En los 煤ltimos 30 o 40 a帽os la leg铆tima preocupaci贸n de velar por los derechos humanos se ha explotado con motivos pol铆ticos hasta crear una verdadera industria de organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales al servicio de los gobiernos de los pa铆ses de la OTAN.
La agresi贸n neocolonial contra Libia demostr贸 que un peque帽o grupo de organizaciones desleales y anti-democr谩ticas pueden montar una campa帽a de desinformaci贸n en el sistema de las Naciones Unidas para provocar una agresi贸n devastadora contra un pa铆s y su pueblo.1
La organizaci贸n internacional protagonista de esa campa帽a contra Libia fue la Federaci贸n Internacional de Derechos Humanos (FIDH)2, financiada por diversos gobiernos europeos y el National Endowment for Democracy (NED)3, notoria herramienta estadounidense de la desestabilizaci贸n.
Los miembros del FIDH son organizaciones muy heterog茅neas. Sin embargo, su orientaci贸n general como instituci贸n no deja la menor duda de que es otra herramienta importante de la maquinaria de represi贸n y control de los gobiernos de los pa铆ses norteamericanos y europeos de la OTAN.
Una funci贸n estrat茅gica de organismos como la FIDH es la de extender la desinformaci贸n desde el campo medi谩tico al campo del derecho internacional. Lo hacen por medio del sistema del Consejo de Derechos Humanos en las Naciones Unidas.
Ocupan su espuria autoridad moral como organizaci贸n de derechos humanos para difundir informaci贸n falsa sabiendo que es poco probable que sus mentiras y distorsiones lleguen a ser contrastadas por fuentes veraces y verdaderamente independientes.
Por otro lado, organizaciones como la FIDH, que a veces publican informes muy cr铆ticos sobre gobiernos que no son objeto de planes de intervenci贸n por parte de las potencias de la OTAN, generalmente debido a que siguen una l铆nea de comportamiento deseable a los ojos de las potencias occidentales, participan en el uso pol铆tico selectivo que se hace de esos informes en el sistema de Naciones Unidas.
Nunca se ha visto a la FIDH, a Amnist铆a Internacional o a Human Rights Watch protestar por el hecho de que sus afirmaciones acerca de un gobierno hayan sido utilizadas como justificaci贸n de una guerra de agresi贸n de la OTAN, mucho menos hacerse la autocr铆tica por haberse prestado al juego de intereses de conquista que nada tienen que ver con los derechos humanos.
Otra funci贸n estrat茅gica de organizaciones como la FIDH es la de alimentar a los medios corporativos occidentales con el material requerido para desatar despiadadas y c铆nicas campa帽as de desinformaci贸n. Con este material se extiende masivamente la capacidad de guerra psicol贸gica de las 茅lites occidentales contra los gobiernos y movimientos que resisten su voluntad.
Por supuesto, de vez en cuando, entre la extensa cantidad de desinformaci贸n que producen esas organizaciones denominadas de "derechos humanos" hay informaci贸n acertada que sirve para disfrazar el verdadero prop贸sito de su despliegue medi谩tico general.
En el caso de la FIDH y Am茅rica Latina, por ejemplo, se puede notar que la organizaci贸n expuls贸 a Ram贸n Custodio L贸pez4 por haber colaborado con el golpe militar contra el gobierno leg铆timo del Presidente Manuel Zelaya en Honduras. Tambi茅n se puede observar que, en relaci贸n a Colombia, la FIDH incluye como miembro al Colectivo de Abogados Jos茅 Alvear Restrepo5.
Pero en el caso de Libia, la FIDH permiti贸 que la Liga Libia de Derechos Humanos definiera su pol铆tica en base de informaci贸n falsa sin el menor intento de averiguarla6. Lo mismo est谩 haciendo ahora en el caso de Siria por medio del Observatorio Sirio de Derechos Humanos y el Damascus Center for Human Rights Studies, las dos financiadas por la NED.7
La operaci贸n ideol贸gica de ocultaci贸n de los verdaderos intereses imperiales tras motivos de apariencia noble no es dif铆cil de entender:
Primero, en las 谩reas en las que el propio accionar del imperio y sus fuerzas clientelares desde el poder del Estado producen cantidades masivas de violaciones contra los derechos humanos, se normalizan las pr谩cticas del terrorismo de estado desplazando su responsabilidad a alg煤n actor local supuestamente fuera de la influencia de la OTAN, al tiempo que se construye a un oponente que, por haber sido previamente definido como portador del "virus del mal", est谩 de antemano descalificado para cumplir con el m谩s insignificante rol de interlocutor pol铆tico.
De esta manera, la violencia y las violaciones de los derechos humanos cometidas por las fuerzas del Estado o por las fuerzas de ocupaci贸n son vistas como aberraciones de un sistema esencialmente bueno o deseable - es decir, de acuerdo al ideal de los "derechos humanos". Esto crea una estructura que permite la resignaci贸n total de la opini贸n p煤blica y una aceptaci贸n de hecho, de la situaci贸n de ocupaci贸n/intervenci贸n/dominaci贸n imperantes.
Segundo, en las 谩reas en las que existe un inter茅s de parte de las potencias atlantistas en alcanzar lo que denominan un "cambio de r茅gimen", se procede a construir o apoyar una quinta columna de actores internos que, denunciando violaciones reales o inventadas, den credibilidad a una imagen totalitaria de la sociedad en cuesti贸n al mismo tiempo que se construye una "sociedad civil" v铆ctima de los abusos del estado al que se pretende desestabilizar y conquistar.
La aceptaci贸n de esa versi贸n por parte del p煤blico, en especial en los propios pa铆ses de la OTAN, neutraliza toda oposici贸n eficaz a las intervenciones pol铆tico-militares en los pa铆ses imperiales aun cuando sus objetivos sean aparentes para millones de ciudadanos, ya que "si el r铆o suena piedras trae", y algo de la propaganda sobre los supuestos abusos del enemigo debe al fin y al cabo ser cierto como para que 茅ste merezca cualquier tipo de solidaridad eficaz.
La "teor铆a de los dos demonios" ("S铆, nuestros muchachos o sus aliados cometen atrocidades, pero el enemigo es tambi茅n s贸rdido y malo" o "s贸lo porque detestas al imperialismo no te vas a ir a abrazar al gobierno x o y") ha sido siempre un efectivo m茅todo para neutralizar la oposici贸n dom茅stica a los cr铆menes cometidos en nombre del colonialismo y el imperialismo.
Tiene la ventaja de construir relatos de apariencia realista sobre el mundo y adem谩s ofrece fuertes incentivos morales para que la opini贸n de Occidente apoye, tolere o no se oponga con mayor tenacidad a las intervenciones y al mismo tiempo mantenga vivas las ilusiones acerca de la superioridad moral 'en ultima instancia" de la propia sociedad ("Al menos en Occidente somos libres de protestar", etc茅tera).
En el caso de Nicaragua, el Centro Nicarag眉ense de Derechos Humanos es miembro del FIDH y act煤a a nivel internacional de precisamente la misma manera falsa y pol铆ticamente sesgada que han hecho la Liga Libia de Derechos Humanos y sus hom贸logos sirios. CENIDH est谩 plenamente identificada con la oposici贸n de "centro-derecha" (en realidad, de ultraderecha 8) en Nicaragua.9 Su financiamiento depende principalmente de los gobiernos europeos de la OTAN. Su sesgo pol铆tico es notorio.
La directora del CENIDH es Vilma Nu帽ez de Escorcia. De familia conservadora, ella fue una jueza bajo el sistema politizado de justicia de la dictadura somocista. En esa 茅poca, los magistrados liberales se reun铆an con los "opositores" conservadores y eleg铆an a los jueces, proporcionalmente a raz贸n de un conservador por cada tres liberales a partir de una lista previamente elaborada por cada partido. En nuestros d铆as, N煤帽ez ha llegado a afirmar que en esos tiempos "la justicia no estaba politizada".10
M谩s tarde, N煤帽ez pasar铆a a convertirse en valiosa (y valiente) abogada defensora de los guerrilleros sandinistas, raz贸n por la cual el "no-politizado" sistema judicial somocista la mand贸 a la c谩rcel.
Durante la revoluci贸n de los 1980s, Vilma N煤帽ez fue nombrada magistrada de la Corte Suprema de Justicia y tambi茅n fue directora de la Comisi贸n Nicarag眉ense de la Protecci贸n y Defensa de los Derechos Humanos. En 1990 ella y sus colegas formaron el CENIDH11.
Durante la primera mitad de esa d茅cada la organizaci贸n se gan贸 un amplio respeto, al criticar los abusos cometidos por todos los actores pol铆ticos del pa铆s. Sin embargo, a mediados de esa d茅cada, un grupo de sandinistas, principalmente miembros de la bancada del FSLN as铆 como ex altos funcionarios estatales e intelectuales, decidi贸 ir en contra de la voluntad del congreso del partido y m谩s tarde form贸 una escisi贸n de orientaci贸n socialdem贸crata conocida como Movimiento Renovador Sandinista (MRS).
Vilma N煤帽ez desde entonces se ha identificado con dicha facci贸n pol铆tica. Actualmente se ha alineado con sus compa帽eros del MRS apoyando las filas de la oposici贸n derechista de la Alianza PLI.
Desde su puesto como vicepresidenta de la FIDH12, Vilma N煤帽ez ha avanzado en la pr谩ctica una pol铆tica fan谩ticamente anti-FSLN bajo la cobertura de los "derechos humanos" que en lo fundamental sigue la l铆nea de la Uni贸n Europea y de los Estados Unidos de boicot permanente al sandinismo.
Por ejemplo, el 7 de noviembre de 2011, la FIDH public贸 un comunicado con el t铆tulo "Campa帽a de desprestigio llamando al odio contra la Presidenta del CENIDH"13 en el cual se condenan supuestas "declaraciones llamando al odio contra la Doctora Vilma N煤帽ez de Escorcia". En el texto se asegura que "a lo largo del presente a帽o, el Gobierno de Nicaragua ha difundido peri贸dicamente publicaciones orientadas a descalificar y deslegitimar a la Dra. Vilma N煤帽ez".
El comunicado de la FIDH menciona un art铆culo publicado en la p谩gina web de la Nueva Radio Ya el 1 de noviembre en el que se vert铆an unas declaraciones dadas a esa emisora en una entrevista unos d铆as antes por uno de los autores del presente art铆culo.14
En la entrevista se llam贸 a N煤帽ez "deshonesta e inmoral" por escudarse en el discurso de los derechos humanos para en la pr谩ctica promover la desestabilizaci贸n de un gobierno que goza de una amplio respaldo popular.

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