Por Tamer Sarkis Fern谩ndez
Aunque no la pol铆tica de producci贸n de la f谩brica, s铆 habite
en el interior del sujeto su producto mercantil, hace del sujeto mismo
en cada caso un fabricante m谩s; una pieza m谩s de la f谩brica que se ha
convertido en su 煤nica pseudocomunidad de sentido y referencia.
1. Colonizaci贸n participativa
Aunque el capitalismo se ha especializado en la producci贸n de todo
cuanto pod铆a contribuir a provocar el inflamiento de la rueda de la
acumulaci贸n de Capital -empezando, pues, por producir al sujeto
productivo mismo-, quiz谩s lo m谩s acertado hoy sea definir a tal sistema
como una hiper-centralizada f谩brica de sentido. El movimiento es doble:
(1) De un lado, globalizaci贸n de los
mercados y de las presencias fabriles. Producci贸n multi-local y
fragmentaria con arreglo a un sistema jerarquizado de divisi贸n
internacional del trabajo. Subcontrataciones. Irradiaci贸n planetaria de
las mercanc铆as portadoras de esos sentidos pre-hechos. Participaci贸n y
cogesti贸n ciudadana de los asuntos que ata帽en a la salud capitalista y a
los comunes intereses primermundistas parejos a las capturas
imperialistas de Valor. Municipalizaci贸n de competencias y
empoderamiento corporativo, colegiado, de distrito, peque帽o-accionarial…
En s铆ntesis, expansi贸n -o m谩ximo intento expansivo- de una bomba que no
deja nada intacto y que todo lo capitaliza en una subsunci贸n
satisfactoria para el est贸mago, para la identidad, para el recreo y para
el “buen pasar” cotidiano. Dulce guinda de un Valor no ya meramente
socializable, sino que urge socializar como ant铆doto a su propia
sobre-acumulaci贸n legada por superbeneficios.
(2) Del otro lado, en movimiento
sim茅trico a aquel descrito, monolitismo del sentido mismo de cada
experiencia y de todas las vivencias, emanando el sentido desde una
煤nica torre evanescente ideol贸gica que m谩s all谩 de su ciudadela
amurallada levant贸 una y otra bas铆lica especializada en producir “el
amor”, “la aventura”, “la noche”, “la salud”, “la vejez”, “el juego”,
“el turismo”, “la gastronom铆a”… Uno u otro momento de “la vida”. As铆
pues, concentraci贸n superlativa de contenidos pareja y solidaria a la
poliarqu铆a de espacios y de agentes mercantiles. Big-bang de la
acumulaci贸n llevado a sus 煤ltimas consecuencias. Repliegue en la
concreci贸n de emisiones hasta alcanzar una part铆cula de materia
ideol贸gica infinitamente compacta provista de un campo de irradiaci贸n
energ茅tica que esculpe cada mercanc铆a, dicta cada relaci贸n social y
coloniza cada experiencia subjetiva.
Paradoja: aquellos a quienes se llama “creativos” son en realidad
especialistas en materia de tradici贸n. Son profesionales de la
re-creaci贸n de un sentido que no deciden ellos m谩s de lo que podr铆a
hacerlo el destinatario de “sus” mensajes. Formados, no ya
acad茅micamente sino en sus experiencias de sujetos sociales, por unos
sentidos-directriz incrustados en cada relaci贸n de la que han podido
tomar parte directa o distanciada, los “creativos” no hacen otra cosa
que a帽adir con astucia unos compuestos potenciadores del canto de las
sirenas en el interior de la corriente que todo se lo lleva. La
Psicolog铆a ayuda a encontrar las palabras adecuadas a la entonaci贸n del
hechizo.
Esta f谩brica de sentido, lejos de ser fundamentalmente una mera
proyecci贸n medi谩tico-cultural de contenidos vertidos a masas de mirones
apelmazados frente a la pantalla o ante la gu铆a del ocio, manifiesta su
poder铆o cuando despliega de manera aut贸noma las interacciones en cuyo
seno los sujetos realizan cualesquiera de esas ideolog铆as, las difunden y
las propagan, a ellas y a las realidades que les corresponden. “No debe
entenderse el espect谩culo como el enga帽o de un mundo visual, producto
de las t茅cnicas de difusi贸n masiva de im谩genes. Se trata m谩s bien de una
Weltanschauung que se ha hecho efectiva, que se ha traducido en t茅rminos materiales. Es una visi贸n del mundo objetivada” (Guy Debord, La sociedad del espect谩culo).
El hecho de que, aunque no la pol铆tica de producci贸n de la f谩brica,
s铆 habite en el interior del sujeto su producto mercantil, hace del
sujeto mismo en cada caso un fabricante m谩s; una pieza m谩s de la f谩brica
que se ha convertido en su 煤nica pseudocomunidad de sentido y
referencia. Es por ello que el aislamiento decisivo a la hora de
favorecer la realizaci贸n y la reproducci贸n de esas ideolog铆as y de sus
vivencias no es el aislamiento de un espectador solitario indefenso en
su vac铆o de interacci贸n. Es el aislamiento de quienes se relacionan
reforzando mutuamente su colonizaci贸n respectiva en una interacci贸n
vac铆a de significados al margen. As铆, la conjunci贸n, la concurrencia, la
convergencia espacial pueden hallarse banalmente a la vista (y ser
aprovechadas por los apologetas de las posibilidades abiertas a la
actividad) mientras el aislamiento infinito lo es entre el sujeto y su
propia capacidad enajenada de producir realidad, tanto como entre los
interactuantes y sus capacidades enajenadas respectivas en mutua
incomunicaci贸n.
2. La metaf铆sica de lo subjetivo
En el pasado toda una sociedad con sus sabios y fil贸sofos a la cabeza
se preguntaba por la verdad de los conceptos tom谩ndolos como si fueran
cosas. La pregunta metaf铆sica central giraba en torno a una supuesta
verdad ideal de lo que no son sino realidades que los hombres inventan
en condiciones determinadas y que pueden llegar a destruir. El sujeto,
inconsciente en cuanto a sus dotes de creador, a la historicidad de
cuanto crea y a la suya propia, ansiaba penetrar en “las ideas” o
favorecer a los iluminados que pregonaran ser capaces de hacerlo (lo
vemos en Plat贸n). M谩s tarde, derrotado y esc茅ptico de esta posibilidad,
levantaba la bandera blanca para retirarse a su mundo fenom茅nico dando a
la realidad un estatuto de ininteligibilidad (lo vemos en Kant).
Hoy pocos son los que dan rango ontol贸gico a la aventura, a la
creatividad, al bienestar o a la felicidad, pero la defunci贸n de aquella
metaf铆sica abre la flor pl谩stica de la ilusa creencia en lo subjetivo
como ADN fundador de todo sentido justamente cuando la ideolog铆a
dominante toca m谩s alto que nunca la marcha f煤nebre al son de la que los
esp铆ritus pose铆dos bailan “su” danza macabra. Este espejismo de “la
libertad de invectiva y de una imaginaci贸n desatada en cada uno que
estuviera en el origen de unas opiniones de valor relativo y personal”,
¿no ser谩 alima帽a criada al calor de este desierto, de este vac铆o de
sentido extra-espectacular? Lo cierto es que, como poco, esta ilusi贸n de
autonom铆a viene de perlas a la mesocracia primermundista sobre cuyos
gustos, visi贸n y consideraciones de vida se han venido edificando todas
las realidades que luego ella puede empaquetar y vender a una sociedad
necesitada de consumir lo existente al tener insatisfecha su necesidad
de parir sentidos de cosecha propia ahora inexistentes.
Vendido a la mercanc铆a, 煤nico ente con el que puede dialogar sin
mediaciones y al que reivindica toda inquietud vital que la mercanc铆a no
puede satisfacer pero s铆 recuperar para s铆 como nuevo motor de consumo,
el alienado es un creyente postrado ante una divinidad que se hace de
rogar. A sus ojos no cabe ninguna verdad, pues la disonancia entre las
experiencias mercantiles y su inquietud de s铆 es total. Total es tambi茅n
su presentimiento sin nombres a prop贸sito de hallarse enterrado en una
totalidad falsificaciones. Y “por otro lado” no se imagina inventando
verdad en comunidad. Es sobre este abono de personalidad esc茅ptica en
consonancia a la previa abolici贸n de oportunidades vivenciales para una
edici贸n comunitaria de sentido, donde triunfa provisionalmente la
percepci贸n invertida basada en el libre albedr铆o interpretativo
individual. Basta atender a las mercanc铆as predilectas y relacionar
茅stas con las motivaciones y las expectativas de consumo declaradas para
desvanecer cualquier argumento del espejismo.
¿C贸mo puede sostenerse en serio no ya masivamente, sino de forma casi
un谩nime, que los sentidos objetivos a que la alienaci贸n da lugar no
existen, siendo “lo que a uno le parece que son” y por tanto mutantes en
funci贸n de las mentes entre las que se muevan, y al mismo tiempo no
problematizar el “curioso” dato de que los contenidos de esos
“pareceres” sean tambi茅n de coincidencias casi perfectas? Lo que tenemos
es un mundo en el que las im谩genes se han cosificado con tal vigor que
curiosamente casi ser铆a posible, por primera vez, una “metaf铆sica” de
broma consigo misma en mitad de la par谩lisis total de actividad creativa
y por tanto de la historia. El capitalismo se habr铆a encargado de
cumplir esos sue帽os plat贸nicos o kantianos, quimeras un d铆a, s贸lo que
para acceder a tales “aut茅nticas realidades” no har铆a falta viajar
ning煤n Olimpo, ejercitarse en ninguna introspecci贸n mental y mucho menos
a煤n girarse hacia ning煤n pasado (donde el c铆rculo del espect谩culo no se
hab铆a cerrado todav铆a). Las 煤nicas realidades que hoy dominan como los
煤nicos seres vivos, carro帽eros, el p谩ramo de lo social son aquellas que
se generan seg煤n la combinaci贸n m煤ltiple de tres criterios s贸lo
separables en la bruteza ling眉铆stica: rentabilidad econ贸mica; necesidad
masiva de compensarse por la no realizaci贸n activa de las necesidades y
los deseos; criterios valorativos que la clase dominante posee
honestamente -seg煤n lo que ha inscrito en ella la “deshonestidad” de su
quehacer en la econom铆a- sobre la identidad de lo real y lo deseable.
Esa realidad ubicua y solitaria aludida forma parte de la realidad
causal que la contiene y de las miserias reales contenidas en aqu茅lla.
De ella debe dar cuenta la cr铆tica te贸rica que extrae sus materiales y
sus armas de observarla no m谩s que de combatirla, as铆 como la 煤nica
cr铆tica consonante con su comprensi贸n y su padecimiento no ser谩 ni m谩s
ni menos que ajustarle las cuentas. A esta respuesta pretende aportar
algo este texto, y de la constituci贸n de tal respuesta, de la mano de
condiciones que no pueden hacer otra cosa que producirla, es este texto
un efecto, un golpe m谩s. No en vano, aunque el espect谩culo sea la
par谩lisis misma de lo vivo por detener en seco la actividad generativa
de verdad en favor de su prefabricaci贸n a la manera burguesa, incluso
ese detenimiento de la vida es parte de un proceso que transporta junto a
su propia desenvoltura las contradicciones que har谩n de todo ello agua
pasada; un cap铆tulo m谩s del que al menos el final s铆 lo escribiremos
nosotros.
3. Sin-sentido en la producci贸n enajenada = voracidad de colmarse de sentido en los productos del trabajo
Cuando afirmo que la centralizaci贸n generativa de las vivencias
conforma la realidad de las vivencias no quiero dar a entender -por
supuesto- que esa operaci贸n sea a-causal. O al azar. O expresi贸n de la
pura contingencia. O consecuencia de fuerzas inaprehensibles por las que
no cabe preguntarse. Cuando hablo de la producci贸n -y no de mero
taponamiento- espectacular de realidad me refiero estrictamente a que
preguntas tales como “qu茅 es el verdadero en s铆” son en s铆
mismas un error. Como un Nirvana feliz compendio de lo verdadero, al
que, eso s铆, buena parte del mundo cree tender en respuesta a “la
llamada de sus deseos y consideraciones subjetivas” sobre “lo bueno de
la vida”, esa es justamente la manera en que se presenta a s铆 mismo el
espect谩culo.
La cr铆tica no puede cometer el error de hacer como aquellos “que se
creen profundos porque pescan en lagos profundos donde no hay peces; a
eso ni siquiera lo llamo yo superficial” (Friedrich Nietzsche, As铆 habl贸 Zaratustra).
Sentidos alternativos a la pobreza que nos domina no son conceptos
esenciales a descubrir. Son realidades por inventar a la altura de lo
que podemos dar de nosotros mismos. Pensar lo contrario es marcar un
l铆mite sintom谩tico de esa tendencia del poder a fijar los sentidos; es
trazar una 贸rbita programada por el mismo incluso en la acci贸n de
responderle. El espect谩culo puede ser destruido; no caer谩 sino con el
trasfondo de alienaci贸n del que proviene y al que refuerza: “La cr铆tica
de las ilusiones es la cr铆tica de una realidad que necesita de
ilusiones” (Karl Marx, Cr铆tica de la filosof铆a del derecho de Hegel).
“El espect谩culo no debe oponerse en abstracto a la actividad social
efectiva, pues tal desdoblamiento est谩 en s铆 mismo desdoblado. El
espect谩culo, que invierte lo real, es efectivamente producido en cuanto
tal. La realidad vivida se halla materialmente invadida por la
contemplaci贸n del espect谩culo, y al mismo tiempo alberga en s铆 el orden
espectacular, otorg谩ndole su positiva adhesi贸n. La realidad objetiva se
presenta en sus dos dimensiones. Cada noci贸n fijada de este modo no
tiene m谩s sentido que la transici贸n a su opuesto: la realidad surge en
el espect谩culo, y el espect谩culo es real. Esta alienaci贸n rec铆proca es
la esencia y el sustento de la sociedad actual” (Guy Debord, La sociedad del espect谩culo).
El velo ideol贸gico del espect谩culo tampoco se despliega esencialmente
entre los sujetos y unos sentidos hist贸ricos preexistentes a los mismos
que secuestrados esperaran a quienes los rescaten. El velo ideol贸gico
del espect谩culo se despliega cubriendo con neones de colores el muro
gris que antes el imperio de la burgues铆a hubo desplegado entre los
sujetos y toda oportunidad de vida entendi茅ndola como ocasi贸n objetiva
de libre encuentro en que la afirmaci贸n pasional desate situaciones
desencadenantes, a su vez, de reacci贸n interpretativa alimento para un
imaginario no mediado. El adue帽amiento espectacular del sentido no es,
de este modo, una cuesti贸n de “actitud”, de “aborregamiento”, de
“consumismo irracional desacerbado”, de “comodidad”, de “integraci贸n” o
de “estupidez”. Desposeyendo a las personas de su vida por la
instauraci贸n de ese muro de trabajo instrumental sin sentido
como don sociable ni como expresi贸n de la necesidad de ser capaz y de
darse, m谩s all谩 de sus objetivaciones de conveniencia, la pr谩ctica
econ贸mica burguesa estaba fundando una demanda latente para sus
prosaicas escenificaciones de sentido.
[…] “La cr铆tica le ha quitado a las cadenas sus imaginarias flores,
no para que el hombre la lleve sin fantas铆a ni consuelo, sino para que
arroje las cadenas y tome las flores vivas. La cr铆tica de la religi贸n
desenga帽a al hombre para que piense, act煤e, d茅 forma a su realidad (yo
subrayo) como un hombre desenga帽ado, que entra en raz贸n; para que gire
en torno a s铆 mismo y por tanto en torno a su sol real. La religi贸n no
es m谩s que el sol ilusorio, pues se mueve alrededor del hombre hasta que
茅ste empiece a moverse alrededor de s铆 mismo” (Karl, Marx. Cr铆tica de la filosof铆a del derecho de Hegel).
4. Realidad sin historia
La colonizaci贸n espectacular de no importa qu茅 vivencia no se
comporta re-cubriendo cualquier sentido pasado u original, sino
re-generando radicalmente (desde su ra铆z) aqu茅lla como un programador
que vaciara-reformateara el disco donde va a alojar un contenido nuevo.
Todo aqu茅l que pretenda restaurar en el presente una part铆cula o un
espectro de sentido perdido, deber谩 mirar a la historia para trasladar
esa experiencia entre los en su abrumadora mayor铆a desmemoriados.
En no pocos casos, la reescritura burguesa perfilada con las tintas
de la productividad y la ganancia se nos vuelve clara mediante una
lectura a contraluz etimol贸gica. El inter茅s por el origen de las
palabras no se sucede aqu铆 desde una mirada t铆picamente idealista:
apoyarse en unos sentidos primeros en la ficci贸n de establecer el
“metasignificado”, m谩s all谩 de todo cambio, a replantar en estos d铆as
como si nada hubiera llovido. Caen ellos en una discusi贸n “bizantina”.
La puesta en contrastaci贸n de los significados no remite su fin a la
metaf铆sica que busca la verdad en una supuesta pureza pret茅rita del
lenguaje, sino a la vida: preguntarnos por c贸mo viv铆an y c贸mo valoraban
unos u otros episodios vitales aquellos seres que para esos episodios
acu帽aron nombres acaba por revelarnos la verdad de tales subjetividades
antecapitalistas. Es entonces cuando traspasamos el horizonte tan
invisible como plomizo hasta cuya no-l铆nea lejana se pierde el paisaje
que la burgues铆a ha ido montando sobre “nuestro” mundo. La solidez
evidente por no cuestionada se separa por sus junturas y empezamos a
considerar qu茅 podemos hacer con ese caos informe en ebullici贸n al que
desconoc铆amos por completo y que irrumpe ante nuestra aton铆a como un
ente todo poder e impaciencia. Lo m谩s acertado ser谩 inhumarnos en 茅l.
No cabe duda de que la dependencia del sentido con respecto a las
relaciones de poder es una constante hist贸rica en todas las sociedades
de clases. Distinguimos en una y en otra a esa parte de la sociedad que,
siendo madre de realidades imagen y semejanza de su identidad, es al
mismo tiempo la sociedad entera: parte social funcionando seg煤n un
movimiento separado y fuera de autocontrol, todo porque produciendo
realidad est谩 indirectamente produciendo su sociedad.
Pero lo novedoso del capitalismo hiperdesarrollado es el
hiperdesarrollo de esta intrusi贸n hasta el punto de que la acumulaci贸n
cuantitativa de potencia de imagen eclosiona en un cambio cualitativo:
invasi贸n total, substituci贸n total, por la administraci贸n de im谩genes y
sus consecuencias reales, de cualquier gesto colectivo que pudiera estar
m谩s o menos incondicionado. En efecto, ¿hay ya relaci贸n social alguna
que mediar con im谩genes?; ¿acaso no est谩 la imagen fundando las
relaciones?; ¿no habr铆a pasado a ser su genoma, su “esencia”? Raul
Vaneigem habla de una econom铆a espectacular-mercantil que nos cuida
“como si fu茅ramos plantas de interior”. Sin embargo, la morfolog铆a de
los nutrientes escogidos en el cuidado, de la luz de invernadero y el
agua que impide a la planta la insumisi贸n de no echar frutos, ¿no son
luego la savia misma, la planta misma? ¿Qu茅 ocurre cuando el 煤nico
“desmelene”, la 煤nica “juerga” a la vista, distinguida, pensable,
consiste en tratar de pasar un d铆a en consonancia a la juerga de la
pantalla, es decir, en consonancia a lo que la pantalla -ella
f铆sicamente o el ejemplo real provisto por la juerga de otros; poco
importa- ense帽a? ¿Y cuando los ni帽os abandonados ante la televisi贸n “lo
saben todo acerca de la experiencia de ser madre”, “han aprendido en qu茅
consiste”, “han tenido la oportunidad de imaginarse si茅ndolo”, e
incluso escucharon que “la mujer tiene a partir de cierto momento de su
vida la necesidad interior de serlo”? ¿Y cuando la evidente realidad
capitalista de “la vejez”, si茅ndonos mostrada, nos prepara para “ser
viejos” escribiendo las coordenadas program谩ticas de la “etapa” y la
auto-experiencia antes de que acontezcan realmente?
5. La f谩brica de sentido: estadio supremo del espect谩culo
La vida es sometida a las leyes de la mercanc铆a y 茅stas instauran el
trabajo llamado por Marx “abstracto”, un trabajo que no importa m谩s que
en tanto produce valor. Mediante su actividad (la enajenaci贸n de la
producci贸n gen茅rica en mero trabajo utilitario) la mercanc铆a construye
una sociedad-reflejo de sus necesidades de intercambio y de acumulaci贸n.
Esa sociedad llega a componerse de individuos impotentes que se
limitan a contemplar c贸mo la vida social se sucede sin que parezca que
puedan desviar o invertir su curso. Pueden (y est谩n determinados a)
participar en realizar ese curso, pero no intervenir, hasta que,
desaparecida la intervenci贸n como posibilidad en y para la
sociedad mercantil, desaparece tambi茅n como idea y planteamiento
indesligable de una actividad de ataque a la misma. Ello es as铆 porque
la l贸gica de la mercanc铆a que configur贸 la sociedad, les ha ubicado en
una posici贸n y una identidad que deben ejecutar y que consiste en un yo
individualizado y particularizado. Individualizado por la necesidad
objetiva de subsistir. De tal necesidad se deriva ese peso pesado de la
ideolog铆a resumible en “Encontrar mi camino”. Ideolog铆a y camino que la
generalidad de los individuos, en su separaci贸n, comparte. Y, como digo,
se trata de un individuo particularizado, es decir, dotado de
contenido.
Llegado un punto en el desarrollo del fetichismo de la mercanc铆a,
茅sta supera la reificaci贸n del sujeto en productor-consumidor para
unificarla en una reificaci贸n total: la reificaci贸n del sujeto en
espectador. La alienaci贸n se ha desplazado desde el tener a la
apariencia, o, en palabras de Debord, “Todo lo directamente
experimentado se ha convertido en una representaci贸n”. El significado
del 煤ltimo t茅rmino ha de tomarse aqu铆 no en la acepci贸n “dramat煤rgica”
que cabr铆a darle desde la sociolog铆a goffmaniana (representaci贸n como
fingimiento). Ha de tomarse en aquel sentido que el desglosamiento de la
palabra en sus componentes morfol贸gicos muestra: un volver a presentar
la experiencia de cuya creaci贸n estamos privados, un “d谩rnosla hecha”
que pone el hecho consumado en el lugar del proceso posible; en
definitiva, re-presentaci贸n.
Esto no es m谩s que la consecuencia inextricable de que la mercanc铆a
se ha apropiado para s铆 -ha colonizado- las m谩s variopintas experiencias
y momentos vitales, fijando su sentido seg煤n una triple adecuaci贸n:
i. Las limitaciones y orientaciones que impone la dimensi贸n “f铆sica” de la mercanc铆a en que el sentido se encarna.
ii. La ideolog铆a dominante, ya que los
productores de espect谩culo comparten las expectativas espectaculares en
torno a “en qu茅 consisten” una multiplicidad de experiencias debido a su
formaci贸n profesional y a su “mundo de relaciones”.
iii. La necesidad del propio espect谩culo
de dirigir su propio movimiento, es decir, de gobernar una din谩mica de
modificaciones y readecuaciones permanentes del sentido al ritmo en que
advierte signos de desmotivaci贸n en el espectador por el sentido fijado
en curso. La moda sea tal vez la manifestaci贸n m谩s grosera a que da
lugar este obligado reciclaje del espect谩culo sobre s铆 mismo. Tal
proceso de derrumbamiento de unos hechos consumados a favor de otros
“nuevos” -acostumbran a ser viejos- que toman su puesto no es sino
expresi贸n del devenir activo del espect谩culo en su totalidad y de su
acci贸n sobre el espectador. Es, pues, lo contrario de la praxis, o, como
Debord dice del espect谩culo mismo, “es el movimiento aut贸nomo de lo
no-vivo”.
El espect谩culo es la realizaci贸n total de aquella realidad que Marx
advirtiera: “La ideolog铆a dominante es la ideolog铆a de la clase
dominante”, ya que ha acabado por implicar la ideolog铆a gobernando las
relaciones y d谩ndoles un cuerpo. En su proceso de fortalecimiento ha
llegado a ser, en palabras de Debord, “la ideolog铆a materializada”. La
mercanc铆a y su raz贸n esencial de ser intercambiada, en su labor
directora de la existencia de los sujetos, se revela mortal. La vida, de
la que si de alguna manera puede hablarse es en tanto que actividad
creativa y cuya 煤nica caracter铆stica esencial es la de redefinirse seg煤n
la dial茅ctica creatividad-condiciones de existencia, es aniquilada, y
queda su pseudo-uso: el espect谩culo. Cuando la actividad social se
determina objetivamente con arreglo a la finalidad enajenada de la actividad y a sus outputs
de extracci贸n utilitaria, en el paroxismo de dicho proceso tanto la
actividad social como su vivencia (la auto-concepci贸n del
sujeto-experiencia) no pueden m谩s que tomar la forma encarnada de esos
formatos teleol贸gico-f铆sicos de la alienaci贸n. La f谩brica de sentido se
erige, pues, como la socializaci贸n integral de esa masa de producto enajenado, tomando en s铆 y reemplazando por s铆 la cualidad humana activa de producci贸n social y (auto)experimentaci贸n del hacer desplegado como objetivaci贸n del sujeto.
El origen explicativo de la no-vida queda lejos de estribar
en el sentido que pueda estar distintivamente encarnado en la mercanc铆a.
Hay que buscarlo en la pol铆tica reproductora de la posici贸n mundial
distintiva del sujeto-imperialista consumidor de sobre-producto global
diferido. Es el secuestro capitalista de la vida, con su alienaci贸n de
los seres humanos entre opresores y oprimidos, entre seres beneficiarios
de sobre-valor mundial capturado y seres expoliados de valor, el
proceso que deviene producci贸n espectacular de una para-vida puesta en
el lugar de la vida extraviada. Es 茅ste un boomerang consecuencial para
el mundo-MALL, donde los amos acaban siendo esclavos de su propio dise帽o
global de vida diferencial, mientras en vano tratan de realizar sus
capacidades humanas interactuando con una materialidad producida por su
esclavizada clase mundial dom茅stica “de color”. Guy Debord lo vio claro y
as铆 lo expres贸 Anselm Jappe en su ensayo hom贸nimo: el problema “no es
la ‘imagen’ ni la ‘representaci贸n’ en cuanto tal, como afirman tantas
filosof铆as del siglo XX, sino la sociedad que tiene necesidad de esas
im谩genes.