Nicaragua, 46 a帽os despu茅s de aquella hermosa batalla, la Gran Cruzada Nacional de Alfabetizaci贸n
Entre finales de marzo y agosto de 1980, cuando comenzaba a caer la noche en cualquier comunidad de Nicaragua, una peque帽a l谩mpara iluminaba una mesa alrededor de la cual se sentaban un joven alfabetizador y varias personas que apenas empezaban a reconocer las letras. No hab铆a grandes aulas ni pupitres. Muchas veces tampoco hab铆a electricidad. Hab铆a una cartilla, un l谩piz, una tiza, una pizarra, una l谩mpara, paciencia y, sobre todo, el deseo de aprender y ense帽ar. En aquellas noches sencillas, en medio de la pobreza y de las dificultades de una Nicaragua que acababa de salir de una larga dictadura, comenz贸 a escribirse una de las p谩ginas m谩s hermosas de la Revoluci贸n Sandinista.
Aquella escena se repet铆a una y otra vez por todo el pa铆s. En casas campesinas, bajo los 谩rboles, junto a los caminos y en las monta帽as, Nicaragua entera se hab铆a convertido en una escuela. Miles de j贸venes hab铆an dejado temporalmente sus hogares y sus familias para internarse en una Nicaragua que muchos apenas conoc铆an. Iban cargados con una cartilla y unos pocos materiales, pero llevaban consigo algo mucho m谩s importante: la convicci贸n de que la Revoluci贸n que hab铆a triunfado el 19 de julio de 1979 no pod铆a limitarse a haber derrotado a la dictadura. La victoria ten铆a que llegar hasta las comunidades m谩s apartadas, hasta las familias campesinas, hasta quienes durante d茅cadas hab铆an permanecido al margen de la educaci贸n y de las oportunidades.
Hac铆a apenas ocho meses que el pueblo nicarag眉ense hab铆a derribado a la dictadura somocista, una dictadura familiar que durante m谩s de cuatro d茅cadas hab铆a mantenido el poder mediante la represi贸n, la desigualdad y la exclusi贸n. El 19 de julio hab铆a abierto una enorme esperanza, pero la Revoluci贸n recib铆a un pa铆s profundamente herido. La guerra contra Somoza hab铆a dejado miles de muertos, familias destruidas y comunidades devastadas. La pobreza era especialmente dura en las zonas rurales, donde durante generaciones hab铆an faltado escuelas, maestros, asistencia sanitaria, caminos, electricidad, agua potable y muchas de las condiciones b谩sicas para desarrollar una vida digna.
El analfabetismo era una de las expresiones m谩s visibles de aquella realidad. El r茅gimen somocista hab铆a dejado una tasa nacional del 50,3 %, mientras que en algunos departamentos la situaci贸n era todav铆a mucho m谩s dram谩tica: en R铆o San Juan, por ejemplo, alcanzaba el 96,32 %. Aquella cifra permite comprender mejor lo que significaba que un joven llegara a una comunidad con una cartilla en las manos. No se encontraba simplemente ante una persona que desconoc铆a las letras. Se encontraba ante las consecuencias de d茅cadas de abandono.
Por eso, para la Revoluci贸n Sandinista, transformar Nicaragua no significaba 煤nicamente cambiar las estructuras pol铆ticas. Hab铆a que reconstruir un pa铆s devastado y, al mismo tiempo, comenzar a construir una sociedad diferente. Hab铆a que atender la salud, impulsar la educaci贸n, mejorar las condiciones de vida, llevar servicios a las comunidades y devolver a millones de personas algo que durante demasiado tiempo les hab铆a sido negado: el derecho a aprender.
Y as铆 comenz贸 una de las mayores epopeyas educativas de la historia de Nicaragua.
Una revoluci贸n que tambi茅n ten铆a que ense帽ar
Carlos Fonseca Amador hab铆a dejado una consigna que resum铆a una parte esencial de aquella concepci贸n revolucionaria: “Y tambi茅n ens茅帽enles a leer y escribir”. Aquellas palabras, pronunciadas a帽os antes en medio de la lucha revolucionaria, adquir铆an ahora una dimensi贸n concreta. La Revoluci贸n hab铆a triunfado y hab铆a llegado el momento de convertir aquella orientaci贸n en una realidad que alcanzara hasta el 煤ltimo rinc贸n del pa铆s.
No se pod铆a esperar a construir una red educativa perfecta para comenzar. Hab铆a que actuar inmediatamente. La pobreza no pod铆a esperar y la ignorancia tampoco. Por eso, el 23 de marzo de 1980, apenas ocho meses despu茅s del triunfo revolucionario, comenz贸 oficialmente la Gran Cruzada Nacional de Alfabetizaci贸n “H茅roes y M谩rtires por la Liberaci贸n de Nicaragua”.
La decisi贸n ten铆a adem谩s una enorme dimensi贸n material. Nicaragua heredaba una econom铆a profundamente deteriorada. La Cruzada supuso un esfuerzo extraordinario para un pa铆s empobrecido: seg煤n datos del Ministerio de Educaci贸n recogidos posteriormente por la UNAN-Managua, el coste de aquella campa帽a rond贸 los 20 millones de d贸lares de la 茅poca. No hab铆a abundancia de recursos. Hab铆a voluntad pol铆tica, organizaci贸n popular y una convicci贸n: la Alfabetizaci贸n era urgente.
Miles de j贸venes se pusieron en camino hacia las comunidades rurales. Algunos proced铆an de Managua y de otras ciudades y nunca hab铆an vivido durante meses en una comunidad campesina. Otros tampoco conoc铆an las monta帽as, los caminos interminables, las largas jornadas de trabajo agr铆cola, la falta de electricidad o las dificultades cotidianas de aquellas familias. Muchos iban a descubrir por primera vez una parte de Nicaragua que hab铆a permanecido pr谩cticamente invisible para quienes viv铆an en las ciudades.
El analfabetismo la consecuencia de una sociedad que durante d茅cadas hab铆a negado a buena parte de su poblaci贸n el derecho a aprender. Ense帽ar a leer significaba mucho m谩s que aprender el abecedario. Significaba poder escribir un nombre, comprender una carta, leer un peri贸dico, interpretar un documento, realizar una gesti贸n y dejar de depender de otra persona para acceder a una palabra escrita.
Significaba abrir una puerta que hab铆a permanecido cerrada durante generaciones.
La Cruzada tampoco fue concebida como una ense帽anza mec谩nica. La coordinaci贸n estudi贸 experiencias de alfabetizaci贸n desarrolladas en pa铆ses como Cuba, Mozambique, Guinea-Bissau y Cabo Verde y consult贸 a especialistas como Paulo Freire, el c茅lebre pedagogo brasile帽o y autor de Pedagog铆a del oprimido. La experiencia nicarag眉ense recibi贸 as铆 aportaciones internacionales, pero desarroll贸 tambi茅n sus propios m茅todos y materiales a partir de la realidad del pa铆s.
La cartilla no pretend铆a solamente ense帽ar letras. Pretend铆a que quien aprend铆a pudiera leer tambi茅n su propia realidad. Porque aprender a leer era comenzar a descubrir que el mundo pod铆a comprenderse y que, una vez comprendido, tambi茅n pod铆a transformarse. UNESCO destaca precisamente que aquella experiencia permiti贸 a miles de j贸venes de las ciudades descubrir la otra mitad del pa铆s y conocer de cerca las condiciones de pobreza y marginaci贸n heredadas de d茅cadas de dictadura.
La Nicaragua que esperaba a los alfabetizadores
Cuando aquellos j贸venes salieron hacia las monta帽as, no se dirig铆an simplemente a un territorio desconocido. Entraban en el coraz贸n de una sociedad que acababa de despertar de una larga noche.
La pobreza era especialmente dura en las zonas rurales. Muchas comunidades carec铆an de escuelas y maestros, de asistencia sanitaria y de servicios b谩sicos. El acceso a la educaci贸n depend铆a demasiado a menudo del lugar donde una persona hab铆a nacido y de las posibilidades econ贸micas de su familia. Para muchos campesinos, la escuela hab铆a sido una realidad lejana, casi imposible.
La guerra contra la dictadura hab铆a dejado adem谩s una profunda huella. Hab铆a familias que hab铆an perdido a padres, madres, hijos y hermanos. Hab铆a comunidades que hab铆an conocido la violencia y el miedo. La Revoluci贸n abr铆a una esperanza inmensa, pero el pa铆s no pod铆a recuperarse de d茅cadas de abandono de un d铆a para otro.
La Revoluci贸n ten铆a que reconstruir mientras transformaba.
En ese escenario, la educaci贸n ocupaba un lugar central. Porque una persona que aprend铆a a leer no solamente adquir铆a una habilidad. Ganaba autonom铆a. Pod铆a comprender una carta enviada por un hijo, leer las noticias, escribir sus pensamientos, entender un documento o participar de otra manera en la vida de su comunidad.
Por eso la Cruzada no fue concebida 煤nicamente como una operaci贸n contra las estad铆sticas del analfabetismo. Era tambi茅n una batalla contra una de las formas m谩s profundas de la pobreza: la imposibilidad de acceder al conocimiento.
Y por eso aquellos j贸venes no llevaban solamente una cartilla. Llevaban una idea de pa铆s.
Sab铆an que el camino tambi茅n pod铆a ser peligroso
Existe, sin embargo, una dimensi贸n de aquella historia que a veces queda relegada cuando se recuerda la Cruzada.
Aquellos j贸venes no se marcharon hacia las comunidades rurales en un pa铆s en paz.
La Revoluci贸n Sandinista acababa de triunfar y sus adversarios ya comenzaban a organizarse. Al otro lado de la frontera con Honduras se agrupaban antiguos miembros de la Guardia Nacional somocista y otros sectores opositores al nuevo Gobierno. Las primeras acciones armadas y las incursiones en determinadas zonas comenzaban a mostrar que el proceso revolucionario no iba a desarrollarse tranquilamente. La guerra de la Contra todav铆a no hab铆a alcanzado la dimensi贸n que adquirir铆a posteriormente, pero el escenario de confrontaci贸n ya comenzaba a formarse.
Los proyectos sociales de la Revoluci贸n se convirtieron desde muy pronto en objetivos de quienes pretend铆an desestabilizar al nuevo Gobierno. La alfabetizaci贸n, por su car谩cter masivo y por su llegada a las comunidades m谩s pobres y alejadas, era una de las expresiones m谩s visibles de aquella transformaci贸n.
No se trataba 煤nicamente de adaptarse a las duras condiciones de la vida rural, caminar durante horas por senderos dif铆ciles, dormir en casas humildes o convivir con familias a las que hasta entonces no conoc铆an. Se trataba tambi茅n de entrar en un pa铆s donde una revoluci贸n reci茅n nacida comenzaba a ser amenazada y donde una guerra se encontraba en proceso de gestaci贸n.
Y, sin embargo, miles de j贸venes dieron un paso adelante.
Hab铆a ideales que pesaban m谩s que el miedo. Hab铆a una convicci贸n profunda de que la victoria del 19 de julio ten铆a que convertirse en escuelas, hospitales, alimentos, derechos y conocimiento. Hab铆a tambi茅n una idea sencilla y poderosa: si la Revoluci贸n hab铆a abierto una puerta para ellos, ellos pod铆an ayudar a abrirla para otros.
Sab铆an que iban a combatir la ignorancia. Y sab铆an tambi茅n los peligros que les acechaban.
Un pueblo entero convertido en escuela
Entre el 23 de marzo y el 23 de agosto de 1980, Nicaragua vivi贸 una movilizaci贸n extraordinaria. 95.582 j贸venes, maestros, trabajadores de la salud, asesores pedag贸gicos, conductores, oficinistas, amas de casa y otros colaboradores participaron en aquella gran tarea y llevaron la ense帽anza a todos los rincones posibles del pa铆s. En cinco meses, 406.056 nicarag眉enses aprendieron a leer y escribir, mientras la tasa de analfabetismo descend铆a del 50,3 % al 12,9 %.
Detr谩s de aquellas cifras hab铆a miles de historias. Hab铆a campesinos que por primera vez pod铆an escribir su nombre. Mujeres que pod铆an leer una carta. Personas mayores que descubr铆an, quiz谩 despu茅s de toda una vida, que aquellas letras que hab铆an visto durante a帽os dejaban de ser signos incomprensibles. Y hab铆a j贸venes que regresaban de las comunidades conociendo la realidad de su pa铆s y comprendiendo que ense帽ar tambi茅n significaba aprender.
Y entre quienes protagonizaron aquella epopeya hubo una presencia femenina decisiva. Miles de muchachas participaron como alfabetizadoras, maestras, brigadistas y colaboradoras, mientras miles de mujeres campesinas y trabajadoras se sentaban por primera vez ante una cartilla para aprender aquello que durante a帽os les hab铆a sido negado. Para muchas de aquellas j贸venes, la Cruzada signific贸 tambi茅n descubrir nuevas capacidades y asumir responsabilidades que marcar铆an sus vidas. Para las mujeres alfabetizadas, signific贸 conquistar una herramienta de autonom铆a que les permit铆a leer, escribir, comprender un documento y participar con mayor independencia en la vida de sus familias y comunidades. La Cruzada fue, tambi茅n, una experiencia de transformaci贸n para las mujeres que ense帽aron y para las mujeres que aprendieron.
La convivencia produjo algo que ninguna estad铆stica puede medir completamente. J贸venes procedentes de las ciudades compartieron durante meses la vida cotidiana de familias campesinas, conocieron sus problemas, trabajaron junto a ellas y descubrieron una Nicaragua que hasta entonces les hab铆a sido distante. UNESCO ha destacado precisamente esa dimensi贸n de la Cruzada: los j贸venes no solamente ense帽aron a leer, sino que conocieron de cerca la pobreza y la marginaci贸n heredadas de d茅cadas de dictadura.
La Nicaragua profunda dej贸 de ser una abstracci贸n.
Ten铆a rostro, nombre, familia, pobreza, dignidad y esperanza.
Y aquellos j贸venes regresaron a sus ciudades siendo diferentes.
Pero aquella gran batalla tuvo tambi茅n un precio. En el camino de la Cruzada cayeron 59 compa帽eros alfabetizadores, convertidos en h茅roes y m谩rtires de aquella epopeya. Su recuerdo forma parte inseparable de la historia de quienes salieron hacia las comunidades convencidos de que ense帽ar a leer era una tarea por la que val铆a la pena comprometerse hasta las 煤ltimas consecuencias.
Nicaragua no estaba sola
La batalla contra el analfabetismo fue nicarag眉ense, pero tambi茅n tuvo una profunda dimensi贸n internacionalista. Brigadas de profesores voluntarios procedentes de unos 23 pa铆ses (Cuba, Espa帽a, Costa Rica, M茅xico, Argentina, Chile, Uruguay, Colombia, Honduras, Panam谩, Rep煤blica Dominicana, El Salvador, Guatemala, Estados Unidos, Canad谩, Alemania Occidental (RFA), Alemania Oriental (RDA), Pa铆ses Bajos (Holanda), Suecia, Francia, Italia, B茅lgica) colaboraron en distintos aspectos de la Cruzada, desde la organizaci贸n t茅cnica y la preparaci贸n de materiales hasta la formaci贸n de los j贸venes nicarag眉enses.
Desde Cuba lleg贸 la Brigada “Augusto C茅sar Sandino”, integrada por maestros que se incorporaron al esfuerzo educativo y llevaron su experiencia hasta algunas de las comunidades m谩s apartadas. Tambi茅n participaron profesores y estudiantes de otros pa铆ses, entre ellos Costa Rica, Espa帽a y organizaciones internacionales de estudiantes.
La solidaridad no lleg贸 煤nicamente en forma de palabras. Lleg贸 caminando por los caminos de Nicaragua.
Entre aquellos internacionalistas europeos estuvo por ejemplo Ambrosio Mogorr贸n, el “Doctorcito”, que lleg贸 a Nicaragua en 1980 para participar en la Cruzada. Su compromiso no termin贸 cuando concluy贸 aquella campa帽a. Despu茅s se intern贸 en las monta帽as de Jinotega y dedic贸 su vida a acompa帽ar a comunidades campesinas y a combatir enfermedades olvidadas.
Tambi茅n estuvo Jo毛l Fieux, franc茅s de 28 a帽os, formado en micromec谩nica y vinculado a trabajos de imprenta y comunicaci贸n relacionados con movimientos sociales. Despu茅s de la Cruzada colabor贸 en la instalaci贸n de imprentas y en la producci贸n de materiales de comunicaci贸n
Sus compromiso con Nicaragua continuaron hasta que fueron asesinados por la Contra.
Ambrosio y Jo毛l representan una historia que merece ser contada con especial cari帽o: la de aquellos hombres y mujeres que llegaron desde lejos para ense帽ar y terminaron haciendo de Nicaragua parte de sus propias vidas.
Algunos regresaron a sus pa铆ses. Otros permanecieron durante a帽os.Y unos pocos entregaron sus vidas.
La Cruzada termin贸. El camino, no
El 23 de agosto de 1980 termin贸 oficialmente la campa帽a de alfabetizaci贸n en espa帽ol, pero la tarea educativa continu贸. El 30 de septiembre comenz贸 la alfabetizaci贸n en ingl茅s criollo, miskito y sumo, con el objetivo de llegar a miles de personas de la Costa Caribe. La educaci贸n de adultos sigui贸 desarroll谩ndose durante los a帽os posteriores, porque aquella primera victoria hab铆a demostrado que la alfabetizaci贸n no pod铆a entenderse como un acontecimiento aislado, sino como el comienzo de un proceso educativo m谩s amplio.
En ese largo camino encontr贸 un espacio especialmente importante R铆o San Juan. Debido a las condiciones de aislamiento y pobreza extrema de la zona, el gobierno la prioriz贸 enviando contingentes especiales de educadores, como fue la llegada el 20 de febrero de 1983 de maestros de la Brigada "Benicio Herrera Jer茅z". En ese momento R铆o San Juan fue un territorio donde la educaci贸n popular se convirti贸 en una experiencia de vida para quienes decidieron permanecer junto a las comunidades.
Fue tambi茅n en aquella continuidad y con la llegada de esta brigada, donde surgi贸 una figura que merece un reconocimiento especial: el Maestro Orlando Pineda, pues 茅l fue dirigente y coordinador de la brigada.
Orlando entendi贸 desde muy temprano que alfabetizar no consist铆a simplemente en llegar a una comunidad, ense帽ar las primeras letras, reducir el porcentaje de personas iletradas y marcharse. Hab铆a que conocer a la gente, hablar con ella, comprender sus problemas y conseguir que la propia comunidad se convirtiera en protagonista de la transformaci贸n. En R铆o San Juan, cuando no hab铆a una escuela, los maestros reun铆an a la poblaci贸n para decidir c贸mo construirla; los campesinos aportaban su trabajo y las mujeres participaban tambi茅n en aquellas jornadas. La educaci贸n dejaba as铆 de ser algo que llegaba desde fuera y se convert铆a en una obra colectiva. R铆o San Juan fue para Orlando mucho m谩s que un territorio de trabajo: fue el lugar donde la educaci贸n popular se convirti贸 en una forma de caminar junto al pueblo.
El resultado demostr贸 que aquella manera de entender la educaci贸n pod铆a transformar una regi贸n: en R铆o San Juan, el analfabetismo descendi贸 del 35 % en 1985 al 3,77 % en octubre de 1987. Pero la propia experiencia mostr贸 tambi茅n que alfabetizar no era suficiente; hab铆a que garantizar que lo aprendido no se perdiera y convertir la alfabetizaci贸n en el primer paso de un proceso educativo permanente.
Por eso, cuando hablamos de Orlando Pineda, hablamos de maestro en el sentido m谩s profundo de la palabra. De un hombre que convirti贸 la educaci贸n popular en una forma de vida y que durante d茅cadas ha defendido la idea de que ninguna persona ni ninguna comunidad deben quedar condenadas a la oscuridad.
Cuando cambi贸 el Gobierno, la llama permaneci贸 encendida
La derrota electoral del FSLN en 1990 cambi贸 el rumbo pol铆tico del pa铆s. Pero no consigui贸 apagar aquella vocaci贸n.
El 26 de febrero de 1990 naci贸 la Asociaci贸n de Educaci贸n Popular Carlos Fonseca Amador (AEPCFA), que mantuvo viva la experiencia de educaci贸n popular durante los a帽os neoliberales. San Francisco Libre, Palacag眉ina, R铆o San Juan y otras comunidades siguieron formando parte de aquel largo camino.
All铆 estuvieron hombres y mujeres que comprendieron que el cambio de Gobierno no pod铆a significar el abandono de todo lo que se hab铆a construido alrededor de la educaci贸n popular. La alfabetizaci贸n hab铆a echado ra铆ces en las comunidades y quienes hab铆an participado en aquella experiencia se negaron a dejarla convertida en un recuerdo. En 1990, mientras cambiaba el rumbo pol铆tico del pa铆s, naci贸 la AEPCFA para mantener vivo aquel compromiso y continuar llevando la educaci贸n a quienes todav铆a la necesitaban. La organizaci贸n sigui贸 vinculando la alfabetizaci贸n con la salud, la producci贸n, el medio ambiente y la participaci贸n de las propias comunidades.
Entre sus fundadores, estaba Abner Pineda. Un maestro rural que vivi贸 antes del triunfo de la Revoluci贸n, como alumnos dejaban las aulas para huir a las monta帽as por miedo a ser asesinados por la guardia. Mas tarde 茅l tambi茅n se comprometer铆a con el frente sandinista y despu茅s de la victoria se implicar铆a en la gran Cruzada Nacional. Hoy ya no podemos conversar con Abner, pero su legado esta presente en los frutos del trabajo que realizo, con mucho compromiso hacia su pa铆s y su revoluci贸n, tan solo con el deseo de construir un futuro mejor. Su nombre permanece unido a la historia de la Cruzada, de la AEPCFA y de quienes durante aquellos a帽os se negaron a aceptar que la alfabetizaci贸n y la educaci贸n popular fueran solamente un recuerdo.
Y en esos momentos tan dif铆ciles la Solidaridad Internacional se mantuvo presente. Fueron muchas las brigadas que llegaron a Nicaragua durante los 80,90 y principios del 2000 para apoyar la alfabetizaci贸n. Alemania, Espa帽a, Italia, Francia, Pa铆ses Bajos, Suecia, ..( fueron los principales pa铆ses europeos, que llegaban con grandes grupos de brigadistas).
Miquel Soler Roca, Jaume Botey, Maria Pau Trayner y Sebas Parra forman parte de esa memoria internacionalista que siempre estuvo apoyando la alfabetizaci贸n y la educaci贸n popular en Nicaragua. Miquel, referente de la educaci贸n de adultos y antiguo director de la Divisi贸n de Alfabetizaci贸n de UNESCO; Jaume, maestro, profesor universitario y profundamente vinculado a la escolarizaci贸n de adultos; Maria Pau, destacada activista social, antrop贸loga, profesora vinculada a movimientos de educaci贸n popular y teolog铆a feminista y Sebas, maestro y con gran influencia de Paulo Freire, cuyo compromiso con Nicaragua y con la AEPCFA termin贸 convirti茅ndose en una parte esencial de su propia vida.
Los cuatro ya no est谩n entre nosotros. Pero existe una forma hermosa de recordarlos: continuar aquello en lo que creyeron.
Cuba como siempre solidaria
Durante los a帽os neoliberales, los avances de la alfabetizaci贸n fueron parcialmente revertidos y el analfabetismo volvi贸 a crecer. Organizaciones sociales y la propia AEPCFA estimaron que el 铆ndice real de vulnerabilidad educativa en diversas zonas lleg贸 a situarse entre el 30 % y el 36,9 %.
Entonces Cuba volvi贸 a ofrecer su solidaridad a Nicaragua. De la mano de Orlando Pineda, de la AEPCFA, y con el decisivo apoyo de la solidaridad internacional, comenz贸 a llegar a Nicaragua el m茅todo cubano “Yo, s铆 puedo”. En 2005, Orlando Pineda, Sebas Parra y Joan Colomer participaron en el Primer Congreso Mundial de Alfabetizaci贸n celebrado en La Habana, donde conocieron directamente el m茅todo creado por la pedagoga cubana Leonela In茅s Relys. A partir de aquella experiencia comenzaron las gestiones para hacerlo llegar a Nicaragua. Sebas Parra desempe帽贸 un papel especialmente importante en aquella tarea: fue designado representante internacional para impulsar las gestiones de cooperaci贸n y trabaj贸 en la consecuci贸n de los convenios y en la preparaci贸n log铆stica necesaria para poner en marcha el proyecto. En 2005-2006 se desarrollaron los primeros pilotajes en diversos municipios y departamentos, especialmente en zonas rurales, en coordinaci贸n con las alcald铆as (Diriamba, Juigalpa, Estel铆, Somoto,..), antes de extender progresivamente el programa a otros municipios del pa铆s, despu茅s del regreso del FSLN al Gobierno en 2007. En ese momento aquel esfuerzo adquiri贸 una dimensi贸n nacional.
Entre 2007 y 2009 se desarroll贸 una nueva campa帽a nacional de alfabetizaci贸n y, en 2009, Nicaragua volvi贸 a situarse por debajo del 5 % de analfabetismo, alrededor del 4,7 %, dentro de los par谩metros utilizados internacionalmente para considerar a un pa铆s territorio libre de analfabetismo.
La historia parec铆a cerrar un c铆rculo. Pero en realidad estaba comenzando otra etapa.
De aquella cartilla a la educaci贸n del siglo XXI
La alfabetizaci贸n hab铆a demostrado que era posible transformar una realidad que parec铆a condenada a repetirse. Pero el desaf铆o educativo era mucho mayor.
Durante los primeros a帽os del siglo XXI, bajo los gobiernos neoliberales, alrededor de 800.000 ni帽os y adolescentes quedaban fuera del sistema educativo. La Tasa Neta de Escolaridad alcanzaba solamente el 41,7 % en educaci贸n preescolar y el 44,3 % en educaci贸n secundaria, dejando a una parte enorme de la juventud fuera de las aulas.
La nueva etapa revolucionaria iniciada en 2007 recuper贸 la gratuidad de la educaci贸n p煤blica y ampli贸 progresivamente las posibilidades de acceso.
La escuela dej贸 de ser solamente el lugar donde aprender las primeras letras. Pas贸 a formar parte de un sistema mucho m谩s amplio que incluye educaci贸n inicial, primaria, secundaria, educaci贸n especial, j贸venes y adultos, formaci贸n t茅cnica y universidad.
Para 2026 el sistema educativo proyecta una matr铆cula de 1,8 millones de ni帽as, ni帽os, adolescentes, j贸venes y adultos. El acceso se ha acompa帽ado de programas sociales como la merienda escolar, que llega aproximadamente a un mill贸n de estudiantes de centros p煤blicos y subvencionados, adem谩s de libros, tecnolog铆a educativa, educaci贸n en el campo, rehabilitaci贸n y construcci贸n de centros escolares y formaci贸n continua del profesorado.
La transformaci贸n alcanza tambi茅n a la educaci贸n superior. Las universidades p煤blicas pasaron de atender 77.710 estudiantes de licenciatura en 2006 a m谩s de 207.000 j贸venes y adultos en 2025, con una participaci贸n femenina mayoritaria. La gratuidad universitaria, las becas, la ampliaci贸n de carreras, laboratorios, infraestructura y presencia territorial han abierto posibilidades que antes resultaban inaccesibles para muchas familias. Para 2026 las universidades p煤blicas proyectan el acceso de alrededor de 82.000 estudiantes.
La educaci贸n t茅cnica tambi茅n ha experimentado una expansi贸n profunda: de 26 centros en 2006 a 71 en 2025, con una oferta mucho mayor de carreras y cursos y cientos de miles de protagonistas atendidos cada a帽o.
La idea contin煤a siendo aquella misma que animaba a los alfabetizadores de 1980: que estudiar no sea un privilegio reservado a unos pocos y que cada joven pueda encontrar un camino para construir su futuro, trabajar, emprender y contribuir al desarrollo de su comunidad.
Y la alfabetizaci贸n tampoco ha desaparecido.
El programa “Luz y Verdad”, iniciado en 2023, contin煤a trabajando con j贸venes y adultos e incorporando formaci贸n para el trabajo. La alfabetizaci贸n vuelve as铆 a ser entendida como lo que siempre debi贸 ser: no el punto final, sino el primer pelda帽o de un proceso educativo que debe continuar durante toda la vida.
La Costa Caribe y los caminos que todav铆a quedan por recorrer
Quiz谩 sea precisamente en la Costa Caribe donde mejor se comprende que aquella historia iniciada en 1980 nunca termin贸. All铆 la alfabetizaci贸n tuvo que enfrentarse a enormes distancias, comunidades aisladas y una realidad cultural y ling眉铆stica propia. No bastaba con llevar una cartilla: hab铆a que llegar a las comunidades y respetar las lenguas y culturas de sus pueblos.
Cuando el Gobierno de Reconciliaci贸n y Unidad Nacional retom贸 en 2007 la lucha contra el analfabetismo, la AEPCFA asumi贸 un papel central en esta tarea en la Costa Caribe, en coordinaci贸n con las autoridades nacionales y regionales. Entre 2008 y 2010 desarroll贸 una campa帽a que comenz贸 en comunidades de las riberas del R铆o Coco y Prinzapolka y posteriormente se extendi贸 a territorios como Bilwi, Waspam, Siuna, Bonanza y Rosita.
La experiencia permiti贸 llevar hasta aquellas comunidades el m茅todo cubano “Yo, s铆 puedo”, adapt谩ndolo a la realidad ling眉铆stica de la regi贸n. En 2008 se present贸 la versi贸n en miskito, “Yang, Lika Sipsna”, mientras se trabajaba tambi茅n en otras lenguas ind铆genas. La alfabetizaci贸n adquir铆a as铆 una dimensi贸n que iba m谩s all谩 de aprender a leer y escribir: significaba reconocer la identidad cultural de las comunidades y convertir la educaci贸n en una herramienta de participaci贸n y dignidad.
Y es aqu铆, nuevamente en esta tarea, los compa帽eros infatigables que debemos dar un reconocimiento, Eveling Vanegas, Guillermo Fuentes, Adri谩n Cruz y, el Maestro Orlando Pineda, forman parte de ese equipo que comenzaron en 1980 y quienes han continuado su trabajo haciendo de la educaci贸n popular una tarea permanente, vinculada a las comunidades y a sus necesidades.
Porque alfabetizar era solamente el comienzo. El camino deb铆a continuar hacia la educaci贸n t茅cnica y profesional. En noviembre de 2024, esa continuidad qued贸 reflejada en Bluefields, con la graduaci贸n de estudiantes del N煤cleo Educativo Carlos Fonseca Amador, entre ellos alumnos de la Escuela Campesina y de la Primera Universidad Ind铆gena Carlos Fonseca Amador, vinculados a la formaci贸n agropecuaria.
De la cartilla a la escuela. De la escuela a la formaci贸n t茅cnica. Y de la formaci贸n t茅cnica a la universidad.
La luz que pasa de unas manos a otras
En este 46.潞 aniversario regresan tambi茅n los nombres de quienes ya no podemos abrazar: Abner, Miquel, M陋Pau, Jaume, Sebas, Ambrosio y Jo毛l, junto a los 59 alfabetizadores que cayeron durante aquella epopeya y tantos otros hombres y mujeres que entregaron su juventud, su trabajo y, en algunos casos, su propia vida. Sus nombres forman parte de una historia que no pertenece solamente al pasado, porque aquello que defendieron contin煤a expres谩ndose cada vez que una persona puede acceder a la educaci贸n y abrir con ella nuevas posibilidades para su vida.
Hace 46 a帽os, miles de j贸venes salieron hacia las monta帽as con una cartilla, un l谩piz y una l谩mpara. Sab铆an que iban a encontrarse con la pobreza, con comunidades olvidadas durante d茅cadas y con unas condiciones de vida muy diferentes a las de las ciudades. Sab铆an tambi茅n que la Revoluci贸n reci茅n triunfada comenzaba a ser amenazada y que el camino pod铆a ser peligroso. Y, sin embargo, caminaron. Lo hicieron porque cre铆an que la victoria del 19 de julio deb铆a convertirse en algo concreto: escuelas, salud, derechos, oportunidades y dignidad para quienes durante generaciones hab铆an sido excluidos.
Muchos pensaban que iban a ense帽ar a leer a un pueblo. Regresaron comprendiendo que tambi茅n hab铆an aprendido a mirar de otra manera a su propio pa铆s. Descubrieron que detr谩s de cada cifra hab铆a una persona, una familia y una historia; que detr谩s del analfabetismo hab铆a pobreza y abandono, pero tambi茅n un enorme deseo de aprender. Descubrieron, en definitiva, que compartir el conocimiento pod铆a convertirse en una forma de solidaridad y de transformaci贸n.
Esa fue quiz谩 la verdadera grandeza de la Cruzada: no solamente ense帽贸 a leer palabras, sino que ayud贸 a un pueblo a comenzar a leer su propia realidad y a sentirse capaz de escribir su propio destino.
La historia tampoco termin贸 cuando se cerr贸 oficialmente la campa帽a el 23 de agosto de 1980. Continu贸 en la educaci贸n de adultos, en las comunidades de la Costa Caribe, en la experiencia de la AEPCFA, en el m茅todo cubano “Yo, s铆 puedo”, en las campa帽as posteriores y en las generaciones que han llegado despu茅s a las escuelas, a la formaci贸n t茅cnica y a las universidades. El reconocimiento internacional a aquella epopeya, incluida su incorporaci贸n a la Memoria del Mundo de la UNESCO, demuestra que aquella experiencia trascendi贸 las fronteras de Nicaragua y se convirti贸 en una referencia de la educaci贸n popular.
La propia UNESCO ha querido preservar aquella memoria: el Archivo de la Cruzada Nacional de Alfabetizaci贸n fue inscrito en el Registro Regional de Memoria del Mundo en 2006 y en el Registro Internacional en 2007. All铆 se conservan cartas, testimonios, diarios de campo, fotograf铆as, mapas, casetes, cartillas y materiales elaborados en espa帽ol, ingl茅s criollo, miskito y sumo. La historia de aquella peque帽a l谩mpara qued贸 as铆 convertida tambi茅n en patrimonio documental de la humanidad.
Hoy Nicaragua es diferente a aquella Nicaragua de 1980. Persisten desaf铆os, desigualdades y necesidades, especialmente en las comunidades m谩s alejadas y en la Costa Caribe, pero tambi茅n existen generaciones que han podido acceder a oportunidades educativas que sus padres y abuelos nunca tuvieron. La gratuidad de la educaci贸n p煤blica, la expansi贸n de la formaci贸n t茅cnica y universitaria y los programas dirigidos a j贸venes y adultos forman parte de esa transformaci贸n que comenz贸, de alguna manera, aquella noche de 1980.
Por eso, quiz谩 el mejor homenaje a quienes emprendieron aquel camino no sea solamente recordar sus nombres ni repetir sus cifras. Es mantener viva la raz贸n por la que caminaron.
Porque una revoluci贸n no se mide 煤nicamente por aquello que derriba, sino tambi茅n por aquello que consigue construir.
Y aquella peque帽a l谩mpara que una noche ilumin贸 una mesa campesina sigue siendo una poderosa imagen de lo que puede hacer un pueblo cuando decide que el conocimiento no debe ser privilegio de unos pocos.
La Cruzada termin贸 hace 46 a帽os. La luz, no.
Pas贸 de unas manos a otras, de una generaci贸n a la siguiente. Y mientras haya alguien dispuesto a ense帽ar, alguien dispuesto a aprender y un pueblo decidido a defender la educaci贸n como un derecho, aquella hermosa batalla seguir谩 teniendo sentido.
Porque aquella l谩mpara no se encendi贸 solamente para iluminar una noche. Se encendi贸 para abrir un camino.
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