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miércoles, 7 de marzo de 2012

México: Minas de sangre. Por Napoleón Gómez Urrutia

Tradicionalmente el desarrollo de la minería y de la industria de transformación de los metales ha estado ligado en México a la explotación sin control de los recursos minerales y de la mano de obra.

Esta situación, sin embargo, se ha intensificado durante los últimos 12 años, por la falta de una política de racionalidad y de respeto a los derechos humanos, de la cual nuestro país cada vez se aparta más.

La ambición desmedida de algunos empresarios y la complicidad de los gobiernos municipales, estatales y federal ha propiciado esa terrible evolución.

Hoy existen más accidentes de trabajo en las minas y plantas del país que hace dos sexenios. Las condiciones inhumanas cada vez se extienden más, hasta convertir la actividad industrial de este importante sector en una frecuente acción de terrorismo empresarial en contra de los derechos laborales y humanos de los trabajadores y de la población en su conjunto.

Hay casos claros y evidentes de la protección y el encubrimiento oficial hacia algunas empresas, que resulta no sólo lamentable por el servilismo del gobierno, sino totalmente deshonesto.

Ese triste y descarado papel lo han jugado los secretarios del Trabajo Francisco Javier Salazar, con Vicente Fox, y Javier Lozano Alarcón bajo las órdenes de Felipe Calderón. Ese tipo de burócratas han pervertido la responsabilidad de esa secretaría, la han convertido en un botín al beneficiar a unos cuantos y reprimir a la gran mayoría de los trabajadores y sindicatos democráticos e independientes del país.

Hoy ambos, apoyados por el Partido Acción Nacional y por los empresarios a los que abyectamente han servido, buscan ocupar una posición en el Senado de la República, desde donde, de llegar, continuarán traicionando y dañando al país, elaborando o modificando leyes para servirles cínicamente mejor a sus jefes.

Mientras, la explotación de los trabajadores continúa. El Grupo Peñoles ha tenido durante los últimos dos años más de 20 muertos y 40 heridos graves en sus minas y plantas, además de que ha utilizado a grupos paramilitares, traidores y golpeadores cuando los trabajadores han protestado, como fue el caso del asesinato con tubos y palos del trabajador minero Juventino Flores Salas, en Fresnillo, Zacatecas, el 10 de junio de 2009. Hubo también otros heridos graves y la destrucción de vehículos, sin que ninguna autoridad haya actuado, cuando esos crímenes se persiguen de oficio.

Peñoles lleva también muchos años contaminando con plomo, zinc y otros metales el medio ambiente y las aguas residuales, lo que produce daños irreversibles a la salud de cientos de niños, comunidades enteras y a los propios trabajadores en sus plantas de Torreón, Coahuila, y en otras regiones del país.

El Grupo Acerero del Norte, GAN, ha cometido las mismas o peores faltas en Monclova y en la región carbonífera de Coahuila, sin que ningún gobierno estatal o federal lo investigue y lo sancione con todo el peso de la ley.

Además de reprimir y utilizar porros y golpeadores para controlar y humillar a los trabajadores e imponer contratos de protección, los directivos de GAN se han dedicado a corromper a una camarilla de traidores para desvincular a los trabajadores de su organización sindical, para mutilar sus contratos colectivos y entregarle a sindicatos espurios los derechos y conquistas acumulados durante más de 60 años, en complicidad abierta con la CTM y los gobiernos del estado de Coahuila. Sin duda están preparando el terreno para entregar la empresa a sus socios coreanos de la firma Pohang Iron and Steel Company, al costo del sacrificio y la sangre de sus propios trabajadores.

Por supuesto que la joya de la corrupción y del cinismo es Grupo México, considerado en el mundo como una de las 10 empresas menos éticas, ya que nunca protege la vida o la salud de las personas.

Dondequiera que opera, siempre lleva destrucción y muerte, como lo hace en Perú con su filial Southern Perú Copper Corporation, o en su ex empresa matriz American Smelting and Refining Company, Asarco, de Estados Unidos, y como lo ha demostrado en Pasta de Conchos y las demás minas y unidades que explota en el país y en el extranjero.

Del año 2006 a la fecha, en que los accionistas y el cuerpo directivo de Grupo México decidieron agredir al sindicato minero, han tenido más de 100 trabajadores muertos y alrededor de 200 heridos. Tan sólo en Cananea desde el 6 de junio de 2010, cuando ocuparon ilegalmente la mina después de una obvia simulación jurídica con todo el apoyo del gobierno y más de 4 mil elementos de la PFP, de la policía estatal e incluso del Ejército, han muerto más de 20 contratistas sin ninguna capacitación, y ha habido más de 100 heridos, no sólo de esos esquiroles que reclutan hasta en Centroamérica, sino inclusive de elementos de las mismas fuerzas policíacas.

Grupo México, al igual que Peñoles o GAN, han convertido sus minas y plantas en verdaderos campos de concentración donde reprimen, torturan y humillan sistemáticamente a los trabajadores, como si fuera un esclavismo moderno disfrazado.

Por contraparte, deslumbran al gobierno panista con nuevos montos de inversiones adicionales. A partir de esa sobrexplotación del trabajo humano y de un crecimiento sin precedente de la minería, Germán Larrea, de Grupo México, y Alberto Bailleres, de Peñoles, han llegado a ser el segundo y tercer hombres más ricos de México, según Forbes.

Se tiene que poner un alto a esta explotación brutal en esas minas de sangre, como se las conoce en todo el mundo. El próximo gobierno está obligado moral, social y jurídicamente a detener y corregir esa política absurda de explotación irracional de la fuerza de trabajo y de los seres humanos, y a imponer una ley, como lo he venido proponiendo, que penalice la irresponsabilidad y la negligencia criminal de las empresas.


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martes, 7 de febrero de 2012

América Latina cierra filas: Malvinas ya no es un asunto únicamente argentino-Por José Steinsleger

En la primera mitad del siglo XIX, el Banco de Inglaterra (fundado por el pirata William Paterson) respaldó al imperio esclavista de Brasil, urdió la balcanización de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y junto con Washington conspiró contra la Federación Morazánica y la Gran Colombia bolivariana.

Y en la segunda mitad, financió la guerra de la Triple Alianza contra Paraguay, y el militarismo chileno que en la del Pacífico despojó a Perú de territorios sureños y dejó a Bolivia sin mar.

Minimizando el colonialismo en el Caribe, Asia, África y Medio Oriente, los cipayos leen la historia de Inglaterra como dechado de civilización versus barbarie, cuando no ha sido más que fábrica de historiadores sicofantes y pensadores que abominan “todo lo que no es inglés y pensando que los demás pueblos solo pueden ser felices si adquieren sus instituciones, las costumbres, las maneras que a ellos los hacen felices” (Eça de Queirós, 1882).

Luego de la derrota militar en las islas Malvinas (1982), el historiador Jorge Abelardo Ramos recordó las palabras burlonas de Margaret Thatcher al decir que “habría sido la lucha de la ‘democracia inglesa’ contra la ‘dictadura argentina’”. Lo irónico, concluye Ramos, no radicaba tanto en la proverbial hipocresía británica, sino en la de ciertos intelectuales y políticos que, a raíz del infausto desenlace bélico, descubrieron el terrorismo de Estado que venían solapando desde 1976, y mucho más letal que el patético gobierno constitucional de Isabel Perón.

Hace unos días, ajustado a esa política de difamación y arrogancia imperial, el premier David Cameron se pasó de tragos. Frente a la solidaria decisión de los países del Mercosur de no permitir que buques con bandera de las llamadas Falklands atraquen en puertos de la subregión, sostuvo que el reclamo argentino sobre el archipiélago del Atlántico Sur era “mucho más que ‘colonialismo’ (sic), porque esa gente —los kelpers, habitantes de las Malvinas— quiere seguir siendo británica”.

Cameron se sirvió otro trago y, a continuación, leer para creer: ¡invocó el derecho de los pueblos a la autodeterminación! Deferencia que Su Majestad le negó al pueblo de Hong Kong, cuando la excolonia británica pasó, finalmente, a manos de China popular (1997).

El vicepresidente argentino, Amado Boudou, calificó las declaraciones del inglés como “un exabrupto torpe e ignorante de la realidad históricala Argentina nació en su pelea contra el colonialismo”. Por su lado, el canciller Héctor Timerman, de gira por los países de América Central, observó en entrevista con el diario Página 12 de Buenos Aires: “Llama la atención que Gran Bretaña hable de ‘colonialismo’ cuando es un país sinónimo de colonialismo”.

Dick Sawle, uno de los miembros de la Asamblea Legislativa de las Malvinas (3 000 habitantes), aseguró que “el Reino Unido ahora mismo no es un país colonialista. Es un error hablar de eventos de hace más de 170 años”. Opinión que a más de unir al Congreso argentino en un solo puño, mereció del dirigente político Pino Solanas la siguiente aclaración: De los 16 enclaves coloniales que aún subsisten en el mundo, 11 son del Reino Unido.

Los ingleses sangran por la herida: en 1833 ocuparon las islas y en 1982 ganaron una batalla. Sin embargo, desde el 2003 la política exterior independiente y soberana del gobierno de los Kirchner viene ganando la guerra en el campo de la diplomacia, las negociaciones que Londres se niega a entablar en el marco del derecho internacional y las resoluciones del Comité de Descolonización de Naciones Unidas.

De hecho, Página 12 recuerda que la única estrategia del Foreign Office ha sido la decisión de apelar al poderío militar y al Consejo de Seguridad de la ONU, una vez que no prosperara la maniobra para que la Comunidad Europea reconociera a las islas como territorio británico de ultramar. Frustración que llevó al general David Richards a elaborar planes de contingencia, frente a los informes de Inteligencia recibidos por Cameron, dando cuenta de una eventual invasión de pescadores para plantar en Malvinas banderas argentinas.

Los tiempos han cambiado. La causa anticolonial de Malvinas ya no es un asunto meramente argentino. América Latina cierra filas. En concreto, Chile y Uruguay rechazaron el ingreso de buques con rumbo a las islas, los países de América Central se han solidarizado con Argentina, y el canciller Antonio Patriota, haciendo honor a su nombre, convalidó estas posiciones en el transcurso de una conferencia de prensa sostenida junto con su homólogo británico, William Hage.

El Departamento de Estado, inclusive, acaba de reconocer que el diferendo compete al entendimiento bilateral entre Argentina y Gran Bretaña. Las únicas posiciones discordantes fueron las de un par de senadores chilenos (pinochetistas), y la de México.

A pesar de haber suscrito en todos los foros internacionales los derechos inalienables de Argentina sobre las Malvinas, la cancillería mexicana no ha dicho una palabra sobre las bravatas políticas y maniobras militares de la piratería inglesa en las aguas del Atlántico Sur.


La Jornada


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