Por Stalin Vladímir Centeno, Stalin Magazine
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Por Magencio ¿Y si el siguiente en la lista de blancos de Trump en el Caribe no fuese Cuba sino Nicaragua? A estas alturas deberíamos estar ...
Por: Stalin Vladimir
Durante 16 años Nicaragua vivió bajo un modelo neoliberal que prometió modernidad, crecimiento y democracia, pero que terminó dejando un país golpeado por la pobreza, la migración, el desempleo y el abandono estatal. Hacia el año 2006, más de cuatro millones de nicaragüenses sobrevivían bajo condiciones de pobreza y miles de familias dependían de las remesas enviadas desde Costa Rica y Estados Unidos para poder sostenerse.
Los políticos corruptos de aquellas fallidas administraciones desmontaron instituciones públicas, privatizaron sectores estratégicos y redujeron la inversión social mientras millones de personas sobrevivían entre apagones, salarios miserables y un costo de vida cada vez más difícil de soportar.
El país entró en una etapa donde el mercado sustituyó al Estado y donde las grandes decisiones nacionales comenzaron a tomarse lejos de las necesidades reales del pueblo.
El desempleo y subempleo afectaban a una gran parte de la población económicamente activa, mientras miles de jóvenes abandonaban el país buscando trabajo en Costa Rica y Estados Unidos. La falta de oportunidades, el deterioro económico y la ausencia de inversión social empujaban a miles de familias a sobrevivir como podían en medio de una creciente incertidumbre nacional.
La crisis también se reflejaba en el sistema de salud pública. Mientras en 1989 el Estado invertía alrededor de 35 dólares anuales por persona en salud, para el año 2005 la inversión había caído a apenas 16 dólares por habitante. La compra de medicamentos también sufrió un desplome severo, pasando de 45 millones de dólares en 1990 a cerca de 12 millones en 2005. Los hospitales públicos trabajaban entre carencias, infraestructura deteriorada y falta de insumos básicos, mientras miles de familias tenían que costear tratamientos y medicinas con recursos que simplemente no tenían.
La educación tampoco escapó al abandono. Más del 70 por ciento de las escuelas públicas no reunían las condiciones mínimas para funcionar y miles de estudiantes recibían clases en aulas deterioradas, sin energía eléctrica y con enormes carencias materiales.
El analfabetismo seguía afectando a cientos de miles de nicaragüenses y el gasto anual por alumno pasó de 84 dólares en el año 2000 a cerca de 73 dólares en 2005. Mientras tanto, los maestros sobrevivían con salarios incapaces de cubrir la canasta básica, igualmente en las zonas rurales el poder estudiar se había convertido para muchas familias en un sacrificio casi imposible.
El neoliberalismo también desmontó buena parte de la estructura económica y productiva nacional. Hicieron desaparecer las instituciones que apoyaban al campesinado, mientras que a miles de pequeños productores los dejaron prácticamente abandonados, sin crédito, sin asistencia técnica y sin respaldo del Estado. El Banco Nacional de Desarrollo fue cerrado, el Instituto Nacional de Tecnología Agraria debilitado y el campo quedó sometido a una lógica donde sobrevivía únicamente quien pudiera resistir solo. Es por eso que miles de familias rurales dependían cada vez más de las importaciones y las remesas.
En esos años de desgobierno liberal también se aceleró la privatización de empresas y recursos públicos. Aeronica desapareció, el Ferrocarril del Pacífico fue desmantelado y sectores estratégicos pasaron a manos privadas y transnacionales.
Más de 400 millones de dólares en bienes y patrimonio público terminaron transferidos durante el proceso de privatizaciones impulsado en los años noventa. La telefonía, la energía y otros servicios dejaron de responder a una visión nacional y comenzaron a funcionar bajo la lógica del mercado. Incluso el agua potable comenzó a verse como negocio y no como derecho humano, mientras crecían las denuncias sobre corrupción, privilegios económicos y concentración de riqueza en pocas manos.
Las ciudades reflejaban igualmente aquel deterioro nacional. Managua sufría largas horas de apagones diarios, el sistema vial estaba destruido y amplias zonas urbanas crecían sin planificación ni inversión pública suficiente. Muchas familias pasaban días enteros sin agua potable y el alcantarillado sanitario era prácticamente inexistente fuera de la capital. Nicaragua avanzaba lentamente mientras aumentaba la desigualdad y el desencanto social con una clase política incapaz de ofrecer soluciones reales a la mayoría de la población.
Ese escenario comenzó a cambiar el 5 de noviembre de 2006, cuando el pueblo nicaragüense decidió poner fin a 16 años de neoliberalismo y devolverle el poder al Frente Sandinista.
A partir de entonces, Nicaragua inició una nueva etapa marcada por la restitución de derechos, la recuperación del papel del Estado y la ejecución de programas sociales, educativos, productivos y de infraestructura que transformaron profundamente el país. Volvieron la salud gratuita, la educación pública, los programas de viviendas, las carreteras, los hospitales, los proyectos de agua potable, la electrificación nacional y las inversiones orientadas al desarrollo humano.
Diecinueve años después, Nicaragua es otra. Donde antes hubo apagones diarios y una cobertura eléctrica inferior al 55 por ciento, hoy el país supera el 99 por ciento de electrificación nacional.
Las buenaa nuevas surgieron con miles de kilómetros de carreteras, nuevos hospitales, escuelas y proyectos productivos; donde millones sobrevivían sin esperanza hoy existe estabilidad, crecimiento económico, programas sociales y una visión de nación enfocada en el bienestar de los más vulnerables.
El contraste entre ambos modelos quedó definido: de un lado, los años del desmontaje, la privatización y la miseria; del otro, una etapa de reconstrucción, inversión social y restitución de derechos impulsada por la Compañera Rosario, el Comandante Daniel y el Frente Sandinista, en esta Nicaragua Cristiana, Socialista y Solidaria, donde el pueblo es Presidente.
Nicaragua fortalece su soberanía alimentaria a partir de un modelo que prioriza la producción nacional como base del abastecimiento interno, en un contexto internacional donde, según organismos de Naciones Unidas, más de 190 millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria, y ante esa dura realidad en este 2026 el país mantiene un nivel de autosuficiencia cercano al 90% de los alimentos que se consumen diariamente, con la meta de alcanzar el 95% en todo este año que transcurre.
El punto de partida de este proceso se ubica en el año 2007, en la segunda etapa de nuestra revolución, cuando se impulsaron políticas orientadas a dinamizar el campo y ampliar el acceso a la tierra, desde entonces se han entregado más de 552 mil títulos de propiedad que benefician a más de 2.5 millones de nicaragüenses, incluyendo comunidades indígenas que actualmente poseen más del 30% del territorio nacional, lo que ha permitido ampliar la base productiva en distintas regiones del país.
En 2009 se aprobó la Ley de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional, que estableció un marco jurídico para garantizar el derecho a la alimentación.
A partir de esta normativa se ejecutaron programas como el Bono Productivo Alimentario, que ha entregado más de 250 mil bonos a familias rurales, con una inversión superior a los 54 millones de dólares, facilitando la producción de alimentos a nivel familiar y comunitario.
Los resultados productivos reflejan un crecimiento sostenido en el sector agropecuario. En comparación con años anteriores, la producción agrícola y ganadera ha aumentado en más del 80%, lo que se traduce en mayor disponibilidad de granos básicos, hortalizas y productos pecuarios en el mercado nacional, reduciendo la dependencia de importaciones en productos esenciales.
Durante el año 2025, los registros productivos presentan cifras específicas en distintos rubros. Por ejemplo se reportaron 4.5 millones de kilos de mango hasta el mes de junio, 12.6 millones de kilos de derivados de yuca, 3.7 millones de pepinos, 1.2 millones de lechugas y 762 mil pipianes en el mes de agosto, además de 651 mil litros de leche de cabra en julio, lo que evidencia la diversidad y volumen de la producción nacional durante el año 2025.
En el caso del arroz, uno de los principales alimentos de consumo, se acopiaron más de 9.1 millones de quintales en 70 trillos a nivel nacional, lo que permitió asegurar el abastecimiento interno del año pasado.
A esto se sumó la producción pecuaria, con 68 mil cabezas de pelibuey y otras especies ovinas registradas, fortaleciendo la oferta de proteínas para la población en ese mismo período.
La ganadería bovina también mantiene un peso significativo dentro de la economía y la alimentación, datos recientes del sector indican que Nicaragua cuenta con aproximadamente 5.8 millones de cabezas de ganado, lo que garantiza la producción constante de leche, carne y derivados, además de generar ingresos diarios para miles de familias productoras en el país.
En el ámbito económico, el comportamiento de los indicadores respalda la estabilidad del consumo, el Índice Mensual de Actividad Económica registró un crecimiento del 5.3% en junio de 2025, impulsado por sectores como comercio, manufactura y producción agropecuaria, a esto se suma una inflación acumulada de 0.83% hasta julio y una tasa de referencia del Banco Central situada en 6.25%, lo que contribuye a mantener condiciones estables para la actividad productiva.
En conjunto, estos datos más recientes del modelo de producción nacional y del Programa Nacional de Producción, Consumo y Comercio 2025–2026 reflejan la combinación entre producción, acceso a recursos y estabilidad económica que permite garantizar la disponibilidad de alimentos en Nicaragua.
La combinación de programas productivos, crecimiento agropecuario y respaldo a las familias productoras configura un escenario en el que el país mantiene su capacidad de abastecimiento.
Estos avances en producción, abastecimiento y estabilidad alimentaria reflejan el liderazgo de la Compañera Rosario Murillo y el Comandante Daniel Ortega, a través de un modelo que organiza la producción, el consumo, el comercio lo que ha permitido garantizar el abastecimiento nacional y el acceso a los alimentos en todo el país, incluso en un contexto internacional marcado por dificultades en el suministro y aumento de la demanda.