durante las manifestaciones de junio. Mientras las primeras marchas casi no fueron cubiertas por los medios, salvo para destacar el “vandalismo” de los manifestantes, a partir del día 13, cuando cientos de miles ganan las calles, se produce una inflexión.
Las manifestaciones ganan los titulares pero se produce lo que la socióloga brasileña Silvia Viana define como una “reconstrucción de la narrativa” hacia otros fines. El tema del precio del pasaje pasa a un segundo lugar, se destacan las banderas de Brasil y el lema “Abajo la corrupción”, que no habían estado originalmente en las convocatorias (Le Monde Diplomatique, 21 de junio de 2013). Los medios masivos también desaparecieron a los movimientos convocantes y colocaron en su lugar a las redes sociales, llegando a criminalizar a los sectores más militantes por su supuesta violencia, mientras la violencia policial quedaba en segundo plano.
De ese modo, la derecha que en Brasil no tiene capacidad de movilización, intentó apropiarse de movilizaciones cuyos objetivos (la denuncia de la especulación inmobiliaria y de las megaobras para el Mundial) estaba lejos de compartir. “Es claro que no hay lucha política sin disputa por símbolos”, asegura Viana. En esa disputa simbólica la derecha, que ahora engalana sus golpes como “defensa de la democracia”, aprendió más rápido que sus oponentes.
Raúl Zibechi, periodista uruguayo, escribe en Brecha y La Jornada y es colaborador de ALAI.

viernes, 9 de marzo de 2012

Ecuador. Acuerdo de comercio con la UE: ¿entre la espada y la pared?. Por Eduardo Tamayo G.

Entrevista con Katiuska King Mantilla, ex ministra coordinadora de la Política Económica de Ecuador

El gobierno del Ecuador, representado por el canciller Ricardo Patiño, retomará el 19 de marzo las conversaciones con la Unión Europea con la mira de buscar un acuerdo de comercio bilateral.

Los sectores empresariales bananeros, camaroneros y pesqueros ejercen fuertes presiones sobre el gobierno de Rafael Correa con el fin de que firme un acuerdo de comercio aduciendo que si no lo hace perderían los beneficios arancelarios a partir del año 2014 contemplados en el denominado Sistema General de Preferencias Plus.

El comisionado europeo Karel de Gucht también se ha pronunciado por que Ecuador suscriba un acuerdo bilateral con la Unión Europea (UE) argumentando “que es la mejor solución a largo plazo para que Ecuador asegure su acceso a los mercados de la UE”.

Con estas presiones se quiere poner a Ecuador entre la espada y la pared. O firma un acuerdo de libre comercio con la UE en los términos que ya lo han hecho Colombia y Perú (y que está en espera de su ratificación por el Parlamento Europeo), o quedaría fuera de los beneficios arancelarios pues la Unión Europea está haciendo un redireccionamiento de la política internacional hacia países más pobres, según Gucht.

Ecuador, sin embargo, ha optado por un sendero diferente de aquellos países que han escogido los tratados de libre comercio y que han tenido, en el caso de México, la expresión más alta de su rotundo fracaso. Ecuador se unió a aquellos países que rechazaron el ALCA y luego optó por la misma posición cuando sectores empresariales pretendían la suscripción de un TLC con Estados Unidos en función de sus intereses particulares.

Un tratado de libre comercio con una Europa en crisis y dominada por la derecha neoliberal tendría consecuencias imprevisibles para el Ecuador pues no solo beneficiaría a unos sectores y perjudicaría a otros (la mayoría) sino que impediría plantear una estrategia de desarrollo distinta, especialmente si se aceptan los condicionamientos en materia de propiedad intelectual, compras públicas y servicios, que van mucho allá de lo contemplado en la Organización Mundial de Comercio, beneficiando enormemente a sus transnacionales.

Katiuska King Mantilla, ex ministra coordinadora de la Política Económica de Ecuador entre abril 2010 y octubre 2011, expone, en la siguiente entrevista, los argumentos por los que el Ecuador debe resistir a los cantos de sirena del libre mercado.

¿Qué interés tiene la Unión Europa, que están en crisis, en firmar un tratado de libre comercio con Ecuador?

Claramente, un eurodiputado español ha planteado que ellos quieren avanzar en los acuerdos tanto con Centroamérica como con la Comunidad Andina, en este caso Colombia y Perú, y con Ecuador, para tener las mismas condiciones que ya cuenta Estados Unidos, es decir ganar mercados, pero en condiciones similares a las que ya tiene Estados Unidos (que ha firmado tratados de libre comercio con Centroamérica, Colombia y Perú). Para el caso de la UE, los acuerdos son mucho más fuertes de lo que fueron los TLC con Estados Unidos.

Pero Europa está en crisis, ¿eso hace que busque salidas a través de este tipo de acuerdos comerciales?

Debido a que tienen un problema interno de consumo, de demanda interna, lo que quieren es buscar mercados afuera, pero para buscar mercados afuera no solo quieren tener la posibilidad de vender sino de vender bajo condiciones favorables, condiciones donde puedan exportar más en la mismas condiciones que lo hacen sus competidores, y de esa manera sacar la crisis hacia las ventas internas.

¿Qué interés puede tener la UE en incursionar en Ecuador que es un mercado pequeño?

Bueno ahí tenemos dos aristas, siempre cualquier mercado es deseable tal vez no para los grandes sino para los medianos, entonces cualquier mercado adicional es importante, y sobre todo de alguna manera se le está poniendo al país entre la espada y la pared, diciendo tienen que hacerlo porque el acuerdo entre Colombia y Perú está en su fase final, por lo tanto si no hacen eso se quedan sin nada y pierden el acceso al mercado europeo, cosa que no es cierta.

¿Quienes serian los beneficiarios de un acuerdo comercial con la Unión Europea?

Serían los agroexportadores, pero sobre todo los bananeros, con eso lo que haríamos es mantener la misma matriz productiva primario-exportadora y lo que haríamos sería garantizar aranceles más bajos para ellos y evidentemente los ganadores serían los importadores de productos europeos.

¿Qué otros grandes productores se beneficiarían?

Además de los productores de banano, los productores de camarón y también, algo, flores.

¿Qué es lo que plantea el sector bananero?

Aquí hay una discusión bien interesante, porque el banano ha sido un producto que se ha sometido a las reglas del juego europeo, aquí hay un chiste que dice que fuera bueno que reglamenten el tema del banano (el tamaño, diámetro, etc.) como lo hacen con las plantas nucleares, porque es impresionante los requisitos que piden al banano ecuatoriano, y éste cumple con las normas pero es sometido a un trato discriminatorio en relación al banano de las ex colonias que no tienen arancel. El Ecuador ha ganado todas las mesas en la OMC, pero nunca se llegó a aplicar las retaliaciones y a corregir el problema en sí, hasta que en el año 2009 el Ecuador dijo no sigo con las negociaciones hasta que no se resuelva el problema del banano. Lamentablemente la resolución del tema del banano no fue en las mejores formas porque se llegó al arancel que se estaba hablando al principio, que es de 114 dólares por tonelada, y ni siquiera ahora sino que se va lograr eso en el año 2016 recién. La negociación no fue buena para bajar el arancel y en los acuerdos de libre comercio consiguieron que tengamos un arancel de 75 dólares en el 2016, por lo tanto, la diferencia no va ser ahora sino en el 2016- 2017, pero esa es la presión, hacerlo ahora para poder conseguir un arancel preferencial, pero, como lo he dicho, los temas comerciales, la inserción del banano y de los otros productos no dependen solo de los aranceles.

¿Qué sectores se verían afectados por un acuerdo de libre comercio con la UE?

Aquí tenemos un problema complicado, porque cuando hablo de beneficiarios estoy hablando simplemente de reducción de aranceles, pero un acuerdo como el que nos está proponiendo la UE tienen elementos muy graves en términos de servicios, propiedad intelectual, compras públicas, que limitarían cualquier posibilidad futura de cambiar su matriz productiva, entonces no solo deberíamos verlo en términos de perdedores sino en términos de las limitaciones que tendría el Estado, porque el acuerdo lo que pretende es, para simplificarlo, quitar todas las regulaciones estatales para que sea el mercado el que pueda proponernos el proyecto de país, y eso evidentemente significa mantener un proyecto de país agroexportador.

¿Cómo se contrapone este acuerdo de comercio con el régimen del Buen Vivir que está planteando en la constitución del Ecuador?

Hay una contraposición inicial, porque los TLC lo que pregonan es la liberalización para asegurar mayores mercados, es decir que tengamos las menores barreras para facilitar el comercio, y es justamente lo que la Constitución no propone. La Constitución propone acuerdos para beneficios de los países, acuerdos que permitan al país convertirse en una oportunidad para el buen vivir, por lo que hay una contradicción de partida que es lo que yo le mencioné incluso al viceministro de Comercio Exterior del Ecuador (Francisco Rivadeneira).

En términos semánticos, ahora se habla de un Acuerdo de Comercio Multipartes, ¿es lo mismo que un TLC?

Es exactamente lo mismo, este acuerdo que nos está proponiendo la UE es un tratado de libre comercio en el sentido de que propone elementos que van mucho más allá en cada una de las mesas de lo que está convenido en la Organización Mundial de Comercio.

Se ha anunciado que habrá nuevas conversaciones entre el Ecuador con la UE, ¿qué expectativas tiene de esto?

Bueno yo creo que lo que se le va a decir al Ecuador, lo que se le va a preguntar, es si efectivamente está interesado en firmar lo que ya se negoció con Colombia y Perú, y si es que es así, se va a proceder a lo mismo que tiene Colombia y Perú, o sea van a presentar lo mismo que han venido diciendo desde hace más de dos años, desde el 2009, y sobre eso esperarán la decisión ecuatoriana.

Usted dice que un acuerdo de comercio con la UE afectaría el modelo de desarrollo del buen vivir en Ecuador, pero para graficar un poco, qué pasaría con los sectores perjudicados, los sectores agrícolas, los que producen leche…

Algo que se ha venido repitiendo es que supuestamente el acuerdo con la UE es un acuerdo de complementación, porque no competimos con la UE sino que tenemos economías complementarias y yo no estoy de acuerdo con eso, porque la economía europea tiene mucho más subsidios agrícolas, entonces lo que vamos a ver es una pauperización de la población en el sector rural que en este momento ya tiene problemas, ella no se ha beneficiado de esta mejor situación económica en términos generales, y lo que sería es darle mayores presiones, y sobre todo desplazar mucha de la producción nacional, hay sectores sensibles por productos importados.

Hablemos de algunos puntos que usted ha señalado como polémicos, por ejemplo en propiedad intelectual, ¿qué es lo que quiere la UE con el Ecuador?

En términos de propiedad intelectual, la UE quiere ir mucho más allá de lo que se ha negociado en términos multilaterales, ella quiere poder tener el segundo uso de la patente y también tener condiciones prioritarias para poder acceder a nuestra biodiversidad (…) Nosotros tenemos la mayor biodiversidad por km2 del planeta y en este sentido tenemos un potencial para las farmacéuticas impresionante, para ponerlo en términos más simples, quiere reglas del juego muy favorables que le permitan tener acceso y en este caso patentar medicamentos teniendo regalías por mucho más tiempo.

Actualmente, el Ecuador tiene un sistema de compras públicas que tiende a favorecer a la industrias y pequeñas industrias nacionales, ¿qué pasaría con este sistema si se firma el acuerdo de libre comercio con la UE?

Ese es un tema en discusión, qué es lo que se va conseguir, en un primer momento se había planteado la posibilidad de que existan dos rondas, esa posibilidad fue descartada y en este momento lo que se quiere es que exista cierto privilegio para las empresas nacionales, pero las empresas europeas también van a tener interés en participar. Los negociadores dicen que no va a pasar nada porque nosotros somos un mercado pequeño y no van a venir a vendernos los productos, pero Europa está en crisis, necesita mercados así sea un mercado pequeño como el de Ecuador, ellos también tienen una multiplicidad de empresas que necesitan sacar adelante.

En este sentido la UE está planteando que se dé “trato nacional” a sus empresas. …

Claro, tener las mismas condiciones que las empresas nacionales, y, de alguna manera hay un tema que todavía está en proceso de negociación y es en qué condiciones, pero básicamente ellos quieren tener acceso al sistema de compras públicas y sobre tener acceso al tema de sectores estratégicos…

Podría ampliarnos sobre este punto, ¿cuáles son los sectores estratégicos?, ¿qué es lo que pretenden ellos?

El Ecuador ha promovido una estrategia de impulso a determinadas obras de infraestructura de los sectores estratégicos, sean estos petróleo, generación hidroeléctrica, y ellos quieren garantizar que sus empresas puedan participar en condiciones beneficiosas, y en este caso ahí si puedan ser objeto de licitaciones importantes, en el sistema de compras públicas los montos son mucho menores, en términos de sectores estratégicos estamos hablando de montos muy importantes. Ellos quieren participar con reglas del juego a su favor.

La firma de un acuerdo comercial con Europa, ¿abriría las posibilidades para otro tipo de acuerdos comerciales con Estados Unidos y otros países?

Si, porque si evidentemente Ecuador adhiere al acuerdo con la UE, (para firmar) un tratado de libre comercio con Estados Unidos no hay ningún problema, se está aceptando todo lo que se venía discutiendo en su momento con el argumento de que en términos agrícolas no sería tan grave, y yo digo aquí, estamos simplificando las cosas, no se están analizando los otros temas que son también muy importantes y las implicaciones que tendría el acuerdo en término de servicios. Yo no comparto el criterio de que somos complementarios con Europa y que Europa tiene un trato más suave hacia el Ecuador. Luego de una firma de un tratado de libre comercio con Europa luego de haber ratificado un acuerdo con Colombia y Perú, no habría razón por la que no se pueda firmar un acuerdo con Estados Unidos.

Esto vendría a contradecir la Constitución y la propia política del gobierno que de alguna manera tiende a favorecer al mercado interno…

Aquí hay dos posiciones, no estamos diciendo que se acaben las exportaciones, pero tampoco puede convocar a los otros a que dejen de existir, tiene que haber un equilibrio. Un tratado de libre comercio es la expresión máxima de la desregulación de mercados o de las políticas neoliberales que se han venido aplicando, por lo tanto habría una inconsistencia si se llega a firmar, porque esto no iría en beneficio del país y no permitiría plantear una estrategia de desarrollo distinta.

Esa sería la consecuencia más grave que usted ve….

Estoy poniendo en términos generales, pero las consecuencias serían muy graves en muchos sectores, no hemos entrado en el detalle, pero, por ejemplo, hay la imposibilidad de aplicar políticas públicas, por ejemplo para la banca, la imposibilidad de imponer ciertas regulaciones. Hay algunos elementos muy complicados y sobre todo hay otra demanda que plantea la UE, y es que el Ecuador si adhiere al acuerdo con Colombia y Perú, no denuncie los tratados bilaterales de inversión…

En América del Sur existen países como Argentina, Brasil, que no han firmado este tipo de tratados de libre comercio, ¿el Ecuador puede vivir sin tratados de libre comercio?

El Ecuador ha vivido sin firmar tratados de libre comercio, entonces básicamente habría que preguntarse es si son necesarios, no siquiera me remito a las experiencias de afuera donde vemos que muchos países no lo han hecho y pese a eso tienen buenos resultados económicos juzgados desde la perspectiva tradicional de crecimiento y desempleo. El Ecuador no ha firmado tratados de libre comercio y para el 2011 va a terminar con una tasa de crecimiento del 9% y una tasa de desempleo del 5%, por lo tanto no habría que dejarse presionar por los grupos empresariales que lo que quieren es condenar al país al statu quo productivo en el que nos encontramos y que también hay un reconocimiento de que el gobierno tiene una gran deuda con el sector productivo, porque hay políticas que no se han realizado, que no han llegado a su parte final, y ahí uno se pregunta si tenemos esta deuda , ¿cuál va a ser la respuesta? ¿Un TLC? ¿Con eso vamos a corregir los problemas productivos? Con eso simplemente vamos a mantener lo que tenemos, eso no es una política productiva y no podemos asimilar un tratado de libre comercio que va a perjudicar más a los productores con una política productiva que es lo que se debe ir generando en los próximos años.

Ya hay experiencias de acuerdos de comercio firmados por Chile y México con la Unión Europea, ¿cómo ve esa experiencia que ya existe y que no debe volver a repetir el Ecuador?

Aquí le compartiría la visión de los mismos mexicanos de lo que ha representado el acuerdo con la UE, y ha sido básicamente desastroso. No ha ayudado para nada a la economía mexicana, pero quiero compartirle algo más, nosotros decimos que los tratados de libre comercio son negativos para economías similares a las nuestras que tienen competitividades más bajas. Pero también es importante saber cómo los canadienses ven los efectos del NAFTA, del tratado de libre comercio con Estados Unidos, los canadienses, que tienen una economía mucho más desarrollada e industrializada, han visto que este tratado les ha perjudicado, y así seguimos pensando que los tratados de libre comercio son la solución a los problemas entonces hay que ser más serios en el análisis y no repetir verdades a medias o verdades de Perogrullo que no son verdad.

Finalmente, cuáles son las salidas, las alternativas frente a los acuerdos de libre comercio…

Aquí tiene que haber una estrategia comercial de posicionamiento de productos, articulada, de diferenciación de nuestros productos, existen alternativas, el comercio justo, el comercio orgánico, como también pensar una política productiva atada a las cadenas productivas de base, es decir que no sean los exportadores, los intermediarios los que se beneficien sino los sectores productores.

Qué papel le asigna a la integración….

A nivel de integración hay muchas posibilidades, pero no integrarnos como tradicionalmente ha sido, a través de rebajas arancelarias, sino integrarnos a través de encadenamientos productivos y con la posibilidad de construir un proyecto conjunto donde se tomen en cuenta las asimetrías de los países con un menor tamaño.


Fuente: http://alainet.org


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