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viernes, 20 de diciembre de 2013

Mediostán, el documental de WikiLeaks

En mayo del 2010 el analista del ejército de EE. UU. Bradley Manning fue detenido en Irak, acusado de filtrar miles de documentos diplomáticos y militares al sitio web WikiLeaks. Poco después un pequeño grupo de periodistas recorrió Asia Central en busca de medios locales interesados en publicar esos cables secretos.Mediostán es una travesía de Afganistán a Manhattan, que mediante los límites de la libertad de expresión, se mete en la mente de quienes dan forma a nuestro entendimiento del mundo.


¿Qué tienen en común un exprisionero de Guantánamo, un periodista en un pequeño periódico de Asia central y un editor de una gran publicación occidental? La respuesta es sencilla: todos ellos tienen en su poder documentos de WikiLeaks, pero ¿qué harán con ellos? 



Para un exprisionero de Guantánamo los documentos revelan por qué fue capturado, algo que, según él, "todo el mundo sabe". Sin embargo, para los editores en las capitales de Asia Central, los archivos de WikiLeaks son como pan caliente pero, no todos estaban dispuestos a publicarlos. 



El documental ('Mediostán' en su versión en español) se remonta a 2011, cuando los activistas de WikiLeaks empezaron a darse cuenta del poder de los cables estadounidenses filtrados que habían recibido del denunciante Bradley Manning. El documental, producido por Julian Assange, Rebecca O'Brien y Lauren Dark, arranca con un pequeño equipo de periodistas de WikiLeaks recorriendo las repúblicas de Asia central de Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán, Uzbekistán y Afganistán. 



"Asia Central es la región geopolítica más fascinante del mundo. Es la crema de un pastel de capas geopolíticas. En la parte superior, Rusia; en el fondo China y en el medio una lucha por la influencia de EE.UU.", indicó Assange. 



El verdadero objetivo del equipo era entrevistar a directores de periódicos y encontrar medios de comunicación que publicaran los cables diplomáticos secretos de Estados Unidos. Este documental, como explican sus creadores, refleja su viaje hasta Manhattan "a través de los límites de la libertad de expresión y las mentes de los que dan forma a nuestra comprensión del mundo". 



El director de 'Mediastan', Johannes Wahlstrom, dijo a RT que publicar el documental es una "prueba de fuego" para discernir la lealtad a las mentiras de ciertos medios de comunicación. "En comparación con lo que estábamos acostumbrados, nos sorprendió la forma en que periodistas honestos de Asia Central describían sus censuras y limitaciones", dijo Wahlstrom.



El documental es un desafío a la película 'The Fifth Estate' de Hollywood (sobre la vida de Assange) que fue calificada por WikiLeaks como un" ataque propagandístico" que "fracasó" en favor de ellos. 



"RT demuestra que es la mayor cadena de televisión internacional en el mundo que no va a huir de los temas [que se presentan en] Mediastan", dijo Wahlstrom cuando se le preguntó por qué el documental había sido puesto en manos de RT. 


jueves, 1 de marzo de 2012

Venezuela, Wikileaks y los medios. Por Vicenç Navarro

Desde hace años, los mayores medios de información estadounidenses y europeos están liderando una campaña de desinformación contra Venezuela, que claramente contradice su supuesta imparcialidad en su cobertura mediática.

Desde hace años, los mayores medios de información estadounidenses y europeos están liderando una campaña de desinformación contra Venezuela, que claramente contradice su supuesta imparcialidad en su cobertura mediática. En realidad, tal cobertura puede definirse como mera propaganda política en contra del gobierno dirigido por el Presidente Chávez. Los documentos publicados por Wikileaks han mostrado como los diferentes gobiernos federales de EEUU han estado interviniendo activamente en la política doméstica de Venezuela, a fin de derrotar al gobierno Chávez, al que consideran una amenaza para los intereses empresariales estadounidenses, que históricamente han gozado de una enorme influencia sobre los gobiernos de aquel país, anteriores al actual. Lo que no se conocía hasta hace poco, sin embargo, era que -según los documentos publicados en Wikileaks- algunos de tales medios, han jugado un papel muy activo en la desestabilización del gobierno Chávez, lo cual no se ha publicado en los mayores medios de información españoles.

La información recogida por Wikileaks, y canalizada a través de algunos de los mayores medios de información, ha permitido detectar un sesgo anti Chávez en tales medios, mostrando un proceso de selección en la publicación de aquellos componentes de Wikileaks que pueden dañar al gobierno Chávez. Tales medios han publicado, por ejemplo, el componente de Wikileaks que señala -según la embajada estadounidense- la influencia que los asesores cubanos tienen en el gobierno venezolano, pero no han publicado la influencia de los asesores durante el gobierno Uribe, el cual gozó de una cobertura muy favorable en los mismos medios. Wikileaks publicó los informes del embajador estadounidense en Colombia, que mostraban la clara participación de sectores del Ejército colombiano en la desaparición y matanza de personas. Colombia es el país latinoamericano que ha tenido un número más elevado de desaparecidos, mucho mayor, por cierto, que Argentina en los años 70 y 80. Los mayores medios de difusión han sido muy escuetos en la cobertura de esta enorme violación de los derechos humanos en Colombia, contrastando con el detalle (y falta de objetividad) en su cobertura de las supuestas (algunas de ellas reales) violaciones de los derechos humanos en Venezuela.

Entre las supuestas violaciones está la eliminación de la libertad de prensa en Venezuela, presentando al gobierno Chávez como dictatorial. Los mayores medios de información españoles presentan como una realidad el que no exista libertad de expresión en los medios venezolanos. El intelectual orgánico del neoliberalismo Latinoamérica, Maria Vargas Llosa, siempre se refiere al Presidente de Venezuela como el dictador Chávez. Y lo mismo ocurre en España. Un ejemplo es el ex Presidente Aznar del Partido Popular que también se refiere constantemente al Presidente de Venezuela como el dictador Chávez. Los datos, sin embargo, no avalan tal definición.

Según la Nielsen Media Research International (que analiza los medios de comunicación a nivel internacional) y lo publicado por el Center for Economnic and Policy Research, de Washington, la gran mayoría de canales televisivos en Venezuela (de donde recibe la información la mayoría de la población) son canales privados. Las cadenas públicas (que son la minoría) cubren sólo un 5% de la audiencia. El 95% de la población recibe la información de los canales privados, la mayoría fuertemente hostiles hacia el gobierno Chávez. Los canales públicos, que cubren un 5% de la audiencia total, tienen un porcentaje mucho menor que en Francia (un 37%) o en Gran Bretaña (37%). Nadie acusa a los gobiernos de estos países de ser dictatoriales. Es cierto que el tono de las televisiones públicas de estos países es mucho menos partidista que los canales públicos venezolanos, con lo cual, la comparación tiene límites. El partidismo de los canales públicos venezolanos es muy acentuado. Ahora bien, la clara hostilidad hacia el gobierno de la mayoría de los canales privados (que cubren a la gran mayoría de la ciudadanía) es enormemente partidista. La neutralidad y objetividad no existe en tales medios, los cuales son meros instrumentos propagandísticos de los grupos de presión afectados por las reformas del gobierno Chávez. Hablar de falta de libertad de expresión, cuando la mayoría de los medios están controlados por la oposición, es un indicador claro de la ausencia de objetividad en la cobertura mediática de lo que ocurre en Venezuela. Y un ejemplo del carácter propagandístico y falta de rigor que caracteriza los discursos de Mario Vargas Llosa y José María Aznar, entre muchos otros.

¿Por qué tal hostilidad hacia gobiernos de izquierda por parte de tales medios (no sólo Venezuela, sino también Bolivia, Ecuador, Argentina, Brasil, entre otros han sido víctimas de las campañas de desinformación de tales medios)? La respuesta es fácil de ver. Tales medios son parte de multinacionales mediáticas que controlan la mayoría de medios en Latinoamérica. Sus intereses se encuentran amenazados por tales gobiernos, que intentan diversificar el abanico ideológico en los medios, hasta la actualidad muy dominados por compañías multinacionales de orientación conservadora y neoliberal. Por extraño que le parezca al lector español, Venezuela tiene mayor pluralidad ideológica en los medios que España, donde la extensión de la prensa o medios televisivos de izquierdas es muy limitada. Hay más medios televisivos y rotativos de derechas en Venezuela que medios televisivos y rotativos de izquierdas en España. Imagínense si en España un gobierno de izquierdas quisiera diversificar tal oferta mediática. Habría una enorme movilización de los medios conservadores y neoliberales acusando al gobierno de atacar la libertad de prensa y de expresión. Mientras, su dominio sobre la información, con escasas voces y medios alternativos, lo definen como “libertad de expresión”.

viernes, 11 de marzo de 2011

La verdad, la mentira y la ignorancia lejos de Wikileaks

http://www.cubadebate.cu

Probablemente usted ya esté en conocimiento del affaire Assange y Wikileaks. Pero lo que quizás llame su atención es que un colectivo de hackers autodenominados “Anonymus” (conocidos por el hackeo y el ciberataque a Paypal, Visa, etc.) la han emprendido contra Venezuela. Sus razones parecen salidas de un guión de la USAID, los que habitualmente se encargan de elaborar las matrices de opinión pública que tan buen resultado dan en los medios internacionales.

viernes, 11 de febrero de 2011

UNA PRENSA SIN PRINCIPIOS. Por Naomi Wolf


Por Naomi Wolf

Julian Assange, el fundador de Wikileaks, ha vuelto a saltar a la primera plana después de que el exbanquero suizo Rudolf Elmer le hiciera entrega de los registros confidenciales de alrededor de 2.000 multimillonarios que, según él, muestran evidencias de blanqueo de capitales y evasión fiscal. Elmer fue rápidamente declarado culpable de violar las leyes de secreto bancario de Suiza, pero pocos periodistas han exigido que Assange sea procesado por su papel en el asunto. Esto, al parecer, ocurre sólo en Estados Unidos.

Allí, en medio del debate sobre la divulgación de cables clasificados del Departamento de Estado y mientras el Gobierno amenaza a Assange con la extradición y el enjuiciamiento, los periodistas respetados buscan apresuradamente un techo que les proteja. Uno espera que los editoriales de The New York Times, The Wall Street Journal y USA Today, por no mencionar a los programas de televisión, defendieran el derecho de Wikileaks a publicarlos, pero en su lugar hemos escuchado un silencio torpe, sordo e hipócrita.

La mayoría de los periodistas americanos entienden que Assange no obtiene ilegalmente material clasificado. La parte que tiene responsabilidad penal es la que entrega el material a la web. Assange no es como Daniel Ellsberg, que en 1971 entregó ilegalmente los Papeles del Pentágono, que narraban la historia secreta de las Fuerzas Armadas de EEUU en la guerra de Vietnam. Más bien es análogo a The New York Times, que tomó la valiente y correcta decisión de publicar ese material.

¿A qué viene el silencio cobarde de los periodistas que hacen lo mismo que Assange?

Por otra parte, los periodistas estadounidenses saben que ellos también trabajan con material clasificado constantemente. De hecho, un número nada desdeñable de prominentes periodistas de EEUU han desarrollado lucrativas carreras haciendo exactamente lo que Assange. En cualquier cena de los círculos de los medios de Nueva York o Washington hay periodistas que muestran sus mercancías a posibles compradores o que intercambian favores entre sí revelando información clasificada.
Hace poco, en la CNN se produjo un largo silencio cuando le pregunté al analista legal Jeffrey Toobin -que llamaba a que se detuviera a Assange- si realmente nunca había manejado información clasificada. Eso es lo que hacen los periodistas serios, después de todo: su trabajo consiste en averiguar lo que los funcionarios del Gobierno no quieren revelar.
Los periodistas estadounidenses también saben que el Gobierno clasifica la información sobre todo para ahorrarse vergüenzas o por conveniencia más que por preocupaciones legítimas de seguridad nacional. Muchos de los libros más vendidos del periodista de The Washington Post Bob Woodward, que lo han convertido en el periodista de prensa mejor pagado de Estados Unidos, se basan en información clasificada.

No es necesario dar un golpe de Estado para censurar una sociedad abierta

¿Por qué estos periodistas que reciben elogios y dinero por hacer lo que Assange ha hecho mantienen un silencio cobarde mientras un compañero se enfrenta a amenazas de extradición y cargos de espionaje, que incluso pueden implicar la pena de muerte? Una de las razones podría ser los cargos contra Assange por delitos sexuales. Sin embargo, cualquier periodista serio sabe que son dos temas que no deben confundirse.

El derecho a la libre expresión se aplica a pícaros y sinvergüenzas, sórdidos personajes e incluso criminales. De hecho, los casos por la defensa de la libertad de expresión más famosos implican la protección de expresiones y formas de discurso que la mayoría de la gente detesta.

El caso Assange muestra que no es necesario dar un golpe de Estado para censurar una sociedad abierta. Sólo hay que realizar algunas tareas clave, como intimidar a los periodistas, por ejemplo, acusando a un periodista de "traición" o de que sus reportajes ponen en peligro la seguridad nacional, para luego amenazarle con la tortura, un juicio retransmitido por los medios o la detención indefinida. No es preciso hacer arrestos en masa porque otros reporteros comenzarán inmediatamente a autocensurarse y a atacar al "traidor" de sus filas.

Los periodistas valorados de EEUU creen que Assange no es uno de ellos. El modelo de negocio del periodismo estadounidense está colapsado. Quienes deberían defender a Assange se enfrenta a reducciones de salarios o al desempleo, debido, en gran parte, al medio al que representan. Estos prejuicios interesados de los periodistas en contra de un medio del que no son los guardianes les impide admitir que Assange es un editor y no una especie de bloguero terrorista. Perseguir a Assange es inútil y absurdo, ya que, incluso si lo encierran para siempre, el mundo del futuro es un mundo Wikileaks. Tratar de condenarle es como intentar juzgar a la persona que creó el teléfono. En cinco años, las instituciones tendrán que dar respuesta ante su propia versión de Wikileaks para que la sociedad pueda descubrir lo que los guardianes tradicionales prefieren ocultar.

Al ser intimidados, los periodistas sólo pueden protegerse devolviendo el golpe en grupo. Y, cuando es inevitable un cambio provocado por la tecnología, la integración en una sociedad abierta debe ser una de las principales tareas del periodismo. Pero esa misión parece haberse perdido hoy en día en Estados Unidos.