Autor: Eduard Punset 5 junio 2011
En tiempos de crisis la manada recurre, evolutivamente, a los j贸venes para el liderazgo. As铆 ocurri贸 tambi茅n en la Transici贸n de la democracia despu茅s del franquismo. A nivel pol铆tico todo el mundo lo recuerda; a nivel social aporto el ejemplo que viv铆 personalmente: a mi regreso a Espa帽a a mediados de la d茅cada de los 70, despu茅s de 20 a帽os fuera, acept茅 la direcci贸n de un servicio de estudios en la banca. En poco tiempo pude constatar c贸mo los tres presidentes de los primeros bancos del pa铆s fueron apartados o absorbidos por otros; no entend铆an nada de los cambios que estaban ocurriendo en la econom铆a y mercados monetarios, a pesar de su probada experiencia anterior, hasta tal punto que las instituciones implicadas optaron, acertadamente, por recurrir a dirigentes mucho m谩s j贸venes.
Ahora bien, cuando se cumple este proceso y las nuevas generaciones de pol铆ticos defraudan a la manada, esta se da cuenta de la inutilidad de haber apartado a los mayores y suele generalizarse una ola de desencanto. Esto es lo que ha ocurrido, muy probablemente, en la actualidad.
Las barreras de entrada en el mercado pol铆tico son casi infranqueables. Es por ello, uno de los sectores en los que resulta m谩s dif铆cil innovar. La mayor铆a de los ciudadanos se sienten ahora frustrados de que no salgan iniciativas regeneradoras desde dentro del sistema. En esas circunstancias, la acci贸n de los j贸venes es todav铆a m谩s indispensable. ¿Cu谩les son las pautas que se desprenden del proceso de renovaci贸n del nuevo pensamiento social?
De forma gradual pero continuada, ir superponiendo a la cultura de divisi贸n entre derechas e izquierdas -que condujo a la cruenta guerra civil- la divisi贸n m谩s productiva entre los que est谩n delante de las masas y los que est谩n detr谩s. Esa tradici贸n heredada, como casi todas las tradiciones, est谩 causando da帽os irreparables en la cristalizaci贸n de un nuevo pensamiento social y renovado.
La plaza del Sol de Madrid, el 18 de mayo, abarrotada de personas indignadas por el estado de la democracia (imagen: usuario de Flickr).
El nuevo pensamiento entra帽a, en segundo lugar, la renuncia a la violencia que, en el caso de Espa帽a –uno de los pocos y grandes pa铆ses que sucumbi贸 a los horrores de la guerra civil-, es innegable. A escala mundial, cient铆ficos como Steven Pinker y otros han demostrado ya que, en contra de lo que muchos creen, est谩n disminuyendo los 铆ndices de violencia en las sociedades modernas y aumentando los de altruismo; nos ha precedido un pasado horrible y cruel que est谩 en la mente de todos.
La introducci贸n del aprendizaje emocional en el sistema educativo constituye un instrumento imprescindible para consolidar ese objetivo. La democracia recuperada ha fallado en garantizar a la juventud un nivel de ocupaci贸n adecuado: la tasa del 45% de j贸venes parados es inaceptable. Yo creo –en contra de la opini贸n de muchos mayores e incluso de j贸venes-, que el sistema educativo es en gran parte responsable de esa situaci贸n, al no suministrar las nuevas competencias necesarias en la sociedad del conocimiento; el sistema educativo sigue enfocado a garantizar las competencias para conseguir trabajo en la sociedad reflejo de la revoluci贸n industrial y no de la nueva sociedad del conocimiento. Trabajar en equipo de modo cooperativo y aprender a gestionar sus emociones son dos de las competencias clave en el mundo que se avecina.
Tras el enunciado del recurso hacia los j贸venes, renuncia a la violencia e introducci贸n de la gesti贸n emocional en el sistema educativo, procede corregir los errores que han caracterizado la vida pol铆tica en los 煤ltimos a帽os. Es impensable que puedan conseguirse, de la noche a la ma帽ana, todas las aspiraciones de los 煤ltimos dos mil a帽os. Tendr谩n que aflorar solo las imprescindibles, que respondan al sentir mayoritario en la situaci贸n actual.
En primer lugar, est谩 la falta de transparencia y legitimidad del sistema electoral. El derecho de libre elecci贸n de los representantes de los ciudadanos ha quedado reducido a la asignaci贸n burocr谩tica de los elegidos por los comit茅s permanentes de la direcci贸n de los partidos pol铆ticos. Es urgente corregir esta fuente de resentimiento popular, cuya aplicaci贸n se justific贸 durante la Transici贸n pol铆tica para fortalecer a los partidos que hab铆an sobrevivido a duras penas la dictadura franquista
El cese de la interferencia de los partidos en el poder judicial para preservar la divisi贸n de poderes entre el legislativo, ejecutivo y judicial constituye otra de las grandes reivindicaciones pendientes que reclama la sociedad espa帽ola.
La eliminaci贸n de la corrupci贸n en los procesos urban铆sticos que ha permitido concertar la financiaci贸n de los partidos pol铆ticos en detrimento del necesario cuidado y protecci贸n del paisaje y de la naturaleza, son otras de las pr谩cticas que no admiten m谩s demoras.
Por 煤ltimo, la comunidad cient铆fica consensu贸 en el siglo XX que no 茅ramos 煤nicos –en contra de las tesis del pensamiento heredado-, sino solo distintos del resto de los animales. Ahora, liderada por los neur贸logos m谩s reconocidos, la comunidad cient铆fica acepta que somos 煤nicos, pero gracias a las redes sociales cuya libertad de acceso es preciso salvaguardar; el intercambio de conocimientos, chismorreos y genes dan paso a una nueva civilizaci贸n que no necesitara dos mil a帽os para cristalizar sino unos pocos. Las redes sociales confieren un gran peso a la manada; el peligro estaba cuando ese gran peso pod铆a ejercerlo un solo individuo.
La existencia de redes sociales da mayor universalidad y un impacto m谩s r谩pido a las propuestas, pero sigue exigiendo un periodo de reflexi贸n y maduraci贸n de las mismas. Despu茅s habr谩 que buscar puentes de contacto y comprensi贸n con las corrientes pol铆ticas dentro del sistema, que puedan contribuir a impulsar las reformas. Por 煤ltimo, la m谩s modesta preparaci贸n de un plan de contingencia si fallaran las medidas anteriores exigir铆a, con toda probabilidad, una mayor presencia pac铆fica en las calles y articulaci贸n de apoyos pol铆ticos ahora inexistentes.
La vida misma es el equilibrio entre las fuerzas agresoras y contaminantes por una parte y la capacidad celular para regenerarse por otra. Cuando la segunda no est谩 a la altura de la primera sobreviene la muerte. Yo creo, sinceramente, que la protesta ha recordado la necesidad de neutralizar las fuerzas agresoras que, a fuerza de niveles exagerados de impotencia, desencanto y des谩nimo podr铆an poner en peligro el equilibrio social. Ese toque de atenci贸n era imprescindible porque no se o铆a nada relevante desde el interior del sistema.
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