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viernes, 15 de marzo de 2013

mas Horacio V. sobre el papa. CINCO NUEVOS TESTIMONIOS SOBRE BERGOGLIO EN 1976




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EL PAIS › CINCO NUEVOS TESTIMONIOS SOBRE BERGOGLIO EN 1976

Recordando con ira

El rol del ahora cardenal Bergoglio en la desaparici贸n de sacerdotes y el apoyo a la represi贸n dictatorial es confirmado por cinco nuevos testimonios. Hablan un sacerdote y un ex sacerdote, una te贸loga, un seglar de una fraternidad laica que denunci贸 en el Vaticano lo que ocurr铆a en la Argentina en 1976 y un laico que fue secuestrado junto con dos sacerdotes que no reaparecieron. La iracunda reacci贸n de Bergoglio, quien atribuye al gobierno el escrutinio de sus actos.


 Por Horacio Verbitsky


Cinco nuevos testimonios, ofrecidos en forma espont谩nea a ra铆z de la nota "Su pasado lo condena", confirman el rol del ahora cardenal Jorge Bergoglio en la represi贸n del gobierno militar sobre las filas de la Iglesia Cat贸lica que hoy preside, incluyendo la desaparici贸n de sacerdotes. Quienes hablan son una te贸loga que durante d茅cadas ense帽贸 catequesis en colegios del obispado de Mor贸n, el ex superior de una Fraternidad sacerdotal que fue diezmada por las desapariciones forzadas, un seglar de la misma Fraternidad que denunci贸 los casos al Vaticano, un sacerdote y un laico que fueron secuestrados y torturados.

Te贸loga con minifalda

Dos meses despu茅s del golpe militar de 1976 el obispo de Mor贸n, Miguel Raspanti, intent贸 proteger a los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics porque tem铆a que fueran secuestrados, pero Bergoglio se opuso. As铆 lo indica la ex profesora de catequesis en colegios de la di贸cesis de Mor贸n, Marina Rubino, quien en esa 茅poca estudiaba teolog铆a en el Colegio M谩ximo de San Miguel, donde viv铆a Bergoglio. Por esa circunstancia conoc铆a a ambos. Adem谩s hab铆a sido alumna de Yorio y Jalics y sab铆a del riesgo que corr铆an. Marina decidi贸 dar su testimonio luego de leer la nota sobre el libro de descargo de Bergoglio.
Marina Rubino vive en Mor贸n desde siempre. En el Colegio del Sagrado Coraz贸n de Castelar daba catequesis a los chicos y formaba a los padres, que le parec铆a lo m谩s importante. "Una vez por mes nos reun铆amos con ellos. Era un trabajo hermoso. Esta experiencia dur贸 quince a帽os". Tambi茅n dio cursos de iniciaci贸n b铆blica "en todos los lugares no tur铆sticos de la Argentina. Ten铆amos una publicaci贸n, con comentarios a los textos de los domingos, quer铆amos que las comunidades tuvieran elementos para pensar". Desde que se jubil贸 da clases de telar, en centros culturales, sociedades de fomento o casas.
No quiso ingresar al seminario de Villa Devoto porque no le interesaba la formaci贸n tomista, sino la Biblia. En 1972 comenz贸 a estudiar Teolog铆a en la Universidad del Salvador. La carrera se cursaba en el Colegio M谩ximo de San Miguel. En primer a帽o tuvo como profesor a Francisco Jalics y en segundo a Orlando Yorio. Mientras estudiaba, coordinaba la catequesis en el colegio Sagrado Coraz贸n de Castelar, donde tambi茅n estaba la religiosa francesa L茅onie Duquet. "Eran tiempos dif铆ciles. Por hacer en el colegio una opci贸n por los pobres tom谩ndonos en serio el Concilio Vaticano II y la reuni贸n del CELAM en Medell铆n perdimos la mitad del alumnado. Pero mantuvimos esa opci贸n y seguimos formando personas m谩s abiertas a la realidad y al compromiso con los m谩s necesitados sosteniendo que la fe tiene que fortalecer estas actitudes y no las contrarias." El obispo era Miguel Raspanti, quien entonces ten铆a 68 a帽os y hab铆a sido ordenado en 1957, en los 煤ltimos a帽os del reinado de P铆o XII. Era un hombre bien intencionado que hizo todos los esfuerzos por adaptarse a los cambios del Concilio, en el que particip贸. Despu茅s del cordobazo de 1969 repudi贸 las estructuras injustas del capitalismo e inst贸 al compromiso con "la liberaci贸n de nuestros hermanos necesitados". Pero el problema m谩s grave que pudo identificar en Mor贸n fue el aumento de los impuestos al peque帽o comerciante y el propietario de la clase media. "Muchas veces hubo que discutir y sostener estas opciones en el obispado y monse帽or Raspanti sol铆a terminar las entrevistas dici茅ndonos que si cre铆amos que hab铆a que hacer tal o cual cosa, si est谩bamos convencidos, 茅l nos apoyaba", recuerda Marina. Sus palabras son seguidas con atenci贸n por su esposo, Pepe Godino, un ex cura de Santa Mar铆a, C贸rdoba, que integr贸 el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo.
Marina cursaba teolog铆a en San Miguel de 8.30 a 12.30. No le hab铆an dado la beca porque era mujer, pero como era la coordinadora de catequesis en un colegio del obispado, Raspanti intercedi贸 y obtuvo que una entidad alemana se hiciera cargo del costo de sus estudios. Tampoco le quisieron dar el t铆tulo cuando se recibi贸, en 1977. El director del teologado, Jos茅 Luis Lazzarini, le dijo que hab铆a un problema, que no se hab铆an dado cuenta de que era mujer. Marina parti贸 en busca de quien la hab铆a recibido al ingresar, el jesuita V铆ctor Marangoni:
–Cuando me viste por primera vez, ¿te diste cuenta o no de que era mujer?
–S铆, claro, ¿por qu茅? –respondi贸 azorado el vicerrector ante esa tromba en minifalda.
–Porque Lazzarini no me quiere dar el t铆tulo.
Marangoni se encarg贸 de reparar ese absurdo. Marina tiene su t铆tulo pero nunca se realiz贸 la entrega oficial.

La desprotecci贸n

Un mediod铆a, al salir de sus cursos, "lo encuentro a monse帽or Raspanti parado en el hall de entrada, solo. No s茅 por qu茅 lo ten铆an all铆 esperando. Estaba muy silencioso, le pregunt茅 si esperaba a alguien y me dijo que s铆, que al padre provincial Bergoglio. Ten铆a el rostro demudado, p谩lido, cre铆 que estaba descompuesto. Lo salud茅, le pregunt茅 si se sent铆a bien, y lo invit茅 a pasar a un saloncito de los que hab铆a junto al hall".
–No, no me siento mal, pero estoy muy preocupado –le respondi贸 Raspanti.
Marina dice que tiene una memoria fotogr谩fica de aquel d铆a. Habla con voz calma pero se advierte el apasionamiento en sus ojos grandes y expresivos. Pepe la mira con ternura.
"Me impresion贸 verlo solo a Raspanti, que siempre iba con su secretario", dice. Marina sab铆a que sus profesores Jalics y Yorio y un tercer jesuita que trabajaba con ella en el colegio de Castelar, Luis Dourron, hab铆an pedido pasar a la di贸cesis de Mor贸n. Yorio, Jalics, Dourron y Enrique Rastellini, que tambi茅n era jesuita, viv铆an en comunidad desde 1970, primero en Ituzaing贸 y luego en el Barrio Rivadavia, junto a la Gran Villa del Bajo Flores, con conocimiento y aprobaci贸n de los sucesivos provinciales de la Compa帽铆a de Jes煤s, Ricardo Dick O'Farrell y Bergoglio. "Le dije que Orlando y Francisco hab铆an sido profesores m铆os y que Luis trabajaba con nosotros en la di贸cesis, que eran intachables, que no dudara en recibirlos. Todos est谩bamos pendientes de que pudieran venir a Mor贸n. Ninguno de los que conoc铆amos la situaci贸n nos opon铆amos. Raspanti me dijo que de eso ven铆a a hablar con Bergoglio. A Luis ya lo hab铆a recibido, pero necesitaba una carta en la que Bergoglio autorizara el pase de Yorio y Jalics."
Marina entendi贸 que era una simple formalidad, pero Raspanti le aclar贸 que la situaci贸n era m谩s complicada. "Con las malas referencias que Bergoglio le hab铆a mandado 茅l no pod铆a recibirlos en la di贸cesis. Estaba muy angustiado porque en ese momento Orlando y Francisco no depend铆an de ninguna autoridad eclesi谩stica y, me dijo:
–No puedo dejar a dos sacerdotes en esa situaci贸n ni puedo recibirlos con el informe que me mand贸. Vengo a pedirle que simplemente los autorice y que retire ese informe que dec铆a cosas muy graves.
Cualquiera que ayudara a pensar era guerrillero, comenta Marina. Acompa帽贸 a su obispo hasta que Bergoglio lo recibi贸 y luego se fue. Al salir vio que tampoco estaba en el estacionamiento el auto de Raspanti. "Debe haber venido en colectivo, para que nadie lo siguiera. Quer铆a que la cosa quedara entre ellos dos. Estaba haciendo lo imposible por darles resguardo."
La te贸loga agrega que le impresion贸 la angustia de Raspanti, "que si bien no pod铆a ser calificado de obispo progresista, siempre nos defendi贸, defendi贸 a los curas cuestionados de la di贸cesis, se llevaba a dormir a la casa episcopal a los que corr铆an m谩s riesgo y nunca nos prohibi贸 hacer o decir algo que consider谩ramos fruto de nuestro compromiso cristiano. Como buen salesiano se portaba como una gallina clueca con sus curas y sus laicos, cobijaba, cuidaba aunque no estuviera de acuerdo. Eran puntos de vista distintos, pero 茅l sab铆a escuchar y aceptaba muchas cosas". Uno de esos curas es Luis Piguillem, quien hab铆a sido amenazado. Regresaba en bicicleta cuando se top贸 con un cord贸n policial que imped铆a el paso. Insisti贸 en que quer铆a pasar, porque su casa estaba en el barrio y un polic铆a le dijo:
–Vas a tener que esperar porque estamos haciendo un operativo en la casa del cura.
Piguillem dio vuelta con su bicicleta y se alej贸 sin mirar hacia atr谩s. De all铆 fue al obispado de Mor贸n, donde Raspanti le dio refugio. Los militares dijeron que se hab铆a escondido bajo las polleras del obispo. Pero no se atrevieron a buscarlo all铆.
–¿Raspanti era consciente del riesgo que corr铆an Yorio y Jalics?
–S铆. Dijo que ten铆a miedo de que desaparecieran. No pueden quedar dos sacerdotes en el aire, sin un responsable jer谩rquico. Pocos d铆as despu茅s supimos que se los hab铆an llevado.

De C贸rdoba a Cleveland

Otro testimonio recogido a ra铆z de la publicaci贸n del domingo es el del sacerdote Alejandro Dausa, quien el martes 3 de agosto de 1976 fue secuestrado en C贸rdoba, cuando era seminarista de la Orden de los Misioneros de Nuestra Se帽ora de La Salette. Luego de seis meses en los que fue torturado por la polic铆a cordobesa en el Departamento de Inteligencia D2 pudo viajar a Estados Unidos, adonde ya hab铆a llegado el responsable del seminario, el sa-
cerdote estadounidense James Weeks, por quien se interes贸 el gobierno de su pa铆s. Este a帽o se realizar谩 en C贸rdoba el juicio por aquel episodio, cuyo principal responsable es el general Luciano Men茅ndez. Ahora Dausa vive en Bolivia y cuenta que tanto Yorio como Jalics le dijeron que Bergoglio los hab铆a entregado.
Al llegar a Estados Unidos supo por organismos de derechos humanos que Jalics se encontraba en Cleveland, en casa de una hermana. Dausa y los otros seminaristas, que estaban iniciando el noviciado, lo invitaron a dirigir dos retiros espirituales. Ambos se realizaron en 1977, uno en Altamont (estado de Nueva York) y otro en Ipswich (Massachusetts). Recuerda Dausa: "Como es natural, conversamos sobre los secuestros respectivos, detalles, caracter铆sticas, antecedentes, se帽ales previas, personas involucradas, etc. En esas conversaciones nos indic贸 que los hab铆a entregado o denunciado Bergoglio".
En la d茅cada siguiente, Dausa trabajaba como cura en Bolivia y participaba de los retiros anuales de La Salette en Argentina. En uno de ellos los organizadores invitaron a Orlando Yorio, que para esa 茅poca trabajaba en Quilmes. "El retiro fue en Carlos Paz, C贸rdoba, y tambi茅n en ese caso conversamos sobre la experiencia del secuestro. Orlando indic贸 lo mismo que Jalics sobre la responsabilidad de Bergoglio."

Los asuncionistas

Yorio y Jalics fueron secuestrados el 23 de mayo de 1976 y conducidos a la ESMA, donde los interrog贸 un especialista en asuntos eclesi谩sticos que conoc铆a la obra teol贸gica de Yorio. En uno de los interrogatorios le pregunt贸 por los seminaristas asuncionistas Carlos Antonio Di Pietro y Ra煤l Eduardo Rodr铆guez. Ambos eran compa帽eros de Marina Rubino en el Teologado de San Miguel y desarrollaban trabajo social en el barrio popular La Manuelita, de San Miguel, donde viv铆an y atend铆an la capilla Jes煤s Obrero. De all铆 fueron secuestrados diez d铆as despu茅s que los dos jesuitas, el 4 de junio de 1976, y llevados a la misma casa operativa que Yorio y Jalics. A media ma帽ana Di Pietro llam贸 por tel茅fono al superior asuncionista Roberto Favre y le pregunt贸 por el sacerdote Jorge Adur, que viv铆a con ellos en La Manuelita.
–Recibimos un telegrama para 茅l y se lo tenemos que entregar –dijo.
De ese modo, consigui贸 que la Orden se pusiera en movimiento. El superior Roberto Favre present贸 un recurso de h谩beas corpus, que no obtuvo respuesta. Adur logr贸 salir del pa铆s, con ayuda del nuncio Pio Laghi, y se exili贸 en Francia. Volvi贸 en forma clandestina en 1980, convertido en capell谩n del autodenominado "Ej茅rcito Montonero" y fue detenido-desaparecido en el trayecto a Brasil, donde procuraba entrevistarse con el papa Juan Pablo II. El mismo camino del exilio sigui贸 uno de los detenidos en la razzia del barrio La Manuelita, el entonces estudiante de medicina y hoy m茅dico Lorenzo Riquelme. Cuando recuper贸 su libertad la Fraternidad de los Hermanitos del Evangelio le dio hospitalidad en su casa porte帽a de la calle Malabia. En comunicaciones desde Francia con quien era entonces el superior de los Hermanitos del Evangelio, Patrick Rice, Riquelme dijo que quien lo denunci贸 fue un jesuita del Colegio de San Miguel, quien era a la vez capell谩n del Ej茅rcito. Est谩 convencido de que ese sacerdote presenci贸 las torturas que le aplicaron, cree que en Campo de Mayo.

El ablande

Tambi茅n como consecuencia de la nota del domingo acept贸 narrar su conocimiento del caso un fundador de la Fraternidad seglar de los Hermanitos del Evangelio Charles de Foucauld, Roberto Scordato. Entre fines de octubre y principios de noviembre de 1976, Scordato se reuni贸 en Roma con el cardenal Eduardo Pironio, quien era prefecto de la Congregaci贸n vaticana para los religiosos, y le comunic贸 el nombre y apellido de un sacerdote de la comunidad jesuita de San Miguel que participaba en las sesiones de tortura en Campo de Mayo con el rol de "ablandar espiritualmente" a los detenidos. Scordato le pidi贸 que lo transmitiera al superior general Pedro Arrupe pero ignora el resultado de su gesti贸n, si tuvo alguno. Consultado para esta nota Rice, quien tambi茅n fue secuestrado y torturado ese a帽o, dijo que eso no hubiera sido posible sin la aprobaci贸n del padre provincial. Rice y Scordato creen que ese jesuita se apellidaba Gonz谩lez pero a 34 a帽os de distancia no lo recuerdan con certeza.

Iracundia

Como cada vez que su pasado lo alcanza, Bergoglio atribuye la divulgaci贸n de sus actos al gobierno nacional. Esta semana reaccion贸 con furia, durante la homil铆a que pronunci贸 en una misa para estudiantes. En lo que su vocero describi贸 como "un mensaje al poder pol铆tico", dijo que "no tenemos derecho a cambiarle la identidad y la orientaci贸n a la Patria", sino "proyectarla hacia el futuro en una utop铆a que sea continuidad con lo que nos fue dado", que los chicos no tienen otro horizonte que comprar un papelito de merca en la esquina de la escuela y que los dirigentes procuran trepar, abultar la caja y promover a los amigos. Con este 谩nimo iracundo inaugurar谩 ma帽ana en San Miguel la primera asamblea plenaria del Episcopado de 2010.



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