Por Javier Huerta
Abstenci贸n, lucha de clases y la necesidad de recuperar nuestra voz
Hay mensajes que se lanzan al mar sin saber qui茅n los encontrar谩. Este art铆culo quiere ser uno de ellos: una invitaci贸n a quienes han dejado de confiar en la pol铆tica, se sienten decepcionados por los partidos o creen que votar no sirve para nada. No se trata de ignorar sus razones, sino de plantear una pregunta: si renunciamos a participar, ¿qui茅n tomar谩 las decisiones que afectan a nuestras vidas?
Quien trabaja y no consigue llegar a fin de mes, quien no puede emanciparse por el precio de la vivienda, quien busca empleo sin encontrarlo o quien necesita una pensi贸n, servicios p煤blicos y apoyos para vivir con dignidad tiene motivos para exigir respuestas. Pero abandonar las urnas no obliga a los partidos a cambiar. Puede, en cambio, reducir la capacidad de influir de quienes m谩s necesitan que las pol铆ticas p煤blicas protejan sus derechos.
Una conquista que no debemos despreciar
Durante la dictadura franquista, los partidos pol铆ticos estuvieron prohibidos, la oposici贸n fue perseguida y el sindicalismo independiente sufri贸 la represi贸n. Trabajadores, estudiantes, mujeres, militantes y movimientos populares lucharon por conquistar las libertades que hoy podemos ejercer. La democracia no fue un regalo: fue resultado de una lucha colectiva.
La recuperaci贸n de las elecciones y de las libertades pol铆ticas abri贸 una etapa nueva, pero no acab贸 con las desigualdades econ贸micas ni con los privilegios. La democracia formal tampoco garantiza por s铆 sola una vivienda asequible, un empleo digno o unos servicios p煤blicos suficientes. Para avanzar en esos derechos hacen falta organizaci贸n social, movilizaci贸n y decisiones pol铆ticas.
Por eso, recordar las luchas democr谩ticas no significa idealizar el sistema actual. Significa comprender que las libertades deben ejercerse y ampliarse. Si dejamos de participar porque estamos decepcionados, no desaparecen los intereses econ贸micos ni los conflictos sociales: las decisiones siguen tom谩ndose, con independencia de que acudamos o no a votar.
La abstenci贸n tambi茅n tiene consecuencias
En las elecciones generales del 23 de julio de 2023, la participaci贸n fue del 70,4 % y la abstenci贸n alcanz贸 el 29,6 %: 10.402.450 electores no votaron. En noviembre de 2019, la participaci贸n hab铆a sido del 66,23 %. La diferencia entre ambas convocatorias muestra que la movilizaci贸n electoral cambia seg煤n el contexto pol铆tico y las circunstancias de cada elecci贸n.
Las causas de la abstenci贸n son diversas. Hay personas que rechazan a todos los partidos, otras se sienten defraudadas por quienes votaron anteriormente y algunas no encuentran una candidatura que responda a sus preocupaciones. Tambi茅n influyen las circunstancias personales y las dificultades para participar. No podemos afirmar que todas las personas abstencionistas sean de izquierdas, pertenezcan a la clase trabajadora o compartan una misma motivaci贸n.
Sin embargo, hay un riesgo pol铆tico que conviene comprender. La abstenci贸n no transfiere votos de la izquierda a la derecha, pero puede favorecer electoralmente a esta 煤ltima cuando una parte del electorado progresista deja de votar y el electorado conservador mantiene su movilizaci贸n. Si unos se quedan en casa y otros acuden a las urnas, los segundos aumentan su peso relativo entre los votos emitidos.
El efecto depende de qui茅n se abstiene, de la distribuci贸n territorial del voto y de las reglas electorales. En Espa帽a, los esca帽os del Congreso se reparten por provincias mediante la f贸rmula D'Hondt, y el n煤mero de representantes de cada circunscripci贸n influye en las posibilidades de obtener esca帽o. Por eso, el resultado no depende 煤nicamente del porcentaje estatal de votos.
La abstenci贸n no siempre perjudica a la izquierda ni beneficia necesariamente a la derecha. Pero quedarse en casa no es una forma fiable de castigar a un partido. La ausencia puede expresar desencanto, aunque no obliga a ninguna organizaci贸n a interpretar el mensaje ni a cambiar sus pol铆ticas. Los votos emitidos, en cambio, s铆 determinan la representaci贸n parlamentaria.
La idea de que «mi voto no cambia nada» tampoco tiene en cuenta que los resultados colectivos se construyen con decisiones individuales. No todos los votos tienen el mismo efecto sobre el reparto de esca帽os, pero en una elecci贸n ajustada unos pocos pueden resultar decisivos. Y aunque una papeleta no resuelva por s铆 sola los problemas de una persona, renunciar a votar tampoco los resolver谩.
La lucha de clases no termina al salir del centro de trabajo
La pol铆tica es tambi茅n un terreno donde se decide c贸mo se distribuyen los recursos, qui茅n soporta las desigualdades y qu茅 derechos se protegen. La lucha de clases se expresa en los salarios, la precariedad, la vivienda, los impuestos, las pensiones y la financiaci贸n de los servicios p煤blicos. No desaparece porque disminuya el inter茅s por las elecciones.
La clase trabajadora tampoco est谩 formada 煤nicamente por quienes tienen hoy un empleo. Incluye realidades diversas: personas asalariadas, desempleadas, jubiladas, cuidadoras sin remuneraci贸n y personas que, por una discapacidad, una enfermedad u otras circunstancias, necesitan apoyos para vivir con autonom铆a. Sus situaciones no son id茅nticas, pero muchas dependen de c贸mo se distribuyen la riqueza y las oportunidades y de qu茅 protecci贸n ofrece la sociedad.
Las pensiones, la sanidad p煤blica, la educaci贸n, la atenci贸n a la dependencia y las prestaciones sociales no son cuestiones secundarias. Son derechos cuya cobertura y calidad dependen tambi茅n de decisiones pol铆ticas. Una sociedad no puede medir la dignidad de las personas 煤nicamente por su capacidad para trabajar o por los ingresos que generan.
Por eso, jubilados, personas con discapacidad, familias con pocos recursos y quienes necesitan apoyos p煤blicos tienen razones para participar y examinar las propuestas de las distintas candidaturas. No porque deban votar autom谩ticamente a una determinada formaci贸n, sino porque las decisiones pol铆ticas afectan a sus condiciones de vida y a sus derechos.
Aqu铆 existe una diferencia pol铆tica importante entre la izquierda y la derecha. La tradici贸n de la izquierda ha estado vinculada a las luchas del movimiento obrero, la ampliaci贸n de los derechos sociales, la redistribuci贸n de la riqueza y la defensa de los servicios p煤blicos. Son conquistas asociadas a d茅cadas de organizaci贸n sindical, movilizaci贸n popular y acci贸n pol铆tica. Frente a proyectos que priorizan la reducci贸n de impuestos a quienes m谩s tienen, la privatizaci贸n o el debilitamiento de la protecci贸n colectiva, la izquierda tiene la responsabilidad de defender y ampliar los derechos de las mayor铆as trabajadoras y de los sectores m谩s vulnerables.
Eso no significa que cualquier partido que se defina de izquierdas cumpla autom谩ticamente esa funci贸n. Las propuestas, las decisiones y los resultados deben examinarse cr铆ticamente. Pero s铆 significa que, para quienes defienden la igualdad social y los derechos de las clases populares, tiene sentido participar y apoyar electoralmente a las opciones de izquierda que mejor representen esos objetivos. La cr铆tica a sus errores no exige abandonar las urnas; tambi茅n puede servir para exigirles m谩s y construir alternativas mejores.
La participaci贸n se construye colectivamente
La abstenci贸n no se combate culpando a quienes no votan. Se combate escuchando sus razones y recuperando los v铆nculos entre la pol铆tica y los problemas cotidianos. Los sindicatos, las asociaciones vecinales, las organizaciones de pensionistas y las plataformas en defensa de la sanidad, la educaci贸n, la vivienda o la dependencia pueden ayudar a convertir necesidades compartidas en demandas colectivas.
La participaci贸n tampoco se limita a las campa帽as electorales. Se construye en los centros de trabajo, los barrios, las asociaciones y los movimientos sociales. Estos espacios permiten informarse, debatir y organizarse, mientras que las elecciones deciden qui茅n ocupa las instituciones y con qu茅 programa y apoyos puede gobernar.
Quienes ya participan pueden contribuir hablando con familiares, amistades, compa帽eros de trabajo y vecinos que se han alejado de la pol铆tica. No para imponerles una papeleta, sino para conversar sobre los problemas que les afectan, contrastar propuestas y recordarles que su voz tambi茅n cuenta. La movilizaci贸n democr谩tica necesita argumentos y confianza, no reproches.
Esta responsabilidad alcanza igualmente a los partidos. No pueden reclamar el voto de las clases populares y olvidarse de sus problemas el resto de la legislatura. Deben escuchar, explicar sus decisiones, cumplir sus compromisos y rendir cuentas. La confianza no se exige: se gana con pol铆ticas, resultados y coherencia.
Votar a la izquierda sin renunciar a la cr铆tica
Participar no significa entregar un cheque en blanco. Significa reconocer que las decisiones pol铆ticas tienen consecuencias y que conviene influir en ellas. La ciudadan铆a debe comparar programas, examinar trayectorias y valorar qu茅 candidaturas ofrecen respuestas m谩s convincentes a sus necesidades y principios.
Para quienes viven de su trabajo, dependen de una pensi贸n, afrontan el desempleo o necesitan servicios p煤blicos, la pol铆tica no es una discusi贸n lejana. Las decisiones de los ayuntamientos, las comunidades aut贸nomas, el Estado y las instituciones europeas afectan a la vivienda, la sanidad, la educaci贸n, las pensiones, los derechos laborales y las prestaciones sociales.
Por eso, si defendemos una sociedad m谩s justa, en la que la riqueza se distribuya mejor y nadie quede abandonado por no tener recursos o no poder trabajar, debemos implicarnos en las decisiones que pueden acercarnos a ese objetivo. La participaci贸n electoral y la movilizaci贸n social son herramientas complementarias: votar a opciones de izquierda comprometidas con los derechos sociales puede ayudar a avanzar, y organizarse permite exigir que cumplan lo prometido.
No se trata de afirmar que el voto lo cambia todo ni de negar las limitaciones de las instituciones. Se trata de no regalar nuestra capacidad de decisi贸n. La derecha no necesita que quienes discrepan de sus pol铆ticas la apoyen; le basta, en determinadas circunstancias, con que sus adversarios se desmovilicen mientras su propio electorado permanece activo.
Que nuestra voz no vuelva a quedar en silencio
Los derechos laborales, las libertades democr谩ticas, las pensiones y los servicios p煤blicos son fruto de luchas colectivas. No est谩n garantizados para siempre. Defenderlos exige organizaci贸n, participaci贸n y capacidad para exigir responsabilidades a quienes gobiernan.
Este mensaje no pide fidelidad incondicional a ning煤n partido. Invita a quienes est谩n decepcionados a no confundir la cr铆tica con la renuncia, ni el rechazo a una organizaci贸n concreta con la indiferencia ante las decisiones que afectan a toda la sociedad. Si los partidos de izquierda fallan, hay que exigirles que rectifiquen y que respondan a las necesidades populares. Pero dejar de participar puede reducir la capacidad de quienes m谩s necesitan las pol铆ticas sociales para defender sus derechos.
La pregunta no es si un voto aislado puede resolverlo todo. La pregunta es qu茅 ocurre cuando millones de personas renuncian a participar y qu茅 podemos conseguir cuando convertimos nuestras necesidades en demandas compartidas. Votar no sustituye la lucha social, pero puede contribuir a determinar qui茅n legisla, qu茅 pol铆ticas se financian y qu茅 derechos se protegen.
Si queremos una sociedad m谩s igualitaria, no basta con indignarse ante las injusticias: hay que organizarse, movilizarse y participar. Y, cuando llegue el momento de votar, valorar qu茅 opciones defienden con mayor claridad los intereses de las clases trabajadoras y de quienes m谩s necesitan una sociedad solidaria.
La confianza debe ganarse, los compromisos deben cumplirse y los derechos deben defenderse. Esa es tambi茅n la raz贸n para acudir a las urnas y exigir m谩s a la izquierda, no para renunciar a ella sin haber construido una alternativa mejor.
En el pr贸ximo art铆culo abordare precisamente esa tarea: qu茅 debe exigir la clase trabajadora a la izquierda, desde los salarios y la vivienda hasta las pensiones, la sanidad, la educaci贸n y la protecci贸n social, y c贸mo convertir esas demandas en compromisos concretos y verificables.
Siguenos en twitter:https://twitter.com/DifusionRebelde
