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miércoles, 29 de julio de 2026

Siempre es 26: Catalunya celebra el centenario de Fidel Castro con un mes de solidaridad, memoria revolucionaria e internacionalismo


Catalunya ha vuelto a demostrar que la solidaridad con Cuba es mucho más que una consigna. Coincidiendo con el centenario del nacimiento de Fidel Castro y la conmemoración del 26 de Julio, aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes que marcó el inicio de la Revolución Cubana, el movimiento de solidaridad organizó tres jornadas que reunieron a centenares de personas bajo un mismo mensaje: Cuba no está sola. Siempre es 26.

Las actividades, impulsadas por la coordinadora catalana Defensem Cuba, el Casal d'Amistat amb Cuba de Barcelona, junto a casales populares, colectivos independentistas, la Associació de Cubans a Catalunya José Martí y otras organizaciones solidarias, combinaron reflexión política, cultura, música y convivencia para reivindicar el derecho del pueblo cubano a decidir libremente su futuro frente al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos.

Un ágora para pensar el legado de Fidel

La primera cita tuvo lugar el 17 de julio en el Casal Popular Tres Voltes Rebel, que cerró el curso con una edición especial del "Sempre és 26" dedicada al centenario del nacimiento de Fidel Castro.

En formato de ágora participativa, Claudia Calvo, brigadista internacionalista, y Claudia González, antropóloga y miembro de la Associació de Cubans a Catalunya José Martí, compartieron cerca de dos horas de conversación con un público que participó activamente en el debate.

Durante el encuentro se repasó la trayectoria de Fidel como dirigente revolucionario, heredero del pensamiento martiano y referente del antiimperialismo. Se recordó su apuesta permanente por la formación política y cultural del pueblo cubano, evocando frases como «Yo no te digo cree, te digo lee» o el principio de José Martí «Ser cultos para ser libres», así como la conocida afirmación popular: «Lo prometió Martí, Fidel lo cumplió».

Ambas ponentes coincidieron en la necesidad de fortalecer el internacionalismo organizado frente al capitalismo, el fascismo y las campañas de desinformación contra Cuba.

La jornada concluyó con una cena compartida, mojitos y música, en un ambiente de fraternidad que volvió a demostrar que los espacios de solidaridad también son espacios para construir comunidad.

Festa Cubana'26: cultura, debate y solidaridad

Una semana después, el 18 de julio, el casal independentista L'Octubre, en el Poblenou, acogió una nueva edición de la Festa Cubana'26, organizada conjuntamente con Ítaca y el Casal d'Amistat amb Cuba de Barcelona.

Cerca de un centenar de personas participaron en una jornada donde el debate político convivió con la música, el baile y la gastronomía cubana.

La charla inicial denunció el bloqueo estadounidense, la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo, la persecución contra las brigadas médicas y las campañas destinadas a justificar el aislamiento internacional de la isla.

Después del coloquio llegó el turno del taller de salsa, la cena popular, el concierto del grupo Con Aché y la sesión musical de PD Prima, que prolongó la fiesta hasta la madrugada.

Todos los beneficios obtenidos durante la jornada fueron destinados a proyectos de solidaridad con el pueblo cubano, reforzando el carácter internacionalista del encuentro.

Como recordó una de las intervenciones, haciendo suya una frase de Fidel Castro, «la solidaridad es la ternura de los pueblos», una idea que atravesó toda la jornada y que resume el espíritu de la Festa Cubana.

Terrassa vuelve a decir: Siempre es 26

El broche final llegó el 25 de julio, cuando la Plaza Primer de Maig de Terrassa volvió a llenarse de solidaridad en una nueva edición del "Sempre és 26".

Defensem Cuba reunió al movimiento de solidaridad con Cuba en Catalunya en un ambiente festivo y reivindicativo marcado por el centenario del nacimiento de Fidel.

Desde las primeras horas de la tarde hubo actividades infantiles, fiesta de la espuma, talleres de salsa y un concurrido torneíllo de dominó organizado por la Associació de Cubans a Catalunya José Martí, cuya participación fue constante durante toda la jornada.

Los parlamentos contaron igualmente con la participación del Consulado General de la República de Cuba en Barcelona, cuya representación agradeció el trabajo desarrollado durante décadas por el movimiento de solidaridad catalán y llamó a continuar defendiendo el derecho de Cuba a vivir sin bloqueo ni injerencias.

Ni el intenso chaparrón que descargó durante la tarde ni los intentos de un reducido grupo de provocadores contrarios a la Revolución de alterar el desarrollo del acto consiguieron empañar una jornada que respondió con serenidad, unidad y convicción.

El concierto de Orlis Pineda, puso el broche final a una celebración en la que tampoco faltaron el pan con lechón, el bar solidario y los espacios para el reencuentro entre organizaciones y amistades de Cuba.

Una misma convicción

Las tres actividades, celebradas a lo largo de una intensa semana, evidenciaron la fortaleza del movimiento de solidaridad con Cuba en Catalunya. Casales populares, asociaciones de amistad, colectivos internacionalistas, organizaciones políticas, la comunidad cubana residente y la representación diplomática cubana compartieron espacios de debate, cultura y movilización para denunciar el bloqueo, defender la soberanía de Cuba y reivindicar el legado de Fidel Castro en el año de su centenario.

Frente a quienes intentan aislar a la isla, las jornadas volvieron a demostrar que la solidaridad organizada sigue creciendo, que el internacionalismo continúa vivo y que el compromiso con Cuba se construye desde la participación colectiva, la memoria histórica y la acción cotidiana.

Porque, como se repitió una y otra vez durante estos días, la solidaridad es la ternura de los pueblos.

Y porque, hoy más que nunca, siempre es 26.



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martes, 28 de julio de 2026

NICARAGUA, CAMINO DE SUEÑOS Y ESPERANZAS. A 40 años de La Zompopera, donde cayeron nuestros compañeros internacionalistas.

«Este es el trabajo más bello que he hecho en mi vida… los tantos muertos que el imperialismo ha provocado en este y otros países, no son su único crimen; los millones de sueños que destruyen, los muchos millones que son condenados a vivir en la miseria… eso es un crimen mucho mayor
— Berndt Koberstein, julio de 1986


28 de Julio del 2026, 40 aniversario del paso a la inmortalidad de los compañeros Berndt Koberstein, Yvan Leyvraz, Joël Fieux, William Blandón y Mario Acevedo

Hay frases que sobreviven a quienes las escribieron porque explican una vida entera. Escrita pocas semanas antes de que su vida terminara violentamente en Nicaragua, habla de la muerte, pero sobre todo habla de la vida; de las vidas condenadas a la pobreza, de los sueños que nunca llegan a convertirse en realidad y de la necesidad de luchar para que un ser humano pueda tener la oportunidad de decidir su propio destino. Cuando Berndt escribió que aquel era el trabajo más bello que había realizado en su vida, probablemente no imaginaba que aquellas palabras acabarían convirtiéndose, cuarenta años después, en una de las mejores formas de comprender por qué él, Yvan Leyvraz, Joël Fieux y tantos otros internacionalistas decidieron abandonar sus países y viajar hasta Nicaragua para poner sus conocimientos, su trabajo y su voluntad al servicio de comunidades que aspiraban a vivir mejor.

La Nicaragua que encontraron después del triunfo de la Revolución Popular Sandinista, el 19 de julio de 1979, era un país devastado por décadas de dictadura, pobreza y desigualdad. En las zonas rurales faltaban escuelas, centros de salud, viviendas, caminos, agua potable y electricidad. La Revolución abrió una tarea inmensa: reconstruir y, al mismo tiempo, llevar derechos y servicios a quienes habían permanecido durante generaciones en el abandono.

En ese proceso llegó una extraordinaria solidaridad internacional. Médicos, maestros, técnicos, constructores, estudiantes y trabajadores viajaron a Nicaragua para compartir conocimientos y esfuerzos. Entre ellos estaban tres europeos que terminarían vinculando para siempre sus nombres con el norte del país.

Berndt Koberstein, alemán de Friburgo, tenía 29 años cuando regresó a Nicaragua en abril de 1986. Era trabajador metalúrgico formado como mecánico industrial, sindicalista y militante comunista. Ya había estado en Nicaragua en 1984, integrado en la Brigada Carlos Fonseca, que colaboró en la instalación de una imprenta para la Juventud Sandinista.

En 1986 regresó a Wiwilí para trabajar en un proyecto de agua potable. Una conducción de unos siete kilómetros debía llevar agua desde un arroyo de montaña del cerro Kilambé hasta la población, sustituyendo el abastecimiento desde el río Coco, asociado a problemas sanitarios. La obra, apoyada desde Friburgo y Europa, era para él mucho más que una infraestructura. «Este es el trabajo más bello que he hecho en mi vida», escribió. 

Yvan Leyvraz, suizo nacido en 1954, tenía 32 años. Era obrero de la construcción y había llegado a Nicaragua a comienzos de 1983. Dirigió brigadas de trabajo, participó en la construcción de un puente en Matagalpa y posteriormente impulsó brigadas suizo-nicaragüenses dedicadas a viviendas y proyectos comunitarios. En Wiwilí trabajó en la construcción de casas para familias campesinas y, desde 1986, en la zona de El Cuá-Bocay. Sus conocimientos incluían construcción, carpintería y electricidad, y los compartía con trabajadores nicaragüenses. 

Joël Fieux, francés de 28 años, había llegado a Nicaragua en 1980 y decidió quedarse. Había estudiado micromecánica y trabajado en imprentas vinculadas a movimientos antiimperialistas y anticolonialistas en Francia. En Nicaragua participó en la Cruzada Nacional de Alfabetización, trabajó con campesinos del norte y puso sus conocimientos gráficos y técnicos al servicio del proceso revolucionario: instaló imprentas y equipos de comunicación y produjo materiales, afiches y mantas. Estaba casado con Fátima Herrera y tenía un hijo pequeño. 

William Blandón Aguilar y Mario Acevedo eran nicaragüenses y formaban parte de la estructura local que hacía posible que aquellos proyectos fueran algo más que cooperación extranjera. Representaban, desde Nicaragua, otra parte inseparable de esta historia. Ellos no habían cruzado un océano; formaban parte del propio pueblo que estaba intentando transformar su realidad. La presencia conjunta de nicaragüenses e internacionalistas muestra precisamente qué significaba aquella solidaridad: no era una historia de personas que venían de fuera para hacer algo por los demás, sino una historia de compañeros que trabajaban juntos, cada uno desde su propia experiencia, para conseguir que las comunidades pudieran vivir mejor.

William, originario de San Miguelito, Río San Juan, era Secretario Zonal de Propaganda y Educación Política en Wiwilí y atendía territorios a lo largo del Río Coco. Mario, originario de Managua según fuentes de homenaje, formaba parte del Comité de Dirección Zonal del FSLN en Wiwilí y ejercía como Ejecutivo Zonal de Gobierno. No he encontrado en las fuentes consultadas edades fiables para ambos; prefiero no inventarlas. 

Así, los cinco representaban algo esencial: la solidaridad no era una relación entre quienes daban y quienes recibían. Era trabajo compartido. Un suizo constructor, un alemán dedicado al agua, un francés ligado a la comunicación y la educación política, y dos nicaragüenses integrados en la organización local coincidían en una misma tarea: transformar las condiciones de vida de las comunidades.

Pero la Nicaragua que intentaban construir vivía al mismo tiempo una guerra. Mientras unos trabajaban para llevar agua, educación, salud, electricidad y proyectos productivos a comunidades, otros intentaban impedir que ese proceso pudiera consolidarse. La guerra de la Contra convirtió muchas zonas rurales en espacios de enorme peligro y afectó directamente a las poblaciones que precisamente necesitaban más ayuda.

Aquellos internacionalistas no desconocían completamente esa realidad. Habían elegido permanecer en un país que atravesaba una situación extraordinariamente difícil porque consideraban que abandonar a Nicaragua precisamente en aquel momento habría significado renunciar al sentido de su solidaridad.

Y llegó la mañana en que todo cambió. La mañana del 28 de julio de 1986.

Los cinco se encontraban en Wiwilí y emprendieron el desplazamiento hacia Matagalpa. No era un viaje ajeno a su trabajo: regresaban de una zona donde se desarrollaban proyectos de vivienda, agua potable y otras iniciativas sociales. Una referencia histórica señala además que estaban vinculados a estudios para gestionar nuevos proyectos de desarrollo destinados a cooperativas y pobladores rurales. La carretera atravesaba La Zompopera, un lugar que ya conocía la violencia de la guerra. 

Hacia las 11:30 de la mañana, dos camionetas fueron atacadas. La primera consiguió atravesar el fuego; el segundo vehículo fue alcanzado. Los ocupantes intentaron resistir hasta la llegada de fuerzas del Ejército Popular Sandinista, pero Berndt, Yvan, Joël, William y Mario fueron asesinados

La tragedia convirtió La Zompopera en un nombre inseparable de sus cinco vidas. Pero reducirlos al modo en que murieron sería permitir que la violencia contara toda su historia.

Cuando se lee hoy la frase de Berndt. Los "millones de sueños" a los que se refería no eran una metáfora vacía. Eran los sueños concretos de personas que querían vivir mejor, tener acceso a la educación, disponer de agua potable, contar con electricidad, recibir atención médica, poder trabajar y ofrecer a sus hijos unas oportunidades que sus padres nunca habían tenido. Esos eran los sueños que aquellos compañeros habían encontrado en Nicaragua y que habían decidido ayudar a hacer posibles.


Ellos no viajaron a Nicaragua para morir. Viajaron para trabajar, construir, enseñar, organizar, imprimir, llevar agua, levantar viviendas y acompañar a campesinos.

Por eso, cuarenta años después, la memoria de La Zompopera también puede mirarse desde otro lugar: desde las transformaciones que Nicaragua ha vivido y desde aquellas necesidades que poco a poco han dejado de ser sueños para convertirse en derechos y servicios concretos.

Los sueños que continuaron caminando

El retorno del FSLN al Gobierno en 2007 permitió retomar esos sueños y abrió una nueva etapa de políticas públicas centradas en ampliar infraestructuras y servicios. No significa que todos los problemas estén resueltos; todavía existen comunidades y familias con necesidades. Pero la transformación es visible.

La electrificación ofrece uno de los ejemplos más contundentes. Según los datos oficiales publicados por el Ministerio de Energía y Minas en 2026, la cobertura eléctrica nacional alcanzó el 99,73 %. Detrás de ese porcentaje hay una transformación enorme: 10.192 proyectos de electrificación y aproximadamente 11.201 kilómetros de redes de media y baja tensión, con actuaciones extendidas por los 15 departamentos, las dos regiones autónomas y los 153 municipios del país. La dimensión del cambio se aprecia todavía mejor cuando se recuerda que alrededor de 2006 la cobertura eléctrica nacional se encontraba en torno al 54 %.

Es difícil contemplar una cifra como el 99,73 % sin pensar en lo que significa para una familia concreta. No es simplemente que una bombilla pueda encenderse al caer la noche. Tener electricidad permite a un niño estudiar después de oscurecer, conservar alimentos y medicamentos, acceder a comunicaciones y tecnologías, utilizar herramientas y desarrollar pequeñas actividades productivas. Cuando la electricidad llega a una comunidad remota, cambia las posibilidades de sus habitantes y modifica la relación de esa comunidad con el resto del país.

Con el agua ocurre algo todavía más simbólico. Berndt trabajaba en Wiwilí para sustituir un abastecimiento precario. Hoy continúan ejecutándose grandes proyectos de agua potable y saneamiento. En 2025, por ejemplo, la ampliación del sistema de Jinotepe contemplaba 73,2 kilómetros de tuberías, cuatro tanques y doce pozos para mejorar el servicio de unas 10.800 familias. El Programa de Inversión Pública 2026 mantiene el agua potable, el alcantarillado y el saneamiento entre sus principales áreas de inversión. 

También la educación muestra esa continuidad. En 2026, el Programa Integral de Nutrición Escolar alcanza a más de 1,2 millones de estudiantes, con distribución de alimentos para garantizar una merienda diaria en los centros educativos. Es una política distinta a la realidad que encontraron los internacionalistas, pero responde a la misma idea de fondo: que el lugar donde nace un niño no determine para siempre sus oportunidades. 

En salud, la ampliación de la red pública continúa con nuevos hospitales, centros de salud y servicios especializados. En 2025 se programaron, entre otras obras, hospitales primarios en Corn Island, Granada y San Rafael del Sur, un centro regional de hemodiálisis en Estelí y nuevas prestaciones especializadas en el Hospital Vélez Paiz. La OPS también reconoce avances recientes en un modelo de salud preventivo, gratuito, familiar y comunitario. 

No debemos convertir estas cifras en una historia sin contradicciones. Tampoco podemos saber qué habrían pensado Berndt, Yvan, Joël, William y Mario al contemplar la Nicaragua actual. Pero sí podemos afirmar algo más sencillo: muchos de los problemas concretos que encontraron —agua, vivienda, electricidad, educación, salud y aislamiento rural— han sido objeto de inversión y transformación, y algunos sueños que entonces parecían lejanos se han convertido en servicios concretos.

Ahí aparece el sexto protagonista de esta historia: Nicaragua. No como un personaje abstracto, sino como el pueblo y las comunidades donde aquellos cinco hombres trabajaron. Nicaragua fue el lugar donde sus caminos se encontraron, donde la solidaridad dejó de ser una palabra para convertirse en trabajo. Y donde nos encontraremos siempre un pueblo cálido,  hospitalario y agradecido a toda la solidaridad  internacionalista.

Cuarenta años después

Recordarlos es un deber, pero no solamente como un acto de homenaje, sino como un deber de memoria. Ellos tuvieron nombres, familias, oficios, proyectos y sueños. Y eligieron poner una parte de todo eso al servicio de otras personas, en un país que no era el suyo porque entendieron que la solidaridad también podía ser una forma concreta de compromiso en busca de un mundo más justo y humano.

 


CES-RPS – SANDINISTAK


COMITÉ EUROPEO DE SOLIDARIDAD CON LA REVOLUCIÓN POPULAR SANDINISTA



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domingo, 26 de julio de 2026

Campaña política internacional para desacreditar la institucionalidad de Nicaragua y contra el Sandinismo


por Fabrizio Casari

Es una verdadera campaña política internacional la que se ha desatado contra Nicaragua. Las declaraciones de Daniel Ortega en la manifestación por el 47º aniversario de la Revolución fueron objeto del habitual abuso de manipulación, transformando el anuncio de criterios más restrictivos para la titularidad jurídica en la campaña electoral en una especie de final de elecciones. La esencia de las declaraciones de Daniel se puede resumir fácilmente: en Nicaragua la competencia electoral será entre fuerzas políticas nicaragüenses, entendiendo con esto que partidos o grupos que representen intereses extranjeros no podrán participar en la competencia electoral.

Es sabido que el latifundio golpista y sin patria encuentra normal regresar al gobierno con el apoyo de Estados Unidos: han sido dominantes hacia el interior, pero dominados por el exterior, está en su ADN. Pero que sea legítimo representar intereses extranjeros es ilegal y obstaculiza la participación en la vida política. Y las elecciones son el punto más alto de la vida política, la expresión de la democracia: el principio de representación y soberanía popular nacional.

Las leyes electorales, es decir, las normas generales y específicas que regulan el acceso al voto, son parte esencial de la arquitectura política e institucional de un país. Establecen la existencia de la ciudadanía porque definen el electorado activo y pasivo. Por tanto, es claro que deben contextualizarse al sistema-país y a la cultura política del mismo, leer el texto sin el contexto no tiene sentido.

La historia electoral de Nicaragua es el punto de partida. El 19 de julio de 1979 nace la Nicaragua libre. Es la irrupción de una nueva ingeniería institucional que se plasmará en la carta fundacional de la nación la nueva dimensión de Nicaragua. El triunfo del sandinismo no es una página más de la historia política nacional. No es un intento de cambio, sino el cambio: profundo, fuerte, definitivo.

Es evidente que la historia electoral del país cambia con su historia política. Sobre el derecho a modificar y actualizar su contenido, según los procedimientos previstos en la misma carta, no hay duda. 

Los gritos de la administración Trump, que llama a sus aliados en el continente a lanzar una nueva campaña contra el sandinismo para desacreditar la institucionalidad de Nicaragua, son ridículos. Es difícil enseñar democracia a Nicaragua. El sandinismo fue capaz de renunciar al poder, aunque tenía la fuerza de las armas. En 1990, de hecho, podría haber impugnado el resultado electoral y negarse a aceptar la derrota; pero el comandante Ortega respetó las reglas, entregando al principio democrático el poder que con tanto sacrificio el sandinismo había conquistado.

La verdadera cuestión

No sirve dar vueltas: la cuestión de la ley electoral está estrechamente ligada al contexto sociopolítico del país, y pensar en ignorarlo sería académicamente estéril. Y la historia del país no puede separarse de una división clara que persiste: la que existe entre los partidos que representan a la sociedad nicaragüense y los grupos que representan intereses estadounidenses. No es una cuestión secundaria ni puede presentarse como una simple lucha entre el poder y quienes quieren derrocarlo; es toda la historia de Nicaragua en particular y de Latinoamérica en general la que cuenta el corazón de este enfrentamiento. No es un choque entre izquierda y derecha, que son solo la versión en prosa; el origen ontológico del conflicto está en la disputa entre independentismo y anexión.

Las declaraciones del comandante Ortega no vienen de teorías conspirativas sino de un contexto continental general que ve una fuerte injerencia estadounidense en los procesos electorales, intensificada desde que Trump y su ventrílocuo Rubio entraron a la Casa Blanca. Desde Ecuador a Colombia, pasando por Perú y Argentina, Estados Unidos intervino en tres niveles: primero, el apoyo político reiterado a candidatos de ultraderecha (Kast, Milei, Fujimori, Noboa, de la Espriella); segundo, la enorme cantidad de financiamiento para campañas a su favor; tercero, la manipulación de datos electorales encargada a la empresa israelí Black Cube, identificada como la entidad extranjera que apoyó digitalmente y manipuló información a favor del candidato de extrema derecha, utilizando algoritmos que alteraron el voto a de la Espriella. Mecanismos similares se usaron en Perú. Black Cube es conocida por su vigilancia criminal y espionaje a personas de alto perfil. Tiene sede en Tel Aviv, Londres, Singapur y Madrid.

Es evidente que ante este escenario en que se repiten fraudes informáticos gestionados por IA, Nicaragua quiere defender su dimensión política. Porque el intento de golpe de estado terminó, pero la dinámica subversiva de derecha, latifundio y jerarquía eclesiástica continúa. Que esto implique la exclusión de algunos individuos y partidos hipotéticos es consecuencia lógica de que los sirvientes del golpismo preparan la mesa, pero la oligarquía se sienta a la cabecera. 

La mal llamada “izquierda moderada latinoamericana” se suma a la queja. Los habituales levantadores profesionales de cejas podrán ver todo esto como una versión tropical de la teoría constitucional sobre la “dictadura de la mayoría”, un riesgo para lo políticamente correcto que se hunde en los sofás, algo inaceptable para quienes nunca están satisfechos con sus derrotas. Hasta se vuelven cipayos del entreguismo sin haber pasado por un solo día de independencia nacional. Pero en una parte del mundo donde los sofismas desaparecen, donde con más violencia se sucumbe a los ataques golpistas de la derecha, lo políticamente correcto es solo un ejercicio verbal para intelectuales protegidos.

No tiene sentido temer la abolición de las elecciones o la reconversión del sistema político de multipartidista a unipartidista. La campaña electoral se llevará a cabo en las modalidades y tiempos que decidan sus órganos constitucionales y no los que decida Rubio. No serán aceptados ventrílocuos del imperio ni agentes extranjeros con pasaporte nica. No se permitirán inyecciones de cientos de millones de dólares para alterar la competencia, como en 1990, cuando el FSLN gastó 5 millones de dólares y EE.UU. aportó más de 200 millones a Violeta Chamorro. Porque el dinero influye mucho, entra en cada grieta y desestabiliza votos según intereses. Eso no debe pasar. Inaceptable sería entregar el desarrollo de Nicaragua a las manitas cleptómanas de los EE.UU.

Allí, donde entre todo y nada, entre paz y guerra, se vota, el derecho a postularse es consecuencia de una ciudadanía íntegra, que siempre ha buscado en Nicaragua su referente y no en EE.UU., que ve a Nicaragua solo como patio trasero, tierra de conquista, hipótesis de nuevos saqueos, parte de un choque geopolítico global. Nicaragua merece que la participación sea un acto debido, nobleza ideal, respeto por las diferencias, pero todo dentro de un marco de independencia nacional; entonces puede y debe haber competencia. Sabiendo sin embargo que no habrá excepciones al modelo correcto de nacionalidad, no se permitirán enmiendas a la independencia de quien se postule, porque esta es la principal garantía de la independencia del país en caso de victoria.

En resumen, las elecciones serán competencia electoral entre nicaragüenses y para Nicaragua, no tendrán acceso partidos construidos, financiados y dirigidos por EE.UU. Esto no aplica al sandinismo, que es historia, bandera y testimonio continuo de la independencia nacional.

El principal problema de la derecha será explicar qué quiere hacer. ¿Qué quiere eliminar de la transformación ocurrida en estos 19 años de sandinismo aplicado? ¿Quiere abolir la gratuidad de hospitales y escuelas? ¿Quiere el regreso de los oligarcas? Sus dieciséis años de gobierno, que llevaron a Nicaragua a la miseria negra, no están lo suficientemente lejos para caer en el olvido.

No será un paseo: el sandinismo tiene amigos de gran corazón, pero enemigos de dientes afilados. Buscarán todos los medios, legales y sobre todo ilegales, para vencer al indomable. Para el FSLN, ganar es un imperativo categórico, un destino inamovible, el final del camino entre vivir o morir. No tanto para el FSLN, como para el País.




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sábado, 25 de julio de 2026

NICARAGUA. «El doctorcito» quedó sembrado en el corazón de San José de Bocay



Una nutrida delegación de militantes de la solidaridad europea con la Revolución Sandinista, realizó este sábado un homenaje al internacionalista español Ambrosio Mogorrón, asesinado por la contrarrevolución el sábado 24 de mayo de 1986 en San José de Bocay, Jinotega.

La delegación colocó ofrendas florales y una placa conmemorativa del 40 aniversario del asesinato de Mogorrón, ayudante técnico sanitario (ATS), de 37 años de edad, y otros ocho campesinos de la zona. Cuatro más resultaron heridos.

A eso de la tres y media de la tarde de aquel sábado, en la camioneta del MINSA viajaban 13 personas, tres de ellas en la cabina y diez en la tina. Se dirigían desde San José de Bocay a El Cuá (en aquél entonces, ambos pueblos formaban un solo municipio) a recoger las vacunas contra la poliomielitis y el sarampión, y realizar la campaña de vacunación en las comunidades de Bocay.

En la localidad de Los Cedros, a unos 6 kilómetros de Bocay, se escuchó una tremenda explosión. La rueda posterior del vehículo había hecho contacto con una poderosa mina antitanque, de fabricación norteamericana, colocada por los mercenarios financiados por Estados Unidos. De las 10 personas que iban en la parte trasera del vehículo, 9 murieron inmediatamente, despedazados por el impacto. El otro quedó herido de gravedad.

Mogorrón, conocido como «El Doctorcito», llegó a Nicaragua en 1980 para participar en la Cruzada Nacional de Alfabetización; posteriormente, se integró en la vida de los campesinos de las montañas de Jinotega y en los últimos años se dedicó a la investigación y combate de la lepra de montaña.

Según relata en sus memorias el docente mexicano Carlos Fernández Elizate, “Mogorrón era un vasco silencioso, paramédico enfermero, que guardaba siempre en su mochilita una ikurriña y una Zenith (cámara de fotos soviética) con la que documentaba sistemáticamente todas las atrocidades que cometía la Contra en el norte del país”.

Nacido en Alberca de Záncara, en Cuenca, España, en 1949, era el hijo mayor de una familia de emigrantes que en 1957 se trasladó a Gallarta (Vizcaya). La última vez que estuvo en España fue en la Navidad de 1985, que aprovechó para acopiar medicinas para los campesinos con quienes convivía.

Por su labor en las montañas de Jinotega, Mogorrón recibió la “Medalla al Mérito José Benito Escobar”.







Video. Testimonio de la enfermera Vilma Verónica Úbeda, en la tumba de Ambrosio el 24 de mayo de 2025





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Nicaragua. Injerencia a través de una traducción errónea

Becca Renk Foster *, 24 de julio 2026

Este artículo se publicó originalmente en Kawsachun News


Estados Unidos se entromete en las elecciones de Nicaragua al declararar falsamente que ya no habrá más elecciones en el país

En un giro novedoso, Estados Unidos ha lanzado una campaña para injerencia en las elecciones de Nicaragua al anunciar erróneamente que Nicaragua ya no celebrará elecciones.

El 19 de julio, en un discurso ante 70,000 personas reunidas en la Plaza de la Fe de Managua para conmemorar el 47 aniversario del triunfo de la Revolución Popular Sandinista, el copresidente nicaragüense Daniel Ortega hizo referencia a los grupos de oposición respaldados por Estados Unidos.

«…Allá están ellos agazapados, ya quisieran ellos ganar Elecciones para hacer riales con las Escuelas.», dijo, recordando que, durante administraciones anteriores, los funcionarios del gobierno cobraban por servicios públicos que según la constitución de la república eran gratuitos.

«Pero que se olviden, aquí no volverán a haber Elecciones, no volverán a haber Elecciones, para que por ahí intenten ellos atrapar el Gobierno, atrapar el Poder.», continuó. «Y vamos a trabajar, con la Asamblea Nacional y con las Organizaciones correspondientes, las Leyes, porque hay que hacer las Leyes que les pongan un muro, un bloque, a los Golpistas, a los Vendepatrias, y que por mucha plata que les den los yanquis, ¡No Podrán, ¡No Podrán! ¡No Podrán!!»

Al amanecer el día siguiente, The New York Times decidió publicar el titular: «El líder nicaragüense dice que planifica abolir las elecciones». Una versión de este titular inexacto se repitió alrededor del mundo de manera orquestada, algo inusual para un país que rara vez sale en las noticias internacionales.

El Secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, se lanzó al respecto y emitió un comunicado:

«La declaración de Daniel Ortega que, bajo la dictadura de su familia, Nicaragua nunca volverá a celebrar elecciones pone al descubierto su verdadera naturaleza autoritaria… Estados Unidos exhorta a la comunidad internacional a unir fuerzas para demostrarle a la dictadura de Murillo-Ortega que no puede esperar mantener situación normal con otras naciones cuando está obstaculizando los principios básicos de nuestro hemisferio democrático».

Como era de esperarse, esta declaración desencadenó denuncias públicas destinadas a aislar a Nicaragua de los países de la región que participan en la iniciativa imperialista estadounidense «Escudo de las Américas».

Distorsión Intencionada

Jill Clark-Gollub, quien tiene una maestría en traducción e interpretación y está certificada para interpretar en los tribunales federales de EE. UU., está desconcertada por la traducción errónea de los comentarios de Ortega publicados en el New York Times y repetidos en otros medios.

«Se trata de un orador que hace pausas y utiliza la repetición como estilo oratorio», afirma. «Interrumpirlo antes de que termine la oración, como si estuviera diciendo que nunca más habría elecciones, me parece una distorsión intencionada de su mensaje. Si un intérprete hiciera esto en un contexto profesional, estaría sujeto a medidas disciplinarias».

Este error de traducción intencionado del mensaje de Ortega parece haber dado inicio precisamente a la campaña de injerencia en los asuntos internos de Nicaragua sobre la que Ortega advertía en su discurso. Tras la avalancha mediática, el aparato opositor de Nicaragua, respaldado por Estados Unidos, parece dispuesto a aprovechar lo que percibe como una ventaja. En consecuencia, ha pasado de las condenas verbales a llamar a una «revolución de colores» con especulaciones sobre «una posible protesta social en la que (Estados Unidos) pueda ejercer su presión».

Una Temporada de Injerencia Electoral

Esta rápida intensificación se produce en un momento de fuerte presión de Estados Unidos sobre América Latina. Incluso sin mencionar el reciente secuestro del presidente de Venezuela o el actual estrangulamiento a Cuba —ambos hechos que Ortega mencionó y condenó en su discurso—, durante el último año Estados Unidos ha interferido en elecciones en toda la región.

En Argentina, Bolivia, Honduras, Perú y Colombia, Estados Unidos ha vinculado explícitamente su apoyo económico a candidatos de la derecha, ha recibido a sus candidatos preferidos en la Casa Blanca y ha impuesto sanciones a partidos de izquierda. Legisladores estadounidenses también movilizaron a colombianos conservadores que viven en el extranjero, lo que generó votos desde el exterior que resultaron decisivos en el recuento final.

La injerencia en las elecciones de Honduras en noviembre del año pasado ha puesto al descubierto un complot más amplio para desestabilizar la región: el presidente estadounidense Donald Trump indultó al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, un narcotraficante condenado, apenas dos días antes de las elecciones. Desde entonces, una gran cantidad de grabaciones de audio filtradas, bautizadas como «Hondurasgate», ha revelado que Hernández está confabulado con funcionarios del Partido Republicano y produce activamente propaganda contra los gobiernos progresistas de toda América Latina.

Un precedente para la injerencia en Nicaragua


Las declaraciones de Ortega sobre la injerencia electoral fueron la conclusión de un discurso en el que detalló 200 años de incesante injerencia estadounidense en Nicaragua. Con su estilo característico, el discurso de Ortega comenzó con una lección de historia que incluyó la resistencia a la invasión del mercenario estadounidense William Walker en la década de 1850; la lucha de Augusto Sandino contra los marines estadounidenses en la década de 1920, su asesinato por orden del embajador de Estados Unidos y la instauración de la dictadura militar de Anastasio Somoza, respaldada por Estados Unidos.

La flagrante intromisión de Estados Unidos en las elecciones y los asuntos internos de Nicaragua no terminó cuando el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) derrocó a Somoza en 1979. Tras el triunfo de la Revolución, Estados Unidos organizó y financió a las fuerzas contrarrevolucionarias «contras», lo que provocó 50,000 muertos en 10 años; obligó a los nicaragüenses a elegir entre la continuación de la guerra y el candidato estadounidense en las elecciones de 1990; y gobernó de facto el país durante 16 años de gobiernos neoliberales.

A pesar del continuo injerencismo estadounidense, el FSLN ganó las elecciones de 2006 y se ha mantenido en el poder desde entonces, ganando tres elecciones posteriores y obteniendo el 76% de los votos en 2021. De hecho, cualquier oposición legítima al partido sandinista tendrá que presentar una plataforma excepcionalmente sólida para competir con los logros del partido gobernante durante los últimos 19 años, que incluyen 50 nuevos hospitales y atención médica universal gratuita; educación gratuita, incluida la universitaria; 5,000 kilómetros de nuevas carreteras; un crecimiento anual del PIB del 4-5%; además, Nicaragua es uno de los países más seguros de la región. Dada la calidad de vida del nicaragüense promedio hoy en día, no es de extrañar que las recientes encuestas muestren que Ortega goza de un índice de aprobación del 88.5 %.

¡Nunca, nunca, nunca!

Durante su discurso del 19 de julio, Ortega recordó el violento intento de golpe de Estado de 2018, cuando grupos armados de la oposición paralizaron el país con violentos bloqueos de carreteras y murieron unas 270 personas. Las investigaciones han demostrado que el gobierno de EE. UU. Financió la violencia.

Desde entonces, Nicaragua ha trabajado para garantizar que los responsables de la violencia no puedan seguir socavando la paz del país, que tanto costó construir. En su discurso, Ortega advirtió a los nicaragüenses que las amenazas a la seguridad del país persisten.

«…No crean que porque no hay guerra estamos en Paz... ¡No! Ellos viven conspirando ahí, organizando, buscando cómo organizar Partidos, para que en una Elección que ellos se suponen, entonces que esos Partidos ganen las Elecciones.», dijo.

«Y aquí se acabó la historia de que los Partidos puestos por los yanquis, puestos por los somocistas, volverán a llegar al Gobierno... ¡Jamás! ¡Jamás! ¡Jamás!».

«Elecciones, sí»

A pesar del revuelo internacional por los comentarios mal traducidos de Ortega, Nicaragua sigue adelante con la propuesta del copresidente.

«Somos los nicaragüenses los que decidimos cuándo y cómo serán nuestras elecciones», declaró a los periodistas el Dr. Gustavo Porras, presidente de la Asamblea Nacional de Nicaragua. Confirmó que los legisladores ya están trabajando para «no dejar ni un resquicio para que se pueda meter la manipulación terrible de los imperios y sus lacayos».

La copresidenta Rosario Murillo también aclaró que Nicaragua celebrará elecciones.

«Elecciones, sí, pero Elecciones propias», dijo a los medios de comunicación, «y cuando decimos propias, son de nuestro Pueblo Bendito, diseñadas, organizadas, desde nuestra Soberanía Nacional, desde nuestra Dignidad Nacional, para elegir a los mejores nicaragüenses.»

* Becca Renk Foster es originaria de Idaho, EE. UU. Desde hace 25 años, vive en Nicaragua y trabaja en desarrollo comunitario sostenible. Coordina el trabajo de Casa Benjamín Linder en Managua y forma parte de la Coalición de Solidaridad con Nicaragua.


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