Marcos Roitman Rosenmann
De ganar el candidato de la derecha, el proceso de involuci贸n est谩 garantizado. La oposici贸n venezolana, hoy agrupada en torno a Henrique Capriles, no encuentra la hora de acabar con todo lo que huele a Ch谩vez y el proceso bolivariano.
La revoluci贸n genera odio, resentimiento y desafecci贸n. Odio en la vieja clase pol铆tica, los grandes empresarios y las elites dominantes, acostumbradas a mandar sin contrapesos. Resentimiento y desafecci贸n entre una izquierda vulgar cuyo imaginario de cambios se afincaba en el
manualde estilo de la
revoluci贸n. En este contexto combate la propuesta bolivariana. Pol铆ticas sociales populares, inversiones p煤blicas, redistribuci贸n de la riqueza, nacionalizaciones, reforma agraria, acceso a la vivienda, salud, educaci贸n. Vor谩gine democr谩tica que pone en cuesti贸n la estructura social y poder tradicional, removiendo los cimientos de una sociedad piramidal y excluyente.
El desarrollo de la alternativa tuvo que vencer temores, convocar una asamblea constituyente y plebiscitar el proyecto democr谩tico. El 15 de diciembre de 1999, por primera vez en la historia pol铆tica del pa铆s, ser铆a aprobada, en refer茅ndum, con 71.78 por ciento de votos afirmativos, la nueva Constituci贸n. Y lo hizo marcando diferencias con su predecesora, vigente desde 1961 aprobada en el seno del Parlamento, sin un refrendo popular.
La promulgaci贸n de la Carta Magna ha sido el primer triunfo de la revoluci贸n en marcha. Sin embargo, la derecha tardar谩 en reconocer el nuevo marco constitucional. Pasara un lustro y entre medias, el frustrado golpe de Estado de 2002, cuyo fin era, entre otros, aparte del magnicidio, derogar la Constituci贸n de 1999, cuyo fundamento la diferencia de la mayor铆a de las existentes en la regi贸n, al subrayar el car谩cter fundante de la democracia participativa bajo la construcci贸n de una ciudadan铆a integral. As铆 lo destacan dos cient铆fico-sociales venezolanos, Edgar Lander y Margarita L贸pez Maya: “La b煤squeda de la igualdad social como objetivo expl铆cito es una de las diferencias que tiene la actual democracia venezolana con otras democracias de la regi贸n, y es uno de los sentidos que se le puede dar al t茅rmino
revoluci贸ncon que se auto-identifica esta experiencia. Es as铆 como la Constituci贸n de 1999, establece en su segundo art铆culo, los principios fundamentales de la rep煤blica:
Venezuela se constituye en un Estado democr谩tico y social de derecho y de justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jur铆dico y de su actuaci贸n la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general la preminencia de los derechos humanos, la 茅tica y el pluralismo pol铆tico.
Con este marco se han creado las misiones, herramienta fundamental para resolver y definir proyectos tendentes a la inclusi贸n, la transformaci贸n econ贸mica y social. Asimismo, el control de los recursos naturales y energ茅ticos, como el petr贸leo, han permitido tener los fondos necesarios para llevar a cabo las pol铆ticas redistributivas. A lo que debe sumarse, en pol铆tica exterior, el car谩cter antimperialista y emancipador que hunde sus ra铆ces en el pensamiento de los libertadores.
La revoluci贸n bolivariana marcha a contracorriente. En Am茅rica Latina y el mundo tiene enemigos que insisten en minimizar sus logros tach谩ndolos de populismo, sin diferenciar lo popular-nacional, la construcci贸n de un sujeto pol铆tico aut贸nomo, de lo que configura el populismo, un discurso obrerista, que renegocia la dependencia y cuyo liderazgo est谩 en manos de las burgues铆as criollas que no altera la estructura de poder ni ataca las desigualdades en su ra铆z. Pi茅nsese en Berlusconi, Aznar en Espa帽a, Putin en Rusia, Calder贸n en M茅xico, Uribe en Colombia y Pi帽era en Chile.
Las pol铆ticas implantadas en Venezuela son populares ni populistas ni calla bocas, no busca comprar votos. Es una acci贸n tendiente a erradicar la miseria, devolver la dignidad a un pueblo y hacerlo part铆cipe de su destino. As铆 lo demuestran los datos econ贸micos durante estos 10 a帽os de cambios democr谩ticos. La lucha contra la desigualdad, la pobreza y marginalidad social rinden frutos. Durante el periodo 1999-2010, la inversi贸n social acumulada se ubica en 330 mil millones de d贸lares (20 por ciento del PIB), mientras que en la d茅cada de 1988-1998 s贸lo alcanz贸 8 por ciento. Seg煤n el Banco Mundial, la pobreza disminuy贸 de 70 por ciento en 1996 a 23.9 en 2009 y la pobreza extrema se redujo de 40 por ciento a 5.9. El 铆ndice de Gini, para medir la desigualdad, se redujo en un punto, situ谩ndose en 0.4068, el m谩s bajo de toda Am茅rica Latina. La tasa de desempleo no supera 6.2 por ciento y el salario m铆nimo pas贸 de 185 d贸lares en 1998 a 462 en 2010. En 1998 los beneficiarios del sistema de pensiones alcanzaba a 387 mil personas, hoy suman un mill贸n 916 mil 618, con una pensi贸n homologada al salario m铆nimo, inexistente hasta la revoluci贸n. Igualmente el cr茅dito a microempresarios y sectores populares ha tenido un gran impulso. En 2011 la banca p煤blica aument贸 50 por ciento sus fondos de pr茅stamos, pasando de 40 mil 200 millones de bol铆vares a 60 mil 346 millones. En salud, en 2011 se realizaron 113 obras de nueva construcci贸n, cuatro hospitales, nueve maternidades y se increment贸 en 21.1 por ciento el n煤mero de camas. Por otro lado, la Misi贸n Milagro, programa conjunto cubano-venezolano, cuyo lema es
una visi贸n solidaria del mundo, que desde 2004 opera a la poblaci贸n de bajos recursos en patolog铆as oculares de cornea, cataratas, glaucomas, oftalmolog铆a pedi谩trica y oncol贸gica, ha devuelto la visi贸n a un total acumulado de un mill贸n 413 mil 708 personas de casi todo los pa铆ses latinoamericanos. Venezuela tiene hoy una deuda externa saneada y sus reservas mundiales acumuladas se han duplicado en 10 a帽os, aproximadamente de 30 mil millones de d贸lares. Pero sus logros se volatilizan en medio de una propaganda espuria que oculta la realidad y presenta un pa铆s sumido en la violencia, el caos y la represi贸n. Su control sobre los medios de comunicaci贸n es abrumador. De 111 estaciones televisivas, 61 son privadas, 13 p煤blicas y 37 comunitarias con alcance limitado. En las emisoras de radio AM, 87 por ciento pertenecen al sector privado, 3 por ciento a comunitarias y 10 por ciento es p煤blica. Y en FM, 57 por ciento son privadas, 31 por ciento comunitarias y la minor铆a es p煤blica. Y en la prensa escrita 80 por ciento est谩 en manos de la oposici贸n. Pero la imagen es la contraria.
La derecha venezolana reconoce la Constituci贸n con la boca chica, pide refer茅ndum y se autodefine moderada. Su candidato, Henrique Capriles, se presenta bajo la etiqueta de
progresistay hombre de
centro, a pesar de su beligerante acci贸n en el golpe de 2002, asaltando la embajada de Cuba, sin ir m谩s lejos. No olvidemos que Capriles es el representante de una amalgama de organizaciones, m谩s de una docena, en la cual mayoritariamente se incluyen personas cuyo objetivo es reconquistar, para las clases dominantes tradicionales y el capital transnacional, su poder hoy en manos del pueblo venezolano. En conclusi贸n, en estas elecciones se juegan dos opciones, mantener la senda del proyecto democr谩tico o retornar al pasado neoliberal. (Tomado de La Jornada)
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