Por Stalin Vlad铆mir Centeno, Stalin Magazine
La historia de Nicaragua ofrece un amplio, sangriento y doloroso registro de acontecimientos que han marcado el debate sobre la soberan铆a nacional y la influencia extranjera en los asuntos internos del pa铆s. Desde las intervenciones militares estadounidenses de comienzos del siglo XX, pasando por los distintos gobiernos impuestos por los yanquis, hasta aquellos que se arrodillaron ante la potencia del norte, y para evitar que esos antecedentes vuelvan a repetirse en este siglo XXI, durante la conmemoraci贸n del 47 aniversario del Triunfo de la Revoluci贸n Popular Sandinista, el Comandante Daniel Ortega expuso su visi贸n sobre el futuro pol铆tico de Nicaragua y el papel que han desempe帽ado las potencias extranjeras en la vida de nuestro pa铆s.
En ese contexto, el Comandante Daniel Ortega afirm贸 que las amenazas contra la estabilidad del pa铆s no han desaparecido y advirti贸 que, aunque Nicaragua vive en paz, persisten intentos de injerencia y conspiraci贸n pol铆tica desde el exterior. Al respecto expres贸: “No crean que porque no hay guerra estamos en paz. Ellos viven conspirando ah铆, conspirando, organizando, buscando c贸mo organizar partidos para que en una elecci贸n, que ellos se suponen, entonces esos partidos ganen las elecciones”. A continuaci贸n a帽adi贸: “Aqu铆 se acab贸 la historia de que los partidos puestos por los yanquis, puestos por los somocistas volver谩n a llegar al gobierno, jam谩s, jam谩s, jam谩s”. En ese mismo sentido, anunci贸 que desde la Asamblea Nacional “se trabajar谩n las leyes correspondientes, porque hay que hacer las leyes que les pongan un muro, un bloque a los golpistas, a los vendepatrias y que por mucha plata que les den los yanquis, no podr谩n, no podr谩n, no podr谩n”, finaliz贸 el Comandante Daniel Ortega.
La historia exhibe a los peleles que estuvieron al servicio de la potencia del norte durante las primeras d茅cadas del siglo XX, per铆odo en el que Nicaragua vivi贸 una etapa de entrega total al gobierno estadounidense. Tras la ocupaci贸n militar iniciada en 1912, Washington respald贸 a distintos gobiernos que actuaron como t铆teres y fueron afines a sus intereses estrat茅gicos en Centroam茅rica. En ese per铆odo, los marines y la diplomacia estadounidense ejerc铆an el control pol铆tico y militar del pa铆s, influyendo de manera determinante en las principales decisiones del Estado.
Y para muestra un bot贸n, Adolfo D铆az gobern贸 Nicaragua en dos per铆odos, entre 1911 y 1917, y posteriormente entre 1926 y 1929. Su retorno al poder ocurri贸 en medio de una crisis pol铆tica y de una nueva intervenci贸n militar estadounidense. Durante su administraci贸n se produjo el desembarco de los marines, quienes permanecieron en territorio nicarag眉ense durante varios a帽os. Los hechos hist贸ricos lo exhiben como un gobierno ap茅ndice de Washington, sostenido por el respaldo pol铆tico y militar de Estados Unidos para mantenerse en el poder.
La continuidad de esa sumisi贸n pol铆tica qued贸 reflejada en 1927, cuando el liberal Jos茅 Mar铆a Moncada acept贸 el Pacto del Espino Negro, negociado bajo la mediaci贸n del enviado especial estadounidense Henry L. Stimson. El acuerdo puso fin al enfrentamiento entre la mayor铆a de las fuerzas liberales y conservadoras, dispuso el desarme de los combatientes y abri贸 el camino para la creaci贸n de la Guardia Nacional, organizada bajo la direcci贸n y asesor铆a de Estados Unidos. Posteriormente, Moncada gan贸 las elecciones de 1928 y ejerci贸 la Presidencia entre 1929 y 1933, per铆odo en el que el 谩guila imperial mantuvo secuestradas la patria y la democracia nicarag眉ense, mientras su gobierno permanec铆a alineado con los intereses de Washington.
En la lista de peones de Estados Unidos prosigui贸 Anastasio Somoza Garc铆a, quien aprovech贸 el poder adquirido como jefe director de la Guardia Nacional para consolidar su control sobre el pa铆s. Tras derrocar al presidente Juan Bautista Sacasa en 1936, asumi贸 la Presidencia e inici贸 una dinast铆a familiar que se prolong贸 durante m谩s de cuatro d茅cadas. Su r茅gimen mantuvo una estrecha relaci贸n con Estados Unidos y recibi贸 respaldo pol铆tico y militar de Washington durante buena parte de su permanencia en el poder. En ese per铆odo, Somoza Garc铆a atendiendo ordenes de su protector, llev贸 a cabo el magnicidio del general Augusto C. Sandino el 21 de febrero de 1934.
Tras el fin de la dinast铆a somocista, el Frente Sandinista impuls贸 la celebraci贸n de las elecciones generales de 1984, consideradas las primeras elecciones libres en la historia de Nicaragua. Convocadas mediante el Decreto No. 1400 y celebradas el 4 de noviembre de ese a帽o, permitieron a los nicarag眉enses elegir mediante voto directo y secreto al presidente, vicepresidente y a los 90 diputados de la Asamblea Nacional encargada de redactar una nueva Constituci贸n Pol铆tica. En esos comicios participaron siete partidos pol铆ticos y el comandante Daniel Ortega Saavedra fue electo presidente de la Rep煤blica con el 67 % de los votos, dando inicio a una nueva etapa de procesos electorales en el pa铆s.
Posteriormente se realizaron las elecciones de 1990, desarrolladas en un contexto de guerra y de fuertes presiones de Estados Unidos, pues la administraci贸n estadounidense condicion贸 el levantamiento del embargo comercial impuesto en 1985 y el fin del conflicto al triunfo de Violeta Barrios de Chamorro, mediante mensajes que fueron percibidos por parte del electorado como amenazas de que la guerra y las sanciones continuar铆an si el resultado era otro.
El Frente Sandinista, teniendo el poder, las armas, el pueblo de su lado y la raz贸n de su parte, acept贸 los comicios ama帽ados y posteriormente tambi茅n particip贸 en las elecciones de 1996, donde las boletas electorales con votos a favor del FSLN se encontraban botadas en los cauces y calles, en un claro proceso fraudulento. Aun as铆, el sandinismo reconoci贸 al doctor Arnoldo Alem谩n como nuevo presidente de la Rep煤blica y acept贸 el inicio de su gobierno liberal. Para el 2001 particip贸 en otras elecciones presidenciales cargadas de irregularidades que pusieron en duda la legitimidad de ese proceso, pero, una vez m谩s, el partido sandinista, en otro acto de estatura pol铆tica y en aras de evitar el caos y la violencia en las calles, acept贸 la dudosa victoria del ingeniero Enrique Bola帽os, hasta retornar al gobierno mediante las urnas en 2006, cuando recuper贸 la Presidencia de la Rep煤blica. Desde entonces ha continuado participando en nuevos procesos electorales, en los que, con el respaldo de todo un pueblo, ha venido ganando cada elecci贸n mediante el voto popular y bajo las mismas reglas del juego que rigen para todos los partidos pol铆ticos.
En definitiva, la Nicaragua cristiana, socialista y solidaria no es ni ser谩 jam谩s colonia ni protectorado de ninguna potencia extranjera. Los hechos expuestos a lo largo de este recorrido muestran que la derecha ha sido impuesta en distintos momentos por fuerzas externas, manteniendo una relaci贸n de subordinaci贸n a esos intereses y dando la espalda al pueblo nicarag眉ense. Ante esa realidad, el pueblo debe permanecer unido en defensa de la paz, la soberan铆a y de los derechos que le han sido restituidos durante estos diecinueve a帽os de Buen Gobierno, bajo la sabidur铆a y el liderazgo de la Copresidenta Compa帽era Rosario Murillo y la experiencia del Copresidente Comandante Daniel Ortega.
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