Hay Asambleas Generales de Naciones Unidas que quedan asociadas a una resoluci贸n, a un acuerdo diplom谩tico o a un discurso que termina marcando una 茅poca. La 81.陋 Asamblea General, celebrada en Nueva York durante la semana de alto nivel de septiembre de 2026, probablemente ser谩 recordada de otra manera. M谩s que por un gran acuerdo capaz de resumir lo ocurrido, dej贸 una sucesi贸n de escenas que, observadas conjuntamente, permiten comprender el momento de profunda transformaci贸n que atraviesa el sistema internacional: decenas de delegados abandonando la sala cuando Benjamin Netanyahu tom贸 la palabra; Mahmoud Abbas obligado a intervenir mediante una declaraci贸n pregrabada despu茅s de que Estados Unidos negara los visados a la delegaci贸n palestina; Donald Trump amenazando con destruir Ir谩n mientras continuaban los contactos diplom谩ticos y el estrecho de Ormuz aparec铆a en las negociaciones; Delcy Rodr铆guez reuni茅ndose con Trump despu茅s de la captura de Nicol谩s Maduro por fuerzas estadounidenses y cruzando posteriormente el hemiciclo para conversar con Pedro S谩nchez; Lula da Silva reclamando que Brasil no sea tratado como el “patio trasero” de ninguna potencia; 脕frica volviendo a exigir una representaci贸n permanente en el Consejo de Seguridad; y la inteligencia artificial ocupando un espacio cada vez mayor en los discursos de los gobiernos.
Tomadas individualmente, cada una de estas escenas podr铆a parecer una an茅cdota m谩s dentro de una semana cargada de discursos, reuniones y declaraciones. Observadas en conjunto, permiten reconstruir una imagen bastante m谩s profunda: las instituciones creadas despu茅s de la Segunda Guerra Mundial contin煤an existiendo, pero las relaciones de poder que durante d茅cadas determinaron su funcionamiento est谩n sometidas a una presi贸n creciente. La ONU sigue siendo el principal espacio multilateral del planeta, pero dentro de sus paredes se enfrentan concepciones muy diferentes sobre la soberan铆a, el derecho internacional, la guerra, los recursos estrat茅gicos, la tecnolog铆a y el futuro del orden mundial.
Durante el debate general intervinieron 194 delegaciones, entre ellas 113 jefes de Estado y de Gobierno. La Presidencia de la Asamblea situ贸 precisamente como tema de la sesi贸n la necesidad de “restaurar la confianza” y gestionar una transformaci贸n mundial que afecta simult谩neamente a la geopol铆tica, la econom铆a, la tecnolog铆a y las instituciones internacionales. El secretario general Ant贸nio Guterres describi贸 el momento como una reconfiguraci贸n del poder mundial en la que las instituciones contin煤an ancladas en una 茅poca diferente.
La contradicci贸n entre el lenguaje diplom谩tico y la realidad internacional estuvo presente durante toda la semana. Mientras pr谩cticamente todos los gobiernos hablaban de paz, las escenas que ocuparon los titulares estuvieron protagonizadas por guerras, amenazas militares, petr贸leo, rutas estrat茅gicas, sanciones econ贸micas, disputas por la soberan铆a y una creciente lucha por el control de las nuevas tecnolog铆as. La Asamblea General termin贸 funcionando as铆 como una especie de espejo en el que aparecieron reflejadas las tensiones de un mundo que todav铆a conserva las instituciones del viejo orden, pero en el que cada vez m谩s pa铆ses cuestionan la distribuci贸n del poder que esas instituciones heredaron.
Los esca帽os vac铆os cuando Netanyahu comenz贸 a hablar
Benjamin Netanyahu subi贸 a la tribuna el 24 de septiembre para defender la actuaci贸n de Israel y responder a las crecientes cr铆ticas internacionales por la guerra de Gaza. Antes incluso de que comenzara su intervenci贸n, decenas de delegados abandonaron la sala. Netanyahu respondi贸 calific谩ndolos de “cobardes morales” y pidi贸 que quienes compartieran esa posici贸n abandonaran tambi茅n el hemiciclo. Reuters confirm贸 el abandono masivo, mientras im谩genes de la sesi贸n mostraron numerosos asientos vac铆os.
La escena tuvo una enorme fuerza pol铆tica porque no eran manifestantes situados en las calles de Nueva York, sino representantes de Estados miembros de Naciones Unidas que decid铆an no permanecer en la sala durante el discurso del primer ministro israel铆. Un recuento publicado posteriormente situ贸 en 76 los pa铆ses cuyos representantes no estuvieron presentes durante la intervenci贸n, aunque conviene se帽alar que esa cifra incluye tanto delegaciones que abandonaron la sala como pa铆ses cuyos representantes ya no estaban en ella; por eso, para describir estrictamente el acto de protesta, la formulaci贸n m谩s segura es hablar de “decenas de delegaciones”.
Entre los pa铆ses europeos que s铆 participaron en el boicot estuvieron Espa帽a y Eslovenia. Otros pa铆ses europeos permanecieron en sus asientos, al igual que Estados Unidos y varias de las principales potencias occidentales. La distribuci贸n de quienes abandonaron la sala y quienes decidieron permanecer en ella mostr贸 as铆 una divisi贸n pol铆tica que tampoco puede reducirse a una simple fractura entre Israel y sus adversarios: numerosos pa铆ses de 脕frica, Asia, Oriente Medio y Am茅rica Latina expresaron su rechazo a la pol铆tica israel铆, mientras buena parte de Europa mantuvo a sus representantes dentro del hemiciclo.
No ser铆a correcto presentar a todas las delegaciones que se marcharon como integrantes de un mismo bloque pol铆tico. Sus gobiernos tienen intereses diferentes y mantienen posiciones distintas ante el conflicto. Pero s铆 resulta significativo que la protesta alcanzara una dimensi贸n internacional tan amplia y que, entre los pa铆ses que participaron, aparecieran Estados con relaciones diplom谩ticas muy diversas con Israel. La imagen de la sala vaci谩ndose se convirti贸, por s铆 misma, en una representaci贸n gr谩fica del creciente aislamiento internacional de la pol铆tica del Gobierno de Netanyahu.
La cuesti贸n palestina ofreci贸, adem谩s, otra de las escenas m谩s reveladoras de la Asamblea. Mahmoud Abbas no pudo viajar a Nueva York despu茅s de que Estados Unidos negara o revocara los visados necesarios a representantes palestinos. La Asamblea General aprob贸 el 17 de septiembre una resoluci贸n por 152 votos a favor, tres en contra —Estados Unidos, Israel y Paraguay— y cuatro abstenciones, que permiti贸 al presidente palestino intervenir mediante una declaraci贸n pregrabada. La propia resoluci贸n record贸 las obligaciones establecidas en el acuerdo de 1947 entre Naciones Unidas y Estados Unidos sobre la sede de la organizaci贸n, que establece que no deben imponerse impedimentos al tr谩nsito de representantes hacia y desde Naciones Unidas.
Cuando lleg贸 el momento de la intervenci贸n, Abbas habl贸 efectivamente desde una grabaci贸n. El representante palestino introdujo el v铆deo y el presidente de la Asamblea concedi贸 posteriormente la palabra al mandatario palestino. Abbas se帽al贸 que, por segundo a帽o consecutivo, la delegaci贸n palestina hab铆a sido privada de los visados necesarios para participar f铆sicamente en la Asamblea.
La imagen resultaba dif铆cil de ignorar: mientras el primer ministro israel铆 ocupaba f铆sicamente la tribuna de Naciones Unidas, el presidente palestino interven铆a desde una pantalla porque el pa铆s anfitri贸n hab铆a impedido que su delegaci贸n estuviera presente. No hace falta compartir todas las posiciones pol铆ticas de Abbas para comprender la contradicci贸n. Naciones Unidas proclama la igualdad soberana de los Estados y la universalidad del derecho internacional, pero su sede se encuentra en territorio estadounidense y Washington conserva una capacidad decisiva sobre el acceso a su propio territorio.
La cuesti贸n palestina volvi贸 a colocar as铆 delante de las c谩maras uno de los problemas estructurales del sistema multilateral: la distancia que puede existir entre la igualdad jur铆dica proclamada por las instituciones internacionales y las relaciones de poder que determinan en la pr谩ctica qui茅n dispone de mayor capacidad de presi贸n.
Trump, Ir谩n y el estrecho de Ormuz
Si los esca帽os vac铆os mostraron el aislamiento pol铆tico de Netanyahu, el episodio iran铆 permiti贸 contemplar otra dimensi贸n del poder internacional: aquella en la que las amenazas militares, los intereses econ贸micos y la negociaci贸n diplom谩tica se desarrollan simult谩neamente.
Donald Trump utiliz贸 su intervenci贸n ante Naciones Unidas para lanzar una de las amenazas m谩s contundentes de toda la Asamblea contra Ir谩n. Pero mientras desde la tribuna estadounidense se endurec铆a el discurso, los canales diplom谩ticos segu铆an abiertos. La delegaci贸n iran铆 permaneci贸 en Nueva York para participar en conversaciones indirectas mediadas por Qatar, en las que aparec铆an cuestiones relacionadas con el conflicto, el programa nuclear y el estrecho de Ormuz. La posterior decisi贸n estadounidense de ordenar la salida anticipada de la delegaci贸n iran铆 mostr贸 hasta qu茅 punto aquellas negociaciones estuvieron rodeadas de tensiones y desconfianza.
Ormuz introdujo adem谩s una dimensi贸n econ贸mica que resulta imposible separar de la pol铆tica militar. Durante la Asamblea, Ir谩n plante贸 que el estrecho pod铆a ser reabierto en un plazo de siete d铆as si se cumpl铆an determinadas condiciones establecidas en el entendimiento alcanzado entre ambas partes. La propuesta fue transmitida mediante mediadores qatar铆es y estuvo vinculada a las conversaciones sobre la situaci贸n regional. Posteriormente, Ir谩n insisti贸 en que la reapertura depend铆a del cumplimiento de esas condiciones y no constitu铆a una concesi贸n unilateral.
La importancia de Ormuz explica por qu茅 esta cuesti贸n trascendi贸 r谩pidamente el 谩mbito estrictamente militar. Por ese estrecho circula aproximadamente una quinta parte del petr贸leo y del gas natural licuado mundial, de manera que una interrupci贸n prolongada del tr谩fico mar铆timo tiene consecuencias sobre los precios energ茅ticos, las cadenas de suministro y la econom铆a internacional.
La situaci贸n permiti贸 comprobar hasta qu茅 punto la geopol铆tica y la econom铆a est谩n unidas. Mientras los dirigentes hablan de seguridad nacional, soberan铆a y amenazas militares, detr谩s de esas palabras aparecen rutas comerciales, energ铆a y materias primas cuya importancia afecta directamente al funcionamiento de la econom铆a capitalista mundial. Ormuz no es solamente un estrecho mar铆timo situado entre Ir谩n y Om谩n; es uno de los principales corredores energ茅ticos del planeta y, por tanto, un espacio en el que confluyen intereses econ贸micos, militares y estrat茅gicos de las grandes potencias.
El episodio iran铆 mostr贸 as铆 una de las caracter铆sticas m谩s contradictorias del actual sistema internacional: incluso cuando dos Estados se amenazan p煤blicamente con una escalada militar, los intereses econ贸micos y estrat茅gicos pueden obligarlos a mantener abiertos los canales de negociaci贸n. La paz, en estas circunstancias, no aparece 煤nicamente como un principio diplom谩tico, sino tambi茅n como una necesidad material para preservar las rutas comerciales de las que depende buena parte de la econom铆a mundial.
Trump y Delcy Rodr铆guez: cuando los enemigos vuelven a sentarse
Otra de las im谩genes m谩s sorprendentes de la semana fue protagonizada por Donald Trump y Delcy Rodr铆guez.
La presidenta encargada de Venezuela lleg贸 a Nueva York despu茅s de la captura de Nicol谩s Maduro por fuerzas estadounidenses en enero. Su participaci贸n en la Asamblea form贸 parte de la nueva etapa diplom谩tica que Caracas y Washington estaban intentando construir y estuvo acompa帽ada de conversaciones sobre elecciones, deuda, energ铆a y recuperaci贸n econ贸mica. Rodr铆guez afirm贸 ante la Asamblea que Venezuela celebrar铆a elecciones como parte de un proceso hacia una “democracia plena”, aunque no fij贸 una fecha concreta.
El contexto hac铆a que el encuentro con Trump resultara extraordinario. Washington y Caracas hab铆an mantenido durante a帽os una relaci贸n marcada por sanciones, enfrentamientos pol铆ticos y acusaciones cruzadas. Ahora, despu茅s de una transformaci贸n radical del escenario venezolano, representantes de ambos gobiernos volv铆an a sentarse frente a frente para negociar. El propio Trump y Rodr铆guez mantuvieron un breve encuentro al margen de la Asamblea, mientras funcionarios estadounidenses se帽alaban que se hab铆an discutido cuestiones pol铆ticas y la reestructuraci贸n de la deuda venezolana.
La fotograf铆a no puede separarse de los intereses materiales que rodean a Venezuela. Petr贸leo, deuda, recuperaci贸n econ贸mica, inversi贸n y recursos naturales forman parte de cualquier negociaci贸n sobre el futuro del pa铆s. La diplomacia internacional tiene precisamente esa caracter铆stica: los adversarios que durante a帽os se presentan como irreconciliables pueden terminar negociando cuando las circunstancias pol铆ticas y econ贸micas cambian.
La semana venezolana produjo otra escena significativa cuando Delcy Rodr铆guez se acerc贸 a Pedro S谩nchez dentro del propio hemiciclo. Rodr铆guez se levant贸 de su asiento, recorri贸 parte de la sala y se dirigi贸 hacia el lugar donde se encontraba la delegaci贸n espa帽ola. S谩nchez estaba pendiente de su tel茅fono; ambos se saludaron y mantuvieron una breve conversaci贸n. Seg煤n fuentes de La Moncloa, Rodr铆guez le pidi贸 poder seguir hablando sobre la situaci贸n de Venezuela y S谩nchez respondi贸 que Espa帽a estaba comprometida con el futuro de la regi贸n. No se trat贸 de una reuni贸n formal, pero s铆 de un gesto que permiti贸 visualizar la voluntad de mantener abierto un canal pol铆tico.
Precisamente por su car谩cter informal, aquella escena resulta interesante. Las relaciones diplom谩ticas no siempre se construyen exclusivamente alrededor de mesas oficiales, con declaraciones previamente redactadas y c谩maras esperando el apret贸n de manos. Tambi茅n pueden comenzar con un encuentro improvisado dentro de los propios asientos de una Asamblea en la que, mientras los gobiernos mantienen p煤blicamente posiciones enfrentadas, sus representantes buscan espacios para hablar.
Lula y la disputa por la soberan铆a latinoamericana
La cuesti贸n venezolana conect贸 con uno de los discursos latinoamericanos m谩s significativos de la Asamblea: el de Luiz In谩cio Lula da Silva.
El presidente brasile帽o afirm贸 que “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie” y denunci贸 la injerencia extranjera en los procesos pol铆ticos latinoamericanos. Lula habl贸 de las “tentaciones hegem贸nicas”, critic贸 la divisi贸n del mundo en zonas de influencia y calific贸 de anacr贸nicas las incursiones neocoloniales en busca de recursos estrat茅gicos. Tambi茅n defendi贸 que el pueblo venezolano debe decidir su propio destino sin injerencias externas.
Pero el discurso de Lula conten铆a tambi茅n una cr铆tica directa a Nicaragua. Despu茅s de defender la autodeterminaci贸n de los pueblos, afirm贸 que “Nicaragua no resolver谩 sus problemas impidiendo que la oposici贸n se presente a las elecciones”. La declaraci贸n forma parte de la posici贸n expresada por el presidente brasile帽o ante la Asamblea y no debemos ocultarla si queremos realizar una lectura rigurosa de aquella intervenci贸n.
Precisamente porque ambas afirmaciones aparecen juntas, el discurso de Lula permite abordar una cuesti贸n compleja desde una perspectiva de izquierdas. Una posici贸n internacionalista no tiene por qu茅 convertir a ning煤n Gobierno en intocable ni asumir que toda cr铆tica procedente del exterior constituye autom谩ticamente una conspiraci贸n. Los gobiernos pueden ser sometidos a cr铆tica pol铆tica y los pueblos tienen derecho a debatir y transformar sus propios sistemas pol铆ticos.
La cuesti贸n diferente es qui茅n tiene derecho a intervenir en esos procesos desde fuera. Defender la soberan铆a nacional no significa afirmar que todos los gobiernos act煤an correctamente; significa rechazar que una potencia extranjera pueda decidir qu茅 fuerzas pol铆ticas deben recibir apoyo, qu茅 gobiernos deben ser reconocidos o qu茅 modelo pol铆tico debe imponerse a otro pueblo. Una cosa es el derecho de una sociedad a cuestionar a sus propias autoridades y otra muy diferente es convertir los procesos pol铆ticos de otros pa铆ses en escenarios de presi贸n geopol铆tica.
Esta distinci贸n resulta especialmente importante en Am茅rica Latina, una regi贸n marcada hist贸ricamente por golpes de Estado, operaciones encubiertas, intervenciones militares, sanciones econ贸micas y presiones pol铆ticas de las grandes potencias. La defensa de la soberan铆a no puede quedar reservada a los gobiernos que nos gustan; si se convierte en un principio selectivo, deja de ser un principio.
La intervenci贸n de Lula tuvo precisamente el inter茅s de colocar ambas cuestiones en la misma mesa: el rechazo a la injerencia extranjera y la cr铆tica a las restricciones internas que afectan a la participaci贸n pol铆tica. Para una izquierda internacionalista, ambas preocupaciones pueden coexistir sin necesidad de convertirlas en argumentos contradictorios.
脕frica reclama dejar de ser espectadora
La reivindicaci贸n latinoamericana encontr贸 un eco inmediato en 脕frica.
El presidente de la Asamblea General, Khalilur Rahman, reclam贸 una reforma urgente del Consejo de Seguridad y utiliz贸 una frase que resumi贸 buena parte de la reivindicaci贸n africana: “Africa needs to be at the table, not on the menu”, 脕frica necesita estar en la mesa y no en el men煤. La Presidencia de la Asamblea volvi贸 a citar esta expresi贸n al hacer balance de la semana de alto nivel.
La frase tiene una carga pol铆tica evidente porque resume una reclamaci贸n hist贸rica. 脕frica contin煤a sin disponer de un asiento permanente en el Consejo de Seguridad, pese a su peso demogr谩fico, econ贸mico y pol铆tico y a su papel central en numerosas cuestiones tratadas por Naciones Unidas.
La reivindicaci贸n africana no consiste 煤nicamente en ocupar una silla adicional. Tiene que ver con qui茅n decide sobre las guerras, las sanciones, las intervenciones y las operaciones internacionales que afectan directamente al continente. La estructura actual del Consejo contin煤a reflejando en buena medida el equilibrio de poder establecido al final de la Segunda Guerra Mundial: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido conservan el derecho de veto, mientras 脕frica reclama una representaci贸n permanente.
La Rep煤blica Democr谩tica del Congo volvi贸 a plantear durante la Asamblea la posici贸n africana de obtener dos puestos permanentes con derecho de veto mientras este mecanismo exista, adem谩s de dos puestos no permanentes adicionales. La reivindicaci贸n est谩 vinculada al Consenso de Ezulwini y a la Declaraci贸n de Sirte, que constituyen la posici贸n com煤n africana sobre la reforma del Consejo.
La pregunta que plantea esta situaci贸n afecta al conjunto del sistema multilateral. ¿C贸mo puede pedirse a los pa铆ses del Sur Global que conf铆en plenamente en unas instituciones cuya estructura de decisi贸n contin煤a reflejando un equilibrio de poder nacido en 1945? La reivindicaci贸n africana no es, por tanto, una cuesti贸n secundaria de protocolo diplom谩tico. Forma parte de la disputa por la democratizaci贸n de las relaciones internacionales.
La silla vac铆a de Sud谩n
Sud谩n ofreci贸 otra de esas escenas que permiten comprender las contradicciones del sistema.
El general Abdel Fattah al-Burhan, jefe del Ej茅rcito sudan茅s, no pudo viajar a Nueva York despu茅s de que Estados Unidos retuviera su visado. Seg煤n fuentes citadas por Reuters, la decisi贸n estaba relacionada con la negativa de las autoridades sudanesas a aceptar una propuesta estadounidense de alto el fuego de 90 d铆as.
El Gobierno sudan茅s denunci贸 que impedir la participaci贸n de su dirigente violaba las obligaciones internacionales del pa铆s anfitri贸n, mientras Estados Unidos cuestionaba la legitimidad constitucional de los actores enfrentados en la guerra sudanesa.
No es necesario defender pol铆ticamente a Burhan para comprender la paradoja. Naciones Unidas aspira a ser un espacio universal en el que los Estados puedan presentar sus posiciones y negociar, pero la Asamblea General se celebra f铆sicamente en territorio de una potencia que dispone de capacidad para controlar el acceso a su propio territorio.
La cuesti贸n vuelve a remitir a la misma tensi贸n que apareci贸 en el caso palestino: la igualdad jur铆dica entre Estados convive con una realidad internacional profundamente desigual en t茅rminos econ贸micos, militares y pol铆ticos.
La inteligencia artificial entra en la lucha por el poder
Cuando parec铆a que la Asamblea hab铆a concentrado toda su atenci贸n en guerras y conflictos diplom谩ticos, apareci贸 una cuesti贸n que hace pocos a帽os habr铆a parecido alejada de una cumbre internacional: la inteligencia artificial.
Seg煤n el balance oficial de la Presidencia de la Asamblea, m谩s del 60 % de los oradores mencionaron la inteligencia artificial durante el debate general. La cifra resulta significativa porque muestra hasta qu茅 punto una tecnolog铆a que hace apenas unos a帽os ocupaba un lugar marginal en las discusiones diplom谩ticas se ha convertido en una cuesti贸n central de la pol铆tica internacional.
El debate no se limit贸 a las posibilidades de la nueva tecnolog铆a. Los pa铆ses en desarrollo plantearon qui茅n dise帽a estas herramientas, qui茅n controla los datos, qui茅n obtiene sus beneficios y qui茅n soportar谩 los riesgos derivados de su utilizaci贸n.
La cuesti贸n es fundamentalmente pol铆tica y econ贸mica. La inteligencia artificial necesita enormes cantidades de energ铆a, centros de procesamiento, semiconductores, datos, infraestructura y capital. Una parte considerable de esos recursos est谩 concentrada en un n煤mero reducido de pa铆ses y grandes empresas tecnol贸gicas.
Por ello, varios pa铆ses del Sur Global reclamaron una participaci贸n mucho mayor en la elaboraci贸n de las normas que gobernar谩n la inteligencia artificial. La Rep煤blica Democr谩tica del Congo defendi贸 que los pa铆ses en desarrollo puedan participar en la definici贸n de sus reglas y reclam贸 mecanismos de creaci贸n de capacidades para impedir que la brecha digital termine convirti茅ndose tambi茅n en una brecha de inteligencia.
La disputa por el poder mundial ya no se desarrolla 煤nicamente alrededor de territorios, petr贸leo o minerales. Tambi茅n se desarrolla alrededor de los datos, los chips, la infraestructura digital y los sistemas de inteligencia artificial. Durante siglos, controlar territorios y materias primas permiti贸 acumular riqueza y poder; en el siglo XXI, controlar las infraestructuras tecnol贸gicas que condicionar谩n buena parte de la econom铆a puede producir una concentraci贸n de poder de dimensiones comparables. La discusi贸n sobre la inteligencia artificial es, por tanto, tambi茅n una discusi贸n sobre soberan铆a tecnol贸gica y sobre qui茅n tendr谩 capacidad para decidir c贸mo se utilizar谩n unas tecnolog铆as que afectar谩n a sociedades enteras.
Una ONU que necesita recuperar la confianza
Todas estas escenas ocurrieron dentro de una instituci贸n que atraviesa su propia crisis.
El lema de esta Asamblea era “Restoring trust, managing transformation: A United Nations that delivers for all”, restaurar la confianza y gestionar la transformaci贸n para construir unas Naciones Unidas que cumplan para todos. El propio presidente de la Asamblea hab铆a se帽alado al inaugurar el nuevo periodo de sesiones que la organizaci贸n necesitaba recuperar la confianza p煤blica en un momento marcado por guerras, crisis humanitarias, cambio clim谩tico y transformaciones tecnol贸gicas.
Ant贸nio Guterres, por su parte, present贸 el momento como una reconfiguraci贸n del poder mundial y reclam贸 un multilateralismo capaz de someter el poder a las reglas y al derecho internacional. En su intervenci贸n situ贸 entre los grandes desaf铆os del presente la guerra, la desigualdad, la crisis clim谩tica y la inteligencia artificial.
La ONU contin煤a siendo indispensable precisamente porque el mundo se ha vuelto m谩s conflictivo. Sin embargo, su capacidad para resolver esos conflictos depende de Estados que poseen capacidades muy diferentes y, en 煤ltima instancia, de un Consejo de Seguridad en el que cinco potencias conservan el derecho de veto.
Ah铆 aparece una de las grandes contradicciones del sistema. Cuanto m谩s necesita el planeta una instituci贸n multilateral capaz de contener los conflictos, m谩s evidente resulta que esa instituci贸n no dispone de herramientas suficientes para actuar con independencia de las grandes potencias. La reforma del Consejo de Seguridad, la representaci贸n africana, la cuesti贸n palestina y la capacidad de hacer cumplir el derecho internacional no son asuntos separados: forman parte de una misma discusi贸n sobre la legitimidad y la democratizaci贸n del orden mundial.
Un mundo que ya no acepta con la misma facilidad las viejas reglas
La sucesi贸n de acontecimientos ocurridos durante esta 81.陋 Asamblea General permite observar un sistema internacional en el que el viejo orden todav铆a conserva una enorme capacidad de poder, pero encuentra cada vez m谩s dificultades para presentar sus reglas como universales e incuestionables.
Estados Unidos contin煤a disponiendo de una capacidad econ贸mica, militar y financiera extraordinaria. Sus alianzas siguen siendo poderosas y su influencia sobre las instituciones internacionales contin煤a siendo considerable. Pero al mismo tiempo, Am茅rica Latina reclama mayor autonom铆a, 脕frica exige una representaci贸n acorde con su peso pol铆tico, los pa铆ses del Sur Global reclaman participar en la definici贸n de las reglas tecnol贸gicas y diferentes Estados cuestionan abiertamente que las grandes potencias puedan intervenir unilateralmente en los asuntos de otros pa铆ses.
Esto no significa que el mundo que est谩 emergiendo vaya a ser autom谩ticamente m谩s justo. La aparici贸n de nuevos centros de poder no elimina las desigualdades econ贸micas ni impide que las grandes potencias contin煤en defendiendo sus propios intereses. Un orden verdaderamente multipolar no deber铆a limitarse a sustituir una hegemon铆a por otra, sino avanzar hacia unas relaciones internacionales en las que la soberan铆a y el derecho internacional tengan un car谩cter universal y no dependan de la posici贸n econ贸mica o militar de cada Estado.
Desde una perspectiva de izquierdas, ese deber铆a ser uno de los debates centrales. La alternativa al imperialismo no puede consistir simplemente en cambiar el nombre de la potencia dominante, del mismo modo que la multipolaridad no garantiza por s铆 misma una sociedad internacional m谩s igualitaria. La cuesti贸n fundamental es si los pueblos tendr谩n mayor capacidad para decidir sobre sus recursos, sus instituciones y sus modelos pol铆ticos, y si los Estados podr谩n relacionarse entre s铆 sin que las diferencias de poder econ贸mico y militar se conviertan en un derecho permanente a intervenir en los asuntos de los dem谩s.
Esta discusi贸n adquiere especial importancia cuando se observa la relaci贸n entre pol铆tica y econom铆a que apareci贸 durante toda la Asamblea. En Palestina, la guerra y la posici贸n de las grandes potencias condicionan la capacidad de Naciones Unidas para hacer cumplir sus propias resoluciones; en Ir谩n, una ruta por la que circula una parte esencial de la energ铆a mundial se convierte en una pieza de la negociaci贸n militar; en Venezuela, petr贸leo, deuda, elecciones y relaciones internacionales aparecen inseparablemente unidos; en 脕frica, la ausencia de representaci贸n permanente en el Consejo de Seguridad mantiene una estructura de poder heredada de otra 茅poca; y en la inteligencia artificial, los datos, la energ铆a, los semiconductores y el capital empiezan a determinar qui茅n tendr谩 capacidad para establecer las reglas del futuro.
Las escenas de esta Asamblea permiten, por tanto, leer la transformaci贸n del mundo desde varios 谩ngulos. Las delegaciones que abandonaron la sala durante el discurso de Netanyahu expresaron el creciente rechazo internacional a la pol铆tica israel铆 en Gaza; la intervenci贸n de Abbas desde una pantalla volvi贸 a poner sobre la mesa la contradicci贸n entre la universalidad de Naciones Unidas y las restricciones impuestas por el pa铆s anfitri贸n; las amenazas contra Ir谩n y las negociaciones paralelas sobre Ormuz demostraron que la confrontaci贸n militar y la diplomacia pueden avanzar simult谩neamente; el encuentro entre Trump y Delcy Rodr铆guez record贸 que incluso adversarios profundamente enfrentados pueden terminar negociando cuando cambian las relaciones de fuerza; el breve acercamiento de Delcy a S谩nchez mostr贸 que los canales diplom谩ticos pueden reconstruirse incluso despu茅s de a帽os de tensi贸n; Lula combin贸 la defensa de la soberan铆a latinoamericana con una cr铆tica concreta a Nicaragua; 脕frica volvi贸 a exigir que no se decida sobre su futuro sin su participaci贸n; y la inteligencia artificial confirm贸 que la pr贸xima disputa por el poder mundial tendr谩 tambi茅n un componente tecnol贸gico decisivo.
Lo importante de estas escenas no reside 煤nicamente en su valor anecd贸tico. Su verdadera relevancia aparece cuando se observan las relaciones que las unen. En todas ellas vuelve a aparecer la misma pregunta sobre qui茅n tiene capacidad para imponer condiciones y qui茅n dispone de margen suficiente para rechazarlas. Esa es, en buena medida, la disputa que est谩 atravesando actualmente el sistema internacional.
La ONU contin煤a siendo necesaria porque no existe ninguna otra instituci贸n capaz de reunir en un mismo espacio a pr谩cticamente todos los Estados del planeta. Pero para recuperar credibilidad necesita afrontar precisamente las contradicciones que la Asamblea ha vuelto a poner delante de las c谩maras: una estructura de poder que todav铆a conserva rasgos de 1945, un Consejo de Seguridad en el que cinco Estados mantienen el veto, una relaci贸n conflictiva entre soberan铆a nacional e intervenci贸n externa y una creciente desigualdad en el acceso a los recursos econ贸micos y tecnol贸gicos que determinar谩n el futuro.
La transformaci贸n del equilibrio mundial tampoco garantiza que las relaciones internacionales vayan a ser m谩s justas. China, Rusia, India, Brasil, los pa铆ses africanos y otras potencias emergentes pueden contribuir a limitar la hegemon铆a estadounidense, pero todos ellos tienen tambi茅n intereses propios y ninguno est谩 exento de contradicciones. Por eso, desde una perspectiva antimperialista, el objetivo no deber铆a ser reemplazar una hegemon铆a por otra, sino avanzar hacia un sistema en el que ning煤n Estado pueda convertir su superioridad militar, econ贸mica o tecnol贸gica en un privilegio para decidir por los dem谩s.
Las peque帽as escenas de la 81.陋 Asamblea General permiten entender precisamente esa transici贸n. El viejo orden internacional contin煤a teniendo una enorme capacidad de resistencia, pero ya no consigue imponer con la misma facilidad la idea de que sus jerarqu铆as son naturales e inmutables. Cada vez m谩s pa铆ses reclaman soberan铆a, representaci贸n, autonom铆a econ贸mica y capacidad para participar en las decisiones que afectan a su futuro.
La pregunta que deja esta Asamblea no es, por tanto, qui茅n gan贸 aquella semana en Nueva York. Lo verdaderamente decisivo ser谩 determinar si la transformaci贸n del equilibrio mundial puede abrir paso a unas relaciones internacionales m谩s democr谩ticas o si simplemente producir谩 una nueva distribuci贸n de las mismas estructuras de dominaci贸n. La respuesta depender谩 de la capacidad de los pueblos y de los Estados del Sur Global para defender su soberan铆a, construir relaciones de cooperaci贸n y exigir que el multilateralismo deje de ser 煤nicamente un lenguaje diplom谩tico y se convierta en una pr谩ctica efectiva de igualdad entre naciones.

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